Luego de perder la final de la Liga de Campeones de Europa, el técnico del Atlético de Madrid, Diego Simeone, afirmó que del segundo no se acuerda nadie. Lo hizo con los ojos llorosos, dolido por la derrota en definición por penaltis frente al Real Madrid.

Te equivocaste al decirlo. Nos acordaremos de tu Atleti, nos acordaremos de ti, Cholo.

No se trata de buscar refugio en la filosofía de ese otro técnico colchonero, el colombiano Francisco Maturana, cuando profesó aquello de “Perder es ganar un poco”. No, perder no es ganar un poco, perder es perder. Pero la historia muestra casos donde la memoria colectiva recordó muchos años después al perdedor (en algunos casos, incluso, por encima del ganador). Son muchos los futboleros que, incluso hoy, recuerdan a la poética Brasil de 1982 o a la Holanda subcampeona de 1974, aquella atractiva selección que revolucionó con su fútbol total la manera de entender este deporte. Menos son los que hoy se acuerdan de su verdugo, esa victoriosa Alemania.

A esa Madrid proletaria y rojiblanca no se le olvida que acabaste con la racha de 25 partidos sin ganarle al equipo blanco. Vengaste la infame pancarta de la barra brava del Real Madrid: “Se busca rival digno para derby decente”. Lo hiciste el 17 de Mayo del 2013, en el mejor escenario posible, en el Santiago Bernabeu, en su casa, en una final de Copa del Rey venciste al eterno rival.

Esa afición siempre recordará aquella liga del 2014, después de 18 años, que ganaste en casa del Barcelona, sacando un empate del alma con un perfecto cabezazo de ese gladiador uruguayo que tienes por defensa central y se apellida Godín. También la Uefa, la Supercopa de Europa, la de España. Sus hinchas nunca olvidarán que les devolviste la ilusión, el orgullo por los colores, esa mística que siempre fue un activo colchonero.

Al mundo tampoco se le olvida que rescataste a la liga española de la bipolaridad Real-Barça. Que te convertiste en ese invitado incómodo para los dos poderosos equipos que pretenden repartirse el pastel como si nadie más tuviese derecho. Con tu ejemplo abriste un camino que han seguido otros, como el Leicester. Sí se puede, y sí se pudo.

Se equivoca, también, Simeone al hablar de fracaso por las dos finales perdidas con el rival de patio. No se puede hablar de fracaso cuando se pierde teniendo las chances en contra, el favorito siempre fue el Real Madrid. La cancha siempre le viene a este Atlético en pendiente contraria. Las dos veces llegaste como el Benjamín y te batiste como un león, con tus armas, con tu trabajo, con tu garra. Y en ambas ocasiones, tanto en Lisboa como en Milán, estuvo muy cerca esa esquiva gloria, esa reivindicación definitiva.

Ser del Atlético es como nacer pobre, todo cuesta más, no luces tan interesante, conquistar la chica linda es más difícil, si hay un robo eres sospechoso, para encontrar trabajo tienes que buscar más, estudiar más, luchar más. Nadie te regala nada, al contrario, parece que el destino siempre se ceba en tu contra para quitarte lo que mereces.

Es tan distinta la divina suerte del vecino. Mientras al Atlético le tocó batirse en cuartos y semifinales con el campeón defensor Barcelona y el Bayern Munich, para muchos los dos mejores equipos de Europa; al vecino le toca un sendero de flores con el Wolfsburgo y el Manchester City. Cuando eres guapo, rico y talentoso, la fortuna te sonríe; cuando eres del Atlético, a sudar. No fracasa quien se enfrenta a tres equipos que combinan 23 campeonatos de Europa y no se doblega. En tiempo regular nunca perdiste. Algún día se acabará esta maldición Atlética, algún día los dioses de este hermoso -y muchas veces injusto- deporte dejarán de quitarte lo que es tuyo, dejarán de regalarlo a otros. Algún día el indetectable fuera de lugar de Sergio Ramos será marcado, o su posible mano, o Juanfrán no pateará el penalti con el talón. Si bien no fue este sábado 28 de mayo, ese día anhelado tiene que llegar, ¿y quién mejor que tú para que seas el comandante de la escuadra que levante la orejona de una buena vez, y para siempre? Ese día Joaquín Sabina compondrá un verso que hará llorar de felicidad a media Madrid. Así que no te vayas, Simeone, eres el Sir Alex Ferguson colchonero. El Vicente Calderón es tu casa.

Creo que el sentimiento que embarga a los románticos enamorados del fútbol fue perfectamente expresado por Javier Jaramillo, cuando dijo: “Yo me sigo quedando con los que luchan aunque no tengan el mejor equipo ni toda la infraestructura alrededor. Inmensos los que hacen la diferencia y luchan contra los grandes sin arrugarse. Ganar es solo uno de los resultados, es igual de importante dejar la sangre en el proceso”. Y tú, Diego, lo dejaste todo. Ni olvido, ni fracaso.

¡Te equivocaste Cholo!

Imagen tomada de Taringa!