Por G. Jaramillo Rojas

Con Cambalache pudo haberse edificado, argumental e hipotéticamente, la que sería la primera canción Punk de la historia.

Su franca crítica social, nihilismo exacerbado y su caos desesperanzador no tienen mucho que envidiarles a los fundadores “formales” de este género por allá en los años 70s en esa turbia Inglaterra medio monárquica y muy industrial. Si bien los Sex Pistols argüían God Save The Queen referenciando la imposibilidad que tenía la reina de salvarse de la anarquía y cuya única e irónica “protección” vendría del lejano reino de los cielos, Enrique Santos Discépolo (E.S.D.) con su inmortal canción nos sugiere un temprano God Save The World, como una suerte de sortilegio arrojado al río del azar para que sea su deriva la que guíe la imposible redención de esa estentórea condena que es el vivir solos y en sociedad.

En 1934, cuando a E.S.D. le fue adjudicada la tarea de escribir un tango para la película El alma del bandoneón, muy seguramente ni él ni nadie se imaginaba que esa desencantada –y posteriormente cantada- visión del mundo fuera a convertirse en la que tal vez es una de las mejores descripciones líricas y poéticas del avasallado, fútil e indecoroso siglo XX.

Hay que recordar que el contexto en el que E.S.D escribe Cambalache, es reconocido por la historiografía argentina como la década infame (1930-1943), años que, además, significaron para el mundo la recuperación de la Gran Depresión de 1929, La Guerra Civil Española y gran parte de la Segunda Guerra Mundial. En la Argentina, específicamente, este periodo estuvo permeado por contundentes fraudes electorales, corrupciones de todo tipo, golpes militares, represiones y asfixiantes recortes de las libertades sociales e individuales. No es para nada extraño que haya sido este contexto de contrariedad y desafuero el que haya precipitado el engendramiento de Cambalache, que con su descarnada y escéptica letra evidenció las realidades e intemperancias más cotidianas que todos se esmeraban por ocultar. Cambalache fue concebido en medio de un panorama tan infecundo y punzante que sus aparentes ficciones resultaron ser naturalezas de una realidad relativizada con recursos metafóricos cuyas contundencias, ampliamente bucólicas, centralizan la autenticidad y la verosimilitud de su mensaje.

Para nadie es un secreto que el tango es una suerte de poesía popular de elaboración individual, cuyo éxito depende, precisamente, del beneplácito colectivo y su derivación mítica en la conciencia general; es decir, el tema debe poseer cierto encanto y personalización con la realidad para lograr que sus mensajes lleguen a abrazar la totalidad emocional del mundo que describe. De esta manera, no son sólo los sufrimientos, las alegrías, las oscuridades, las vivencias o las opiniones del compositor las que desenvuelven la poética del tango, sino que es el ofrecimiento mismo de su persona al mundo, como género y canción, el que precisamente trasciende sus mensajes al nivel de enunciado público: porque logra concertar arquetipos e ideas de personajes, situaciones, pasiones, vicios, virtudes y universos, fácilmente identificables dentro de la realidad adyacente, además de lograr proyectar, sobre la cotidianidad de la sociedad, sus imaginarios más íntimos que van desde los mitos de origen hasta las esperanzas más impetuosas del pueblo.

Cambalache” el tango que convoca la atención del mundo entero pudo romper las fronteras de la región del Río de la Plata, para convertirse casi que en un himno universal a los desenfrenos que, amargamente, hemos heredado del siglo XX. Es un tango de descripciones densas, cuyo espesor puede ser leído o analizado en diferentes claves. Podríamos agotarnos aquí en representaciones o alusiones políticas e históricas, en críticas morales e ideológicas, o en profundos esbozos poéticos, pero de lo que se tratará será únicamente de hacer un modesto análisis de las alocuciones que encierra su letra y las furtivas relaciones con los que parecen ser los antecedentes centrales de sus peroratas: la crítica, la fatalidad y el pesimismo, paradigmas fundados desde el inicio de la canción y que parecen concertar retóricamente cierta convicción ligada a un Ethos específico que alude a los comportamientos que han conformado el conjunto de rasgos, modos y caracteres que han labrado la personalidad del mundo que empezará a describir:

/El mundo fue y será una porquería/ya lo sé/en el quinientos seis/ y en el dos mil también/Que siempre ha habido chorros/Maquiavelos y estafaos/contentos y amargaos/valores y dublé/

Estos versos inaugurales nos introducen en una atmósfera sombría que no parece tener disparidad alguna. El mundo siempre ha sido así y seguirá siéndolo. Sugerencias que atañen ciertos niveles afectivos que se vuelcan sobre el escucha generando cierta fiabilidad y simpatía, debidas, entre otras cosas, a la cadencia poética que se arroga. Recordemos que el tango fue escrito en 1934 período desde donde, con el patibulario Siempre, se atreve a aludir a poco más de 20 siglos, utilizando, además, la referencia angular de El Príncipe de Maquiavelo: el fin justifica los medios. E.S.D se decide a meter en la misma bolsa contrariedades de la vida cotidiana tales como tristeza y alegría, valores y corrupciones, dejando así muy en claro que para que haya bien tiene que existir, necesariamente, el mal, porque la oposición da sentido fiel a los conceptos. Sin embargo, es en la tercera y cuarta estrofa donde E.S.D. despliega el sentido argumental de su diatriba:

/Pero que el siglo veinte/es un despliegue/de maldá insolente/ya no hay quien lo niegue/vivimos revolcaos en un merengue/y en un mismo lodo/todos manoseados/

Aunque el mundo fue, es y seguirá siendo una inmundicia, el compositor se sitúa en una trama específica ubicada en el descalabrado siglo XX, donde no sólo son la perversidad y la desvergüenza las que presiden la realidad, sino que nos incluye a todos en su narración como cómplices y víctimas, como los reproductores de esa disolución moral que nadie puede negar. Este Vivimos remite a un enunciante que se incluye en un Nosotros y que a su vez es asumido como un Todos. Es decir, si ya no hay quien lo niegue –haciendo referencia al despliegue de maldá insolente- es porque somos todos los que participamos de la no negación, sin distinción ni resguardo de ningún tipo.

/Hoy resulta que es lo mismo/ser derecho que traidor/ignorante sabio o chorro/generoso o estafador/Todo es igual/nada es mejor/lo mismo un burro/que un gran profesor/

Este Hoy indica abiertamente una constancia inobjetable, una fisura en la fluidez normal del tiempo y de la historia y nos remite directamente al Siempre sobre el cual gravita la canción: el Hoy es Siempre: es la latencia firme e invariable del ahora, del presente, que después sostendrá introduciendo el elemento hamletiano y ontológico de ser o no ser, puesto que es lo mismo, estar en cualquiera de las partes como ignorante o sabio que como generoso o estafador. El pesimismo de E.S.D. se pronuncia acá de manera importante al proponer que nada ha cambiado, que nada cambia y que el progresismo en todas sus formas, al que muchos se ven abocados, no es más que un sofisma de distracción que oculta el estancamiento que nos hace creer cosas dispares a propósito de un burro y de un gran profesor, cuando en realidad son la misma cosa. En este punto de la canción ya hay una suerte de Logos construido, en la medida en que el escucha ha sido ligado a las emociones enunciativas del autor que se reflejan en las contradicciones axiomáticas del tema, y que se derivan tanto deductiva como analógicamente. Estos procesos figuradamente racionales y dialécticos se repetirán durante toda la canción, cumpliendo con los objetivos centrales de persuasión, crítica y pesimismo.

/No hay aplazaos/ni escalafón/los inmorales nos han igualao/Si uno vive en la impostura/y otro roba en su ambición/da lo mismo que sea cura/colchonero rey de bastos/caradura o polizón/

Aquí resulta sumamente interesante señalar que el sujeto de la narración –o el enunciador- se sitúa en una esfera moralmente preferente e incluso superior a lo que se propone describir: la expresión “los inmorales” reseña a un Ellos que “nos han igualao” a Nosotros, los que al parecer somos los morales, en donde se incluye el compositor. E.S.D. introduce este señalamiento a manera de diferenciación, sugiriendo así la existencia de una suerte de fractura en las jerarquías sociales, y atrayendo una vez más la noción hamletiana de ser o no ser, donde finalmente “da lo mismo”, denunciando así la indiferencia del mundo a propósito de la pérdida de los valores que empezará a evidenciar en adelante, apoyándose en figuras históricas tanto de la humanidad como de la cultura popular argentina de la época.

/Que falta de respeto/que atropello a la razón/cualquiera es un señor/cualquiera es un ladrón/Mezclado con Stavisky va Don Bosco/y “La Mignon”/Don Chicho y Napoleón/Cernera y San Martín/

E.S.D. introduce a modo de analogía antagónica personajes que en teoría no tendrían nada que ver ni histórica, ni ideológica, ni humanamente, proponiendo así la terrible aceptación de la realidad por parte de todos los mortales y utilizando como estrategia discursiva la definición de un rango bastante amplio de tipos humanos. De esta manera aparecen en el mismo plano Stavisky (Alexander Stavisky) un famoso estafador de origen ruso, Don Bosco el fundador de la orden católica salesiana, La Mignon, de la voz francesa “mignone” y su valor de “querida” o “mantenida” que puede aludir a una prostituta, Don Chicho (Juan Galiffi) un siciliano jefe de la mafia rosarina y argentina, Napoleón, el gran Rey de Francia, Primo Carnera, boxeador italiano que en 1934 fue a la Argentina a defender su título de campeón mundial y, finalmente, San Martín, el Libertador o “padre de la patria”. E.S.D. utiliza la comparación directa, entre farsantes y guerreros de la fe, entre prostitutas y patriotas, hasta mafiosos y campeones deportivos, invitando al escucha, una vez más, a repasar la gran variedad de prototipos y reflexionar a partir de sus hazañas en diferentes campos de la moralidad y la inmoralidad. No importa.

La aparición del Pathos como guía de modelación discursiva del mundo que describe Cambalache y su ardorosa sugestión lírica puede descifrarse, desde el sentimentalismo apesadumbrado y mundano logrado por E.S.D, en la siguiente estrofa:

/Igual que en la vidriera/irrespetuosa/de los cambalaches/se ha mezclao la vida/Y herida por un sable/sin remaches/ves llorar la biblia/contra un calefeón/

La definición de Cambalache viene a ser como una especie de trueque o intercambio de cosas, objetos o enseres cuyo valor está venido a menos. En este sentido, el título del tango sugiere la existencia de una tendencia a vender o comprar el mundo como un bien de escasa cuantía, ya no a ganárselo ni a luchar por él. En los últimos dos versos se destapa la relevancia quizá del tango en toda su universalidad, y reside en la comparación, igualación si se quiere, de algo tan vano y mundano como un calefón, con algo tan excelso y sagrado como la biblia. Esta equivalencia sigue el tono general del tango en el que se exponen vistazos absolutamente negativos y desencantados del mundo y la sociedad.

/Siglo veinte cambalache/problemático y febril/el que no llora no mama/y el que no roba es un gil/Dale que va/dale nomás/que allá en el horno/nos vamo a encontrar/

El intercambio de futilidades, aludido versos arriba, se inclina hacia el inconveniente y la intranquilidad, señalando las tendencias a la adulación y la permuta de valores para conseguir lo deseado, porque la verdadera inteligencia humana es la de hacer que todo se acomode a la individualidad de cada quien, de lo contrario no basta, y se pueden sufrir condenas sociales por transitar el camino de la honestidad, porque “el que no roba es un gil”, y el que lo hace, probablemente tenga la clave de subsistencia en este universo excluyente y hostil. Sea lo que sea cada individuo no pesa sobre lo que es tal vez el único destino que todos compartimos: la muerte. No sería apresurado interpretar la palabra horno (entendida como fogón crematorio) como una metáfora que insinúa al mismísimo averno, como destino final de todos los mortales.

/No pienses más/sentáte a un lao/que a nadie importa/si naciste honrao/Es lo mismo el que trabaja/noche y día como un buey/que el que vive de los otros/que el que mata que el que cura/o está fuera de la ley/

Este final demuestra una conexión muy profunda con el escepticismo promulgado por el existencialismo, corriente filosófica que andaba muy en boga por esos años en Europa, y que planteaba, entre otras cosas, una insondable angustia por el existir y un total desaliento que lleva a pensar que los seres humanos son, única y explícitamente, sus actos, y que estos a su vez son los que determinan quiénes son, así como el significado de sus vidas. Parece ser que E.S.D., si bien ignoraba dicho estándar filosófico, era un ser intensamente metafísico entregado a la reflexión y a la contemplación de su entorno, donde todo daba igual y la Nada era una forma de encarar el Todo con un fatalista Siempre.

Cambalache se consuma aceptando que no hay un porvenir muy prometedor, que lo único que queda, como bien lo hace su autor, es la crítica o la protesta frente a la rabanera realidad, que apenas logra conservar el recuerdo de que algún día hubo una ilusión y que se ha convertido, lacónicamente, en la manifestación dolorosa de aquella fantasía extraviada. Cambalache es una voz colectiva, que acomete con pluralidad utilizando escenas genéricas de la expresión humana –la música, la poesía, la filosofía- que se convierten en dramaturgias englobantes en la medida en que forjan un discurso capaz de replegar críticamente una realidad inobjetable, y cuya “puesta en escena” permite al escucha situarse en el primer lugar de la narración, bien sea como observador o como protagonista de la misma. Factor que ayuda en los procesos de interiorización y persuasión de la letra.

Es sumamente interesante señalar que la disertación de E.S.D. está estructurada por una convicción que legitima sus enunciados, proponiendo cada verso de manera cíclica haciendo que el poema-discurso llegue al mismo lugar del que proviene. En Cambalache todo lo que el texto enuncia permite convalidar la escena misma a través de la cual esos contenidos surgen.

Tal vez la mayor virtud de Cambalache es que nos permite añorar, o incluso regresar al viejo mito de ese mundo mejor que pudimos haber construido y que a su vez señala la distancia que media entre la realidad y nuestros sueños o entre nuestras esperanzas y nuestras posibilidades. Es un tango de patrimonio conceptual abismal, que permite cualquier cantidad de lecturas e interpretaciones, pero algo que se hace imposible de no rescatar es su heterogeneidad compositiva que descansa en los elementos prácticos utilizados no sólo para formular conclusiones a propósito de los temas que trata, sino también para conllevar el proceso de identificación y significación popular que aún hoy abandera. El poema modela una divergencia incesante entre el bien y el mal, destacando el imperio y la autoridad del mal sobre el bien. Se compone de impotencias, naufragios y desmoralizaciones, sugiriendo la falta de lucha y compromiso y denunciando la derrota y el conformismo. A los buenos solo les queda asimilar la realidad sin apartarse de ella, dándose por vencidos y entregándose a la ilógica humanidad que los humanos han construido sobre los anaqueles de la arrogancia y la infelicidad.

(Imagen tomada de bossanovaclube)