Por Samy Yamit Paipa

Desde que observé por primera vez El tres de mayo en Madrid de Francisco de Goya, el quinto mes del año siempre me ha generado una gran curiosidad. El ensañamiento de la revuelta con este mes es de vieja data. En el siglo XIX y volviendo al lienzo de Goya, los españoles, cerriles y reaccionarios como ellos solos; empezaron en mayo la revuelta que a la larga expulsaría a los franceses e hizo retornar a Fernando VII bajo el vergonzoso grito de "¡Vivan las cadenas, muera la inteligencia!". Émula de esta frase resultó siendo la de Millán Astray quién en los inicios de la Guerra Civil Española le gritó a Unamuno un orondo “Viva la muerte, muera la intelectualidad traidora”; a 2016 España lo aplica, o miren el circo de Jauja montado por Rajoy.

Volviendo a los gritos de mayo, cómo olvidar el de Los Comuneros de París que tomaron el cielo por asalto, construyeron un gobierno de la gente y para la gente y terminaron fusilados por las harteras balas de Thiers un veintiocho de este mes. Eso sí, fueron fusilados puño en alto y llevándose la cabeza del Arzobispo de París, Georges Darboy. Siguiendo con trabajadores que osan levantarse, este mes inicia con el recuerdo de los mártires de Chicago que ahora ha sido trucado en una fiesta cívica donde unos sindicalistas de sudadera y tenis Adidas marchan quejándose al unísono de los vándalos que se infiltran, como si el derecho a la sindicalización, las ocho horas laborales, las vacaciones, entre otros derechos que esos mismos trabajadores gozan al día de hoy, hubiesen sido un regalo de los poderosos. Finalizando este recuento histórico (del cual me faltan más y que no incluyo por el límite editorial), iniciando mayo todas las fuerzas armadas del régimen Nazi capitularon ante la presión soviética y de Los Aliados. El Reich de los Mil Años apenas duró doce y dejó a su población arruinada en el desempleo y el horror del descubrimiento de los Lager tan bien narrados por Primo Levi en su trilogía de Auschwitz.

Como vemos, mayo se nos presenta como un mes que juega a la ruleta rusa en cabezas ajenas, uno, que si le acercas un fósforo, se prende solo llevándose todo a su paso. En Colombia el mes de mayo parece también estar maldito. Escribo esto mientras me entero que Álvaro Uribe Vélez, ese Laureano Gómez paisa y tuitero, ha vociferado  a cuanto medio de comunicación se le ha atravesado que hay que hacerle resistencia civil al proceso de paz. Como si nuestro país no estuviera ya bastante zaherido por las multinacionales mineras, los paros armados de las bacrim, el aumento irrisorio al salario mínimo, el asalto a Reficar, Enrique Peñalosa y Electricaribe, ahora se suma el exnovio de Clara López y la emprende contra la iniciativa de acabar civilizadamente una guerra de más de cincuenta años que se ha degradado sobremanera. Varios dirán que no hay que ponerle atención a Uribe, que perro que ladra no muerde, que lo de él es “resistencia senil”. Pero que diga que hay que generar “resistencia civil” un senador que el pasado 2 de abril sacó a la calle a cerca de 80 mil personas sólo en la ciudad de Medellín y llenó la Plaza de Bolívar en Bogotá me parece de suma preocupación. También resulta perturbador que desde sectores considerados de izquierda o progresistas se subestimen y ridiculicen estas expresiones de Uribe y sus adláteres, y les quede grande una estrategia para acercar a Juan Pueblo y hacer que respalde incondicionalmente al proceso de paz, sabiendo que dicho apoyo parece decaer.

Y me sigo preocupando. Me preocupa que el debate sobre los acuerdos parece estar quedándose sólo en la Academia. Me preocupa que estemos hablando de “posacuerdo” con el enemigo blandiendo el cuchillo y presto para tomar por asalto nuestro cielo de paz. Me preocupa que en dicho asalto nos condenen a más mayos sangrientos, a más lienzos que cabreen a nuestros nietos. En fin, me preocupa fusilar en este mayo cualquier esperanza de diálogo y reconciliación. Ojalá y esto sea sólo paranoia mía asociada con este mes.

Posdata. Paradójicamente, el tres de mayo es actualmente (desde 1993) el Día mundial de la libertad de prensa. Cabe recordar la frase de Camus que reza: “Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”. 

Twitter: @samypaipa

Imagen tomada de hdfondos.com