Tomado del muro de Andrés Salcedo

A pocas horas del crucial encuentro del Junior en Medellín, dedico este nostálgico recuerdo a dos locos geniales que marcaron la historia del equipo.

En 1966 concluyó para los barranquilleros la larga vergüenza de 14 años, 728 domingos sin Junior. Por culpa de unos estúpidos enfrentamientos entre sus directivos y los jerarcas que manejaban a comienzos de los años cincuenta el fútbol profesional colombiano, el equipo desapareció, condenándonos, a los jóvenes de aquella época, a una vida de parias, obligados a ver, desde lejos, las gestas de los equipos ajenos. Pero rindiendo en silencio un culto nostálgico a los ídolos de antes del insoportable coitus interruptus.

Jamás pudimos olvidar a Heleno de Freitas, aristócrata del fútbol signado por la locura (su vida acabó en el hospital psiquiátrico de Barbacena, Minas Gerais). Todavía hay memoriosos ancianos que describen, en cualquier acera del Paseo Bolívar, sus mágicas piruetas, sus impecables remates de cabeza y esos pases, dirigidos con tiralíneas, al no siempre acertado "Memuerde" García, primigenia, romántica versión rebolera del Toloza de hoy.

Entre los ídolos del 66, del 67, también se encontraba un loco genial: Airton, el volante creativo más cerebral que he visto sobre un campo de juego.

Airton perfumaba el fútbol. Se transfiguraba, de acuerdo con los requerimientos, en prestidigitador, geómetra, equilibrista, tahúr o bailarín. Pero terminado el partido, cuando el reportero iba a buscarlo al camerino para entrevistar al héroe, lo encontraba sumido en el impenetrable silencio que adoptan algunos enfermos mentales cuando reciben visitas.

Heleno era un loco narcisista y glamuroso que jugaba como siguiendo los compases de una danza cortesana que una orquesta invisible tocara solo para él. Airton, por su parte, veía el fútbol como la única posibilidad de abandonar, durante noventa minutos, la celda oscura y fría de su mente.

Heleno y Airton. Dos épocas. Dos locuras diferentes. Ambos, cada uno en su momento, convirtieron nuestro corazón en un manicomio.