Sooooy el verde, sooooy el verde /

el verde soy yo/ sooooy el verde…

Los del Sur.

Por: Carlos Polo

7:30 pm. En lo que parecía transcurrir como un jueves ordinario, al caer la noche en el centro de la ciudad, en el mismo corazón de Barranquilla, el silencio y la calma que se apropia de estas calles con el asomo de la luna fue violentado por un clamor, por unos cánticos y el repiquetear de una percusión que reverberó entre las esquinas solitarias. Los del Sur, los verdolagas, por lo menos unos doscientos hinchas furibundos del Atlético Nacional, se tomaron este pedazo de la ciudad como una marejada pintada de verde que se apertrechó en la esquina de la calle 41 con carrera 45, ostentando sus paraguas verdes, sus gorras del mismo tono y su alma pintada con los colores de la casaca de sus amores.

Al ritmo que le marcaban los redoblantes y el bombo que sonó con su cadencioso bum, bum, como un solo corazón amplificado y potenciado por el entusiasmo, los integrantes de la filial de Los del Sur en Barranquilla alentaron hasta el final del encuentro entre Nacional y Rosario Central, al que ellos llaman con orgullo, el Rey de Copas.

En los últimos diez años, Atlético Nacional ha levantado siete títulos del campeonato local y fue subcampeón de la Copa Sudamericana.

Que un grupo de jóvenes se reúnan a alentar al equipo de su corazón a la distancia, es algo cotidiano, pero cabe aclarar que el 90% de estos barristas fanáticos de la pecosa son barranquilleros, malamberos, galaperos, porteños, hijos de nuestros barrios populares, pelaos que no crecieron comiendo bandeja paisa, arepa simple con quesito, frijoles o arepa de chócolo.   Lo más normal sería que sus almas estuvieran pintadas de rojiblanco, pero estos muchachos decidieron a conciencia que lo suyo no es el aguante juniorista, sino el verde paisa de la montaña.

Esta esquina tradicional es frecuentada regularmente por viejos ‘piperos’ amantes del Ron Blanco y de una buena ‘fría vestida de novia’; estos veteranos ya están acostumbrados a compartir su espacio con los verdolagas que en medio de un loco frenesí colectivo ondean sus banderas en plena calle, pero no precisamente en la Avenida Oriental, el parque Berrio o cualquier calle típica del Centro de Medellín, sino en Barranquilla, territorio rojiblanco.

Esta es la carrera 45, por aquí Fernando Vallejo no se paseó buscando el último tango de la noche, ni se le apareció la virgen pendiendo del cuello de un sicario pintoso. Aquí los que pululan son los amantes furtivos en busca de la complicidad de los moteles, y los butifarreros tocando su ‘tambor’ metálico para atraer a los borrachos hambrientos.

Vamos vamos verde/ vamos vamos Nacional / vamos vamos mi verde que desde arriba del cielo alentando está la banda inmortal,   coreaban al compás de los redobles, como queriendo estirar sus voces, proyectarlas, que traspasaran las fronteras y que el equipo de su alma los escuchara desde el estadio ‘Gigante de Arroyito’ en donde los gauchos, al minuto 5 del cotejo, tras una salida errática de la defensa verdolaga que Walter Montoya capitalizó para soltar una bombazo inatajable de media distancia que bañó al guarda postes Franco Armani, rompieron la malla.

Acá desde Curramba, aunque encajó, el golpe, la hinchada no se amilanó, y los redobles y los cánticos se intensificaron mucho más.

Freddy Mayorga tiene 35 años. Aunque nació, creció y se crió en Barranquilla, la sangre que le corre por las venas y la que hace latir su corazón no es de color rojo sino verdolaga. Su padre, natural de San Gil Santander, es el propietario de la tienda y estadero Bella Isla, y gracias a él es que esta filial de Los del Sur se reúne en esta esquina.

“Nos empezamos a reunir acá a ver los partidos desde 2007. Cuando me uní a la barra primero nos reuníamos en mi casa, después hablé con mi papá y empezamos a ver los partidos acá. Mi familia tiene gustos futboleros diferentes, mi papá es hincha del Bucaramanga, mi hermano es juniorista y a mi hermana menor le estoy metiendo el amor por el verde”, contó Mayorga.

Ser hincha del Nacional en Barranquilla podría parecer una cosa de locos, pero tal como estos muchachos lo expresan, “el amor por una camiseta, no viene empaquetado con el registro civil”.

Mientras las emociones se sucedían desde Argentina, las bebidas espirituosas se pasaban de mano en mano, y uno que otro juniorista envalentonado le gritaba a la mancha verde, desde la ventanilla de los taxis y de los buses, su discurso raizal: “¡Pa’ jodelos pasteleros! ¡Junior es tú papá!”, y cariñitos por ese estilo, a los que la verdolaga marejada respondía con una sarta de improperios.

Dale ver, dale ver/ porque te quiero/ dale veeeerrr…

“Nuestro propósito como barra es llevar el folclor del fútbol en paz, otra cosa es si nos provocan o nos agreden, ahí sí reaccionamos y defendemos la camiseta con todo. Los del Sur somos la barra más grande del país. No somos Dios pero estamos en todas partes. Nacional es el clamor popular”, dijo, Carlos Mario Salazar, un gordito afable, nacido en Santander, que se muestra enérgico y al que todos escuchan, respetan y obedecen.

Salazar, el popular Victoria, dice que no está de acuerdo con la violencia en la barra, pero, “hay gente pesada y provocadora que se busca sola su ‘masajeada’”, afirma.

De acuerdo con Victoria, de los 200 barristas de esta filial solo unos 20 nacieron en el interior, el resto nacieron en Barranquilla y su área Metropolitana, y uno que otro de municipios aledaños.

James López fue criado en el barrio Las Gaviotas. El flaco que lleva a su equipo pintado en la piel, recordó que hace 15 días, en medio de un festejo de cumpleaños, el descuido de uno de sus compañeros de carretera, que salió a la calle con una gorra alusiva al Nacional, por poco termina en tragedia. “Había un picó en la esquina y también gente de los Kuervos. De repente sentimos que el pelao volvió corriendo y cogieron la casa a peñón. Éramos 9 y nos tocó frentear, eso fue la batalla de las batallas, pero defendimos el color. Uno tiene derecho a escoger el equipo que le gusta. Ese día hubo varios heridos pero no nos dejamos perratear”, concluyó.

Liz Herrera, de 19 años, dice estar acostumbrada a los ataques y los señalamientos: “Se burlan de uno por ser costeño, pero el fútbol no es regionalismo, cada quien es libre de seguir el equipo que quiera. Muchos aquí, aunque no lo vivieron, se hicieron hinchas del Nacional que ganó la Copa Libertadores en el 89, donde jugaba Higuita, Leonel y Escobar, eso es histórico”, contó la jovencita ataviada de pies a cabeza con los colores del Atlético Nacional.

El partido llegó a su fin y la barra en ningún momento bajó la cabeza, ni dejó de alentar a sus ídolos. Aunque Nacional perdió por la mínima diferencia, para ellos en el Atanasio está el desquite y la clasificación.

Aunque para muchos ser hincha de un equipo que no es de su tierra es un despropósito, como uno de los habituales de esta tienda que soltó a quemarropa: “Esa es un vaina que yo no entiendo, ves a ver si en Medellín vas a encontrar algún paisa con la camiseta del Junior. Al negro Perea le hubiera dado un infarto si ve esta vaina”, para otros es solo cuestión de gustos, libre albedrio y herencias que se reparten al interior de la casa y que vienen en el paquete de la crianza.

Aunque no sea precisamente lo acostumbrado, al retirarse la mancha verde de la zona por las solitarias calles del Centro Histórico de Barranquilla, esta vez el eco que reverberó entre sus recovecos no fue el de: Junior/ Junior/ tú papá/ tú papá, sino un foráneo golpeteo de redoblantes y bombos acompañado por un Vamos Nacional/ vamos Nacional/ Campeón yo te llevo dentro de mi corazón/ por eso no le falles a tu hinchada/ que te sigue en las buenas y en las malas…

(imagen tomada de cmi.com)