Tomado del muro de John William Archbold

Cuando tenía 18 años y me introducía en el mundo de la rumba gay tenía muchos temores: encontrarme un conocido, que mi mamá se enterara, se apareciera en la puerta en la disco y me sacara a chancletazos, y aunque no me lo crean, mi extrema paranoia contempló la posibilidad de que se apareciera un loco homófobo que quemara el lugar o disparara contra los presentes. Bueno, creo que con lo que acaba de suceder en Orlando queda claro que mis temores no eran del todo infundados, y si algo así sucede en un país que se supone con mayores aperturas en sus imaginarios, es un milagro que no haya ocurrido algo terrible por estos lares.

Siento una pena enorme por las personas que murieron, pero también por esos chicos que como yo en algún momento quieren ir a un lugar buscando algo más que pasar un momento divertido, porque en estos sitios, en el fondo buscamos otra cosa: sentirnos libres, normales, escapar por un instante del yugo que nos ha atosigado toda la vida, un espacio de desenfreno que compense la adolescencia "normal" que no tuvimos o que no pudimos tener. Ahora con todo el fundamento del mundo estos niños cargarán con un peso adicional: el de ni siquiera sentirse seguros en uno de los pocos espacios que el mundo ha habilitado para ellos.

Este sistema nos quita la posibilidad de ser nosotros mismos y ahora nos dificulta la posibilidad de buscar esa esencia y reconciliarnos con ella.

¿Qué más quieren de nosotros?

imagen tomada de RTVE.es