De todos los atributos –al menos 26- que se le endilgan al Dios cristiano, la omnipresencia y la omnipotencia son los más asombrosos. Los otros no es que sean poca cosa, pero la bondad, la misericordia, la voluntad, la sabiduría y sus 20 acompañantes no le dan ni por los tobillos a aquellos dos. El Barbas, según lo entienden una parte de sus feligreses, puede irse el sábado de rumba a un bar gay ubicado en Orlando, Florida; luego, el domingo de desenguayabe, jugarse un partido de fútbol en Medellín, Colombia; y, por último, volver a Estados Unidos para rematar el fin de semana con otra cita balompédica, el Perú-Brasil de la Copa América. Nada como estar en todas partes al mismo tiempo y tener el poder de hacer lo que a uno le dé la gana.

La historia de las religiones se ha escrito con sangre. En nombre de los dioses, de Alá, de Yahve, de Mirtra, de Aten y de tantos otros, se han cometido millones de asesinatos. Este sábado, otro episodio con motivaciones religiosas se sumó a la secuencia interminable de escenas bárbaras y sin sentido. El estadounidense Omar Mateen, musulmán de padres afganos, entró disparando indiscriminadamente en una discoteca LBTG de Orlando, Florida. En la tierra de Mickey Mouse y el Pato Donald, sus balas impactaron a más de 100 personas, de las cuales 50 ya han fallecido. Que si Mateen era homosexual, que si era miembro del Estado Islámico, aún hay muchas preguntas por responder; sin embargo, de lo que sí estamos seguros es que la religión fue un factor fundamental para el desencadenamiento de esta tragedia.

El padre de Mateen expresó en una entrevista que “Dios castigará a los implicados en la homosexualidad” porque “no corresponde a los humanos”. La sentencia parece salida de la boca de Alejandro Ordoñez, el procurador colombiano. No me extrañaría que algunos fanáticos religiosos vean esto como una ejecución que proviene de la mano de Dios, y que, en su intolerancia, minimizaran esto con un “los mataron por maricas”.

La mano de Dios es un concepto amplio, transversal a muchas actividades, entre ellas el fútbol. En el Mundial de fútbol México 86 se dio un enfrentamiento por los cuartos de final entre las selecciones de Argentina e Inglaterra. Diego Armando Maradona, divinidad y demonio, anotó dos goles ese día para que su selección ganara 2 a 1.

Los dos goles fueron antagónicos. Para algunos, el primero es una infamia, otros lo catalogan como una picardía. El diminuto Pelusa, ayudado por su mano empuñada, le ganó un salto al gigantón arquero Inglés Peter Shilton, quien le aventajaba en estatura 20 centímetros (1.85 metros frente a los 1.65 de Diego). El segundo gol es considerado, hasta hoy, como el mejor de los mundiales. El argentino puso la bola en su botín izquierdo y, como Miguel Angel pintando la capilla sixtina, regó trazos de su insultante clase por toda la cancha. Diego pecó y luego rezó, y no empató sino que ganó.

Al final del partido no quiso llevarse todos los méritos y, en un gesto de humildad, compartió la autoría del primer gol con el Creador, diciendo que lo había realizado "un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios”. En adelante el término la mano de Dios se acuñó como parte del argot futbolero.

Argentina también ha sufrido en carne propia la mano del Señor. En los cuartos de final de la Copa América 95 fue eliminada por Brasil en definición por penaltis después de empatar 2-2. La Argentina ganaba 2-1, pero Brasil empató con un tanto de Tulio, luego de bajar la pelota con la mano. Algunos dirán que quien a hierro mata a hierro muere. Otra gol famoso con la mano fue el del francés Thierry Henry frente a Irlanda en 2009, que sirvió para que el equipo galo fuera al mundial de Sudáfrica

En Colombia muchos vieron este domingo la mano de Dios en el gol ilegal con el cual Perú eliminó a Brasil. No más acabar el partido miles de colombianos salieron a las redes a agradecer el favor celestial, justificando el fallo garrafal del árbitro en el gol bien anulado al compatriota Mario Alberto Yepes en cuartos de final del último mundial. Señores, no era gol de Yepes ¿Será que la mentalidad mafiosa nos ha permeado tanto que somos capaces de validar una injusticia? Una cosa es entender la equivocación de un árbitro como parte de los azares de este bello deporte, otra muy distinta es justificarla con razones sobrenaturales.

Esta mano polémica no ha sido la única de esta Copa América. En el partido Chile-Bolivia, la Roja ganó con un penalti inventado por una mano inexistente de un boliviano.

En la semifinal del fútbol colombiano, entre el Medellín y el Tuluá, apareció también la bendita mano. El arquero del Medellín atajó el último penal, sin embargo, todos sus compañeros en las declaraciones explicaron el fenómeno de su clasificación a la final con las manitas del Padre Creador. Parecemos tribus milenarias justificando la lluvia o la sequía a través de las iras o los favores de dioses.

Es un síntoma muy preocupante del estado educativo y mental de un país que los jugadores de fútbol vean "la mano de Dios" en una mundana definición por penaltis. ¿El rival no tiene Dios? Hacen falta, al menos, unas dos generaciones con una educación de verdad para ver si este país tiene alguna oportunidad. En el entretanto nos seguiremos canibalizando en el oscurantismo y la ignorancia.

Son tantas las manos de Dios que las mentes humanas dicen ver en este mundo, que no deberíamos hablar de manos, sino de tentáculos. Y estos tentáculos, divinamente inventados, nos esclavizan, nos adormecen, no nos dejan ser libres, no nos dejan responsabilizarnos de nuestras vidas, no nos dejan asumir las sencillas miserias humanas como lo que son: sencillas miserias humanas. Es menester liberarnos de estas cadenas opresoras que nos hacen cobardes, conformistas y sectarios. Es necesario dejarle las manos tranquilas al Creador. Como El mismo nos enseñó: “Dejad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

imagen tomada de definicionabc.com