Por Felix Haydar

Los de mi generación crecimos en una sociedad convulsa, fuimos el fusible entre los conservadores días de la virginidad ,y los modernos tiempos del matrimonio gay. Vivimos ‘ensanduchados’ entre nuestros hijos que nacen manejando un iPad, y nuestros padres que a duras penas saben usar el cajero automático. Nos tocó adaptarnos al PC, al iPhone, a la globalización y a la internet. Crecimos cuando Escobar no era una inofensiva novela de televisión. Nos educaron entre el moralismo de casa y el mensaje traqueto de la sociedad.

Arrancaban los 70's, con sus hippies 'peace and love'. Barranquilla era una ciudad pequeña. Reinaba el machismo, el folclorismo y el catolicismo. "Cien años de Soledad" tenía 4 añitos. Y 2 que fuéramos a la Luna. Nací en los estertores del Frente Nacional. El Junior nunca había sido campeón; el Carnaval corría por la 44. La Troja cumplía 5 años; La Gran Parada, 4; y el Festival de Orquestas, 2. Después Estercita se inventó La Guacherna.

La calle Murillo echó abajo al hotel Astoria y arrancaba la construcción de La Vía 40. Las calles se llamaban por sus nombres: Olaya, 20 de Julio, Vesubio (donde nació el Junior), el Callejón de las Viejas, por mencionar algunas. El puente Pumarejo, en el año 74, traía gran influjo migratorio; lo que le trajo competencia a la arepa'e huevo de Peñita.

Los padres fungían de reyes, las madres tras bambalinas, los hijos tenían jerarquía cronológica. Para ejemplarizar el modelo: Si había un pollo, el padre recibía la pechuga e irían despresándolo, tocándole al menor el ala. Esa es mi generación: ¡La del ala'e pollo!

Nací en una casa de dos pisos, grande, o así la recuerdo, cerca al colegio Biffi. Papá, mamá, abuela y hermano mayor. Los recuerdos son vagos. Patio, garaje (donde aprendí a montar bicicleta), escalera con baranda negra y frente en ladrillo. En el año 77 nos fuimos a vivir a Cartagena. La entrada de los Marimberos volvieron invivible la ciudad. Ese año "tu Papá" fue campeón y repitió 3 años después.

La Silla Coja, El Palacio de Quique, La Naranja Mecánica, Tiphany’ y La Luna. Los clubes Country, Alemán y Barranquilla, mandaban la parada. Era la época de la marimba, las Rangers, los Cadillac, las Magnums, las balaceras, los Cárdenas y Valdeblánquez, las historias de cómo coronaban embarques y pesaban la plata pa'no tener que contarla. Cerraban discotecas. Bárbaros que les gustaba tu pareja y te ordenaban: “Váyase por la buenas compi, esa hembra me gusta". ¡Se puteó la tierrita!

Los Vallenatos salen del potrero para ser oídos por los patrones. Empiezan su recorrido a la fama.

En el 79 aparece la televisión en colores. Los 80's entraron con su ritmo loco. En 1980 el M19 se toma la embajada dominicana. Aparecieron los "traquetos"; los guajiros se mataron entre ellos, se arruinaron. Y se fueron por donde vinieron.

En casa las órdenes era: ¡sépase y cúmplase! No recuerdo dormir en la cama de mis papás. En mi casa los paseos eran a la finca. La ropa ni la recuerdo y no habían marcas.

En el año 81 aparece el MAS (Muerte a secuestradores), narcotráfico disfrazado de víctimas. Las guerrillas tienen tomado el campo. La palabra secuestro se pone de moda. Es la década de la música: Prince, Billy Joel, Lionel Richie, Cher, Kiss, y Jackson con Thriller... Menudo, Bob Marley, Prisioneros. Aparece Wilfrido, el gran Combo, Eddie Santiago, Niche, el rey Joe, el Binomio, los Zuleta y Diomedes, entre muchos.

Belisario, les quitaba la presidencia a los liberales con su palomita de blanca de la paz, que fue pintorreteada en todo el país. Barco se la devolvería a los liberales, siendo el último con trapo rojo.

El carnaval del año 84 llegó con el macabro asesinato de las Kaled; hubo culpable y condena, pero algunos no pagaron su culpa. En el 85, La tv transmitió la muerte de Omayra, esa niña sepultada viva en el lodo que murió frente a todos. Perecieron 20.000 de los 29.ooo habitantes de Armero. Un año después vino la matanza en la discoteca Shadow, en donde ultimaron al ‘7 mujeres’, ese galán de la pantalla chica que quiso vivir en la vida real lo mismo que actuó en su novela.

Ese mismo año volvimos a Barranquilla. "Cartagena no es pa'criar pelaos", dijo mi papá. Agarramos nuestros motetes y para atrás. Al colegio Cervantes fui a dar. Esa es la Barranquilla que añoro y la que no volveré a tener. La que a pesar de la violencia en el país, nos dejaba vivir tranquilos. La de la bola'e trapo en la calle, la siesta después de almuerzo, la fiesta de velitas en diciembre. No teníamos teléfono, los pares no alcanzaban para toda la cuadra. El agua llegaba dos veces por semana. La luz no sé si llegaba o se iba y al teléfono, por tono, había que tenerle paciencia. Era una ciudad chévere, no era ruda con el ciudadano, los vecinos eran tu familia extendida.

En el año 87 asesinan a Jaime Pardo. Coronando el genocidio contra la UP; le asesinaron más de 3.000 militantes. En el año 89 derriban del avión de Avianca y asesinan a Galán, quien ya había claudicado frente a los liberales una vez, pero el país creía en él. No sé si por lo que hizo o por lo que representó con su muerte.

Los 90's me agarraron en la universidad, haciendo poco, disfrutando mucho. Fue una de las décadas más violentas. Con Pablo era a bombazo limpio. No salía uno del estupor de un acto, cuando estábamos llorando otro. Explotaron aviones, el DAS y el Espectador. Era como una película que se rodaba en vivo y nosotros éramos espectadores a la distancia, como en el cine.

Mi papá seguía siendo amigo de mis amigos. Tenía la autoridad, pero no por la fuerza. No era necesario el ‘usted’. En Navidades la exigencia era ir a misa, yo la rabiaba, pero cumplía. De resto poca era la exigencia. Volvimos al Mundial. Las rumbas eran monumentales, trágicas, ruidosas. Las de los 90's fueron de no creer. En el año 94 fuimos al Mundial con ínfulas de campeón, pero salimos por la puerta de atrás, develándole al mundo nuestras miserias. En el año 98 volvimos a salir calladitos y por la puerta de atrás.

En 1990 asesinan a Bernardo Jaramillo (UP). El EPL y el M19 firman la paz. Asesinan a Pizarro dentro de un avión en pleno vuelo. En el año 91 muere la Constitución de Núñez. Se acababa aquello de “En nombre de Dios, fuente suprema de toda autoridad”. En el año 92 sufrimos el apagón de Gaviria. Ya a mí me habían portafoliado de la Norte y andaba en clases nocturnas en la Autónoma. Dábamos clases a oscuras.

Las costumbres cambiaban, las niñas salían a rumbear con ganas de tragarse el mundo. La virginidad era para la casa, ya no preocupaba mucho. Aparecen las marcas y los padres, sin entender, nos siguen el capricho. Los quinceañeros son importantes y tenían su protocolo. Nos convertimos en una sociedad alcohólica. Los ‘mariguaneros’ eran vistos como locos, como gamines. El “perico” llena las calles. Alcohol y gasolina van de la mano, salir a ‘gasolinear’ con un ‘cooler’ lleno de cerveza o de guaro, era la norma.

El año 94 empieza con la muerte de Nancy Mestre. Para nuestra generación, uno de los asesinatos más perturbadores, indignante. Muchos pasaron de agache. Saade, el asesino, fue sentenciado a 27 años que aún lo esperan.

Empiezan a aparecer los celulares, inmensas panelas que costaban fortunas. Llegaron las privatizaciones. Electricaribe solucionó la luz, Triple-A, el agua y con la nueva telefonía pudimos tener “servicios en tiempo real”. El Cura Hoyos barre con las empresas municipales. Los sitios de moda cambiaron, de Tropique y Lime-Light a Mikonos, Pipeline, Baja Beach, OhCurramba. Fabio licores, las Vaqueras. Perros donde mi amigo Oscar. Los Juernes de FroggLegs.

En el año 98 me casé. De la rumba a los pañales, nunca había comprado ni el desodorante, ahora tengo esposa e hijo que llora. Mi papá me lanza el salvavidas. Mi mamá no sólo nos abre sus puertas, también es la más prudente y respetuosa. Mi hermano me bancó con toda. Eso ayudó a que la convivencia fuera la mejor.

El año 2000 apareció con la amenaza del milenio. El fin de año lo pasé en Citibank, esperando a ver si los computadores se volvían locos. Nada pasó. Arrancaron los devenires con familia propia. Ahora el rey de la casa es mi hijo. Sus cosas están por todos lados. Compramos unos escarpines Nike. Mi esposa decide ir a trabajar al colegio soñado para poder pagarlo. Estamos llenos de cosas que él ni notará que existen. ¿Por qué marcas? Todas nuestras prioridades se desplazan para suplir cosas que él ni necesita. Cuando nos exija privilegios, tendremos que dárselos, eso le enseñamos. Las experiencias nos marcaron más que la cantaleta de nuestros padres. Veíamos sicarios en camionetas paseándose por la ciudad abrazados a niñas lindas. Sabíamos que nunca íbamos a subirnos ni a esas camionetas, ni a esas niñas. Perdimos el norte.

Tal vez por eso le cambiamos los valores a nuestros hijos por marcas de ropa. Niñas con carteras de 2.000 dólares y tetas postizas. ¿Por qué minitecas a los 8 años? ¿Queremos parecernos a los “traquetos” de nuestra época? ¿Acaso Pablo nos inoculó un traquetico en nuestro corazón? Lo que creo, lo que me va pareciendo, es que si no aterrizamos a nuestros hijos pronto, lo antes posible, ellos conformarán una sociedad aún más injusta que la nuestra. Unas sociedad peor que la nuestra.

A todas estas, cuando por fin voy a comerme mi pechuga, me recuerda mi esposa que la pechuga es para el niño.

¡Tocará seguir comiendo ala’e pollo!

(imagen tomada de es.dreamstime.com)