Tomado del muro de Andrés Salcedo

Mis familiares y los vecinos del barrio donde me crié saben que de niño sufrí de una grave tartamudez, que se agravaba cuando se burlaban de mí o me obligaban a hablar delante de gente extraña.

Marieta, la dueña de la tienda adonde me mandaban a comprar lo que faltara para el almuerzo, se tomó mi gaguera como una diversión. Un día me dijo, delante de quienes estaban en su negocio en ese momento, que solo me despacharía si era capaz de decir por lo menos tres palabras de corrido y enseguida soltó una apabullante carcajada.

Después de tantos años puedo decir que no solo he perdonado a Marieta sino que considero que ella fue el primer gran estímulo que tuve para remediar mi problema. Mi voluntad y el oficio que elegí, primero en la radio y después en la televisión, maquillaron mi aparato fónico aunque, todavía hoy, cuando estoy muy nervioso, el niño tartamudo, el rey de burlas de Marieta, reaparece.

Ayer, por solidaridad de gago, me sentí más cerca que nunca del ser humano James Rodríguez. A pocos minutos (tres a lo sumo) de terminado el partido, un insensible e insensato reportero de Caracol lo sometió a un largo suplicio, que parecía no terminar nunca.

El estúpido interrogador se sentía postulando para la entrevista del año y el pobre James (pobre niño rico) cada vez se veía más incómodo y a medida que avanzaba el cruel interrogatorio, su tartamudez se hacía cada vez más evidente.

En los largos minutos que duró esa entrevista lo que yo vi y oí fue un diálogo entre un torturado y un torturador.

Y Marieta regresó del olvido (y de la tumba) a burlarse de él. Y, por costumbre, de mí también.

imagen tomada de comodejardetartamudear.blogspot