El próximo 23 de Junio se realizará un plebiscito en el Reino Unido sobre su continuidad en la Unión Europea; se da así paso a una promesa de campaña del gobierno conservador de David Cameron, quien, presionado por los sectores radicales de su partido, acordó celebrar esta consulta, la cual es un reflejo de los desencuentros de la relación entre Inglaterra y el resto de Europa.

Los orígenes más recientes de este desacuerdo se pueden hallar en la negativa del General De Gaulle a la entrada de los británicos a lo que en ese entonces se conocía como Comunidad Económica Europea. Las razones de De Gaulle eran variadas, pero las más fundamentalmente eran tres: La antipatía personal de De Gaulle, resultado del trato de los británicos a él en la II guerra mundial. La relación trasatlántica ente el Reino Unido y EE.UU. El proverbial aislamiento inglés hacia el continente. Con el retiro de De Gaulle y la llegada de Pompidou al poder se levantaron estos vetos extraoficiales y en 1973 el Reino Unido ingresó a la Comunidad, la cual luego se transformó en la UE. El tiempo le dio la razón a De Gaulle en sus reticencias. El Reino Unido ha sido siempre partidario de una Unión que sea principalmente económica, frente a la idea de una unión política, comandada por Alemania y Francia. Como resultado de ello, Inglaterra no forma parte del espacio Schengen, ni de la moneda única, manteniendo sus propias reglas migratorias y la Libra Esterlina. Asimismo, cada tanto las ideas de profundizar la unión de Inglaterra con la UE chocan con una gran resistencia popular; de allí el próximo referendo del día 23, conocido como Brexit (British Exit).

En las democracias modernas pareciera que el excesivo ruido de temas puntuales (inmigración, terrorismo, la integración de los extracomunitarios, el efecto sobre la economía, etc.) deja de lado asuntos más trascendentales a las elites políticas, y a algunas notas en los medios de comunicación. Lo que verdaderamente está en juego es la idea de la construcción de Europa como sociedad plural, por encima de conceptos como las nacionalidades o razas. De allí que un posible triunfo del Sí por la salida pueda interpretarse como un duro golpe a la construcción europea y, por ello, de un efecto sobre futuros planes de integración en otras partes del mundo.

Pienso que eso es relativo. Lo cierto que, sea cual fuere la respuesta de los votantes, no están claras las consecuencias de lo que vaya a suceder con la relación de Inglaterra con la UE. Pasados referendos en los países de la región sobre tratados, constituciones y acuerdos (como sucedió en Dinamarca en 1997, en Francia y más recientemente en Grecia, con el rechazo al plan de ajuste) fueron simplemente ignorados. La razón es que los creadores de la Unión, Robert Schumann y Jean Monnet, creían en un papel muy reducido de las personas en las decisiones políticas de la UE, porque partían del supuesto de que la gente estaba mal preparada o poco informada para tomar estas decisiones: El concepto de déspota ilustrado una vez más. De allí que los políticos europeos hablen en términos vagos: “Mas integración, más progreso, más trabajo, menos desempleo”; si fueran claros en la idea que tienen (una integración supranacional al estilo de la difunta Yugoslavia, más perfeccionada) una buena parte de la sociedad rechazaría el proyecto y se podría agitar contra él.

En otras palabras, un voto negativo no significa el retiro del Reino Unido de la UE. Las negociaciones posteriores llamarán tanto la atención de todo el mundo como para olvidar el resultado, en el cual estaban apasionadamente interesados hoy. Al final poco importa si el voto se tendrá en cuenta.

Conceptos como la Unión Europea desafían muchas ideas con las que se ha crecido: la Patria, la raza, la ciudadanía e incluso la religión. La construcción de una Gran Europa se ha venido dando a través de una serie un tanto vaga de ideales que se consideran universales, o al menos consensuados: la igualdad, los derechos del hombre, la democracia, la libertad, todos ellos nacidos a la luz de la Revolución francesa. Resultado de ello, es una construcción política con una burocracia transnacional que simplemente, para poder continuar, ignora estas ideas preconcebidas. Es una especie de dinosaurio vegetariano que masca todo lo que encuentra en su camino, en lugar de uno carnívoro que devora lo que halla a su paso. Vive de regulaciones y normas; como no agrede, resulta difícil oponerse.

Sociedades como la británica siempre han preferido un modelo descentralizado y puramente económico, que lleve progreso a sus pueblos (como ocurre con sus hijos filosóficos, los norteamericanos, ellos no piensan en términos de uniones políticas, solo en tratados económicos) mas allá de una unión política. Muchos británicos piensan que con la UE o sin ella los asuntos urgentes seguirán siendo los mismos. No es culpa de la UE que Inglaterra tenga una educación media que es considerada de las más pobres de Europa, que la tasa de criminalidad sea de las más altas o que la infraestructura deje mucho que desear. De igual forma, la Isla tampoco siente que es mérito de la UE el pleno empleo en la sociedad o que el crecimiento económico sea resultado de ser parte de la Unión. Al final, todo es resultado de la forma inglesa de hacer las cosas.

El Brexit es una distracción de los asuntos reales de la sociedad británica. De allí que la sociedad, fiel a su independencia de pensamiento, se encuentre dividida casi en partes iguales. Sus partidarios argumentan que la Unión Europea está destruyendo las tradiciones inglesas; pero los británicos han demostrado muy poco apego a ellas, de todos modos.

La noción del “inglés nacido libre que nunca será esclavo” (Rule Brittania), desde hace mucho tiempo no tiene aplicación práctica. El ciudadano medio quiere estar bajo la tutela del Estado y lamenta sólo que el Estado no es lo suficientemente generoso. Las amenazas a la Gran Bretaña provienen en su mayoría de Gran Bretaña, no de la Unión Europea. De allí que el tema del Brexit, sea más un asunto de élites políticas, que del ciudadano de a pie. Gane quien gane, los ingleses seguirán haciendo las cosas a su manera y para ellos; el Brexit quizá no sea la mejor opción, como tampoco serán partidarios de una mayor integración. Al final, dejaran las cosas como están. El verdadero riesgo es lo que implica la salida de la UE para la UE. Es como poner dinamita en una columna. Quizá deje sentida la estructura, pero creo que sobrevivirá. Alguna solución se hallará. El dinosaurio está aquí para quedarse.

  • Nota: Aunque no son términos iguales, en el texto uso de manera indistinta términos como Inglaterra, Reino Unido y Gran Bretaña, para referirme a lo que es a la entidad política conocida como el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. La razón, me parece, es obvia.

imagen tomada de Daifressh