Por John Better

Todos conocemos la sensible historia de los inicios musicales de Shakira. Que su padre la llevaba por las emisoras y diarios locales para promocionarla y que nadie le prestaba atención; que cierta periodista mesosáurica la dejaba horas esperando en la recepción de un periódico; que su voz era fea e impostada; etc.

Sus dos primeros álbumes, Magia y Peligro, fueron un fracaso total, dos placas nada memorables que no detuvieron a la talentosa adolescente en la búsqueda del estrellato. Luego vino lo que todos también sabemos: su ida a Bogotá, su horrendo paso por la televisión, el título a la mejor cola de la farándula colombiana organizado por la revista Tv y Novelas, la grabación del sencillo ¿Dónde estás corazón?, preámbulo de su disco “Pies descalzos”, y finalmente el ascenso a la gloria del mercado musical, que según la blasfemia popular, se dio gracias a que la barranquillera vendió su alma al diablo en las montañas de Sorte.

El producto Shakira no necesitaba de pactos diabólicos para su éxito. Aunque como cantautora no sea una virtuosa, sí logró introducir en algunos temas de aquella época, cierto aire de protesta contra los cánones de una sociedad hipócrita de la que ya comenzaba a vengarse. El mismo titulo “Pies descalzos, sueños blancos” nos hablaba de ese trasegar de la pobre niña a quien no le permitían entrar a los medios de comunicación de su ciudad por no traer puestos los zapatos de las recomendaciones de terceros.

Su primer álbum en inglés la lleva a la cima. Las lecturas del gran poeta americano Walth Whitman en esta etapa nos regocijaba a muchos de quienes le seguíamos por entonces. Se sucederían las ediciones de Fijación Oral 1 y 2, que la mostraban madura en cuanto a sonido y trabajo lirico al lado de un Gustavo Cerati que logra darle a la cantante un aire un poco más vanguardista.

El fantasma del plagio la perseguiría durante toda su carrera. Que si copiaba a The Pretenders, a Bangles, a Massive Attack, entre otros. Lo que viene después es una serie de discos alejados de la esencia de álbumes como ¿Dónde están los ladrones? o el mismo Laundry Service.

Hago todo este innecesario intro para comentar que Shakira estuvo en Barranquilla la semana que pasó. El revuelo fue por parte de los medios que le siguieron como moscas a la miel. Pero la huidiza abejita Shakira lo único que les ofreció en primera instancia fue un aguijonazo de desprecio a todos. Luego, calmó los ánimos con una rueda de prensa donde se mostró como lo que es: una santa, una mujer preocupada (cosa de aplaudir) por los malestares de un pésimo gobierno nacional. Habló del hambre en la Guajira (lágrimas corrieron), del proceso de paz en la Habana, de la educación como mecanismo para forjar paz, y dijo que le gustaría hacer un megacolegio en La Guajira, ojalá que sí, aunque esa no sea su obligación, y sabemos que ella no es tan embustera como el que dejó a cierta vírgen esperando por capilla. Y es que ya es hora que le quede claro a los periodistas que a estas alturas del partido tú no eres ni barranquillera, ni española, ni argentina; en tu estatus de estrella del pop eres una ciudadana del mundo, así te atores de "corozo" cada vez que vengas a este moridero y los fotógrafos de los medios locales nacionales entren en trance fotografiando cuando chupas un mango biche o le echas limón a una suculenta mojarra.

No en vano tus múltiples acentos en la última década hablan de ese espíritu cosmopolita que te caracteriza, así te hayan querido coronar con ese enorme tocado de congo que tu frágil cabecita tuvo que soportar.

Lo que molestó inicialmente, querida Shakira, fue ese cordón de seguridad que te blindó todo el tiempo. ¿Para qué tanto, si no llegaban a cien quienes te esperaban en el aeropuerto? ¿Para qué, si no logras convocar multitudes a la entrada de tu edificio en el norte de Barranquilla? ¿Qué te pasa muchacha? ¿Aún no olvidas los malestares del pasado? ¿Por eso nunca has visitado las instalaciones de los periódicos de la ciudad que han apoyado tu carrera por largo tiempo,   sin importar que esta parezca estancada, años en que no lanzas un disco que amerite al menos 3 estrellas por parte de las revistas especializadas? Las generaciones son otras y ya en los pocos periódicos de la ciudad no cunde esa mala sangre que te cerró la puerta en las narices.

Pequeña Shakira, (lo digo por tus 1,57 cms) como la foto que subiste a contra luz en tu twitter, así te perciben muchos barranquilleros, como una distante sombra, ajena a nuestras realidades. Pero no es tu culpa. Si bien la ciudad y sus habitantes no enloquezcan con tu visita, muchos de nosotros te queremos. Así las amas de casas digan que lo que cantas en inglés o español no lo entienden, así los señores gozones de Curramba prefieran poner a todo volumen en sus pick ups al Gran Combo o al Joe y no tus singles, te queremos. Muchos niños del sur llevan con honor el nombre de tus hijos, muchos serán los Milan Steveen o Sasha José de los que oirás hablar en el futuro. Eres eso que llaman “un símbolo” al que veremos con orgullo en una valla, una publicidad de zapatos o de crema dental, un directorio telefónico o un futuro billete de baja denominación. Te queremos Shakira, te queremos, nosotros los que en tu tierra, como la llamas, andamos día a día sobreviviendo con los pies descalzos.

imagen tomada de Mendoza Post