Aunque a los jóvenes les parezca inaudito, hubo una época en que no existía ni el teléfono celular, ni el identificador de llamadas. En el campo del amor y de la picaresca se abría todo un mundo de posibilidades. Se supo de hombres que tuvieron familias paralelas durante muchos años sin levantar sospechas; bastaba con inventar un viaje de trabajo como licencia para largas ausencias. Se supo de mujeres que alegaban haber estado el día entero en el supermercado y en la peluquería, a pesar de que volvían a casa sin ninguna bolsa de compra, despeinadas y felices. El teléfono era fuente de suspicacias.

El pesado trasto de mi casa sonaba con un fastidioso ring…ring…ring, cargando la atmósfera de misterio e incertidumbre: ¿Quién será y qué quiere? En esos tiempos no dejaba de llamarnos un personaje peculiar. Al contestar uno dudaba de la fiabilidad técnica de la red telefónica, pero entonces el personaje establecía su identidad con un ruidito, un silbido o un soplido. ¡Era el mudo!

Inicialmente quien contestaba pataleaba haciendo falsas amenazas de colgar, pidiendo que hablara, exigiendo respeto: ¡Pura bulla! El morbo o la falsa esperanza eran más fuertes que la razón y le obligaban a permanecer en la línea. En ocasiones el bendito mudo (o muda) estaba parlanchín y  hablaba con una canción de amor. Para mí era una oportunidad dorada de sacar frustraciones y acompañar con mi voz de pollo ronco a Ricardo Montaner, Chayanne, Luis Miguel, Diomedes, Iván Villazón o quien fuese. Por el tipo de canción, en ocasiones, se podía intuir el nombre de pila del mudo.

No faltaba el mudo temerario, osado, capaz de preguntar por la persona anhelada. Cuando el ser amado pasaba y se identificaba mutaba sin contemplación al silencio. El amor tiene cosas extraordinarias, nos regala viajes instantáneos por nubes de felicidad con simplemente escuchar la voz de quien nos mueve el piso. Los papeles también se invertían. Así de puñetero es el amor: hoy nos tiene de víctimas en el teléfono de nuestra casa y mañana nos convierte rápidamente en mudos victimarios de teléfonos ajenos.

Muchos  de nosotros decidimos ser mudos voluntarios en esas épocas, sin embargo no podemos olvidar a aquellos con reales discapacidades auditivas y/o de expresión oral. Se estima que, al menos, viven en Colombia medio millón de sordomudos, sometidos (hasta hace muy poco) a un riguroso apartheid comunicativo. Les dábamos una bicicleta, si acaso, y aguardábamos que cruzaran el Niágara de la incomunicación, ya no solamente con el mundo en general, sino, en muchos casos, con sus mismos padres o hermanos. Habíamos sido incapaces de escuchar la voz de estos compatriotas.

Gracias a la tecnología la llamada del mudo ha dejado de ser un chiste cruel para convertirse en realidad. ¡Qué alegría! Y todo gracias al Centro de Relevo, una necesaria iniciativa del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, en sus siglas MINTIC. Este centro integra diversas técnicas con el fin de responder a las necesidades de inclusión de los sordomudos de Colombia. Por medio de una conexión a internet ellos pueden conectarse con un intérprete quien, mediante su lenguaje de señas, relevará su llamada marcando al destinatario. Ya sea para felicitar a una tía en su cumpleaños, dar la feliz navidad a un hermano, pedir una cita médica, hacer un reclamo bancario o simplemente saludar a la mamá para ver cómo está o qué almorzó. Probablemente también servirá, a los más impudorosos de ellos, para decir que <>. El intérprete hace de traductor simultáneo entre el solicitante con discapacidad y la persona que recibe la llamada. Cuando me lo contaron creí que era ciencia ficción. Fascinante.

Además del Centro de Relevo el proyecto de inclusión abarca iniciativas esenciales para la integración económica, política, educativa y social. Desde reeducar a los narradores deportivos para que sus relatos sean fidedignos y los ciegos puedan imaginarse lo que ocurre en la cancha, hasta reutilizar la técnica de radionovelas para crear un cine para ciegos (Cine para Todos). Durante los fines de semana las personas con deficiencia visual pueden ingresar gratis a unas salas de cine para ¨ver¨ películas como El Abrazo de la Serpiente, de la misma forma como, en sus radiolas, nuestros mayores escuchaban Kalimán o El Derecho de Nacer.

Hoy nos resulta natural la inexistencia de la esclavitud o el sufragio femenino, pero en realidad son cambios de anteayer.  Un País civilizado como Suiza apenas le dio voz a la mujer en el año 1971. Los derechos se conquistan y luego se defienden, son un logro humano. Que los colombianos, con nuestras incapacidades e incongruencias, implementemos este tipo de iniciativas es motivo de regocijo. La tolerancia, el respeto por lo distinto y la protección a los débiles nos hace mejores.

En nuestras políticas sociales ha reinado la improvisación, pasiones venales han devastado buenos proyectos al son que bailaran las urnas. No obstante, esta empresa (nacida en el gobierno Pastrana) ha sobrevivido, contra todo pronóstico, quince años; y, adicionalmente, ha florecido por el bien de todos. El Centro de Relevo no tiene color político, ni mesías, ni santo que se lleve el mérito.

La paz de verdad necesita mucho más que un papel en La Habana, necesita ser construida con bases sólidas; integrar a nuestros conciudadanos con discapacidad es un cimiento necesario para una mejor Colombia. En esta encrucijada histórica debemos esforzarnos en abrir nuestros ojos, nuestros oídos, nuestros corazones y nuestras cabezas. No podemos ser sordos ante la voz del otro, pues como decía Victor Hugo: ¨Qué importa la sordera del oído cuando la mente oye; la verdadera sordera, la incurable sordera, es la de la mente¨.

imagen tomada de www.bluevintage.es