Son muchas las historias que se han escuchado después de los sucesos del pasado 12 de Junio en Orlando. Desde la solidaridad con la población LGBTI, las diferentes historias de vida de los asesinados, los episodios heroicos y la reacción de la sociedad americana, hasta el retrato del asesino, Omar Mateen, joven americano de origen afgano, inestable, posible terrorista, musulmán, y con tendencias homosexuales. Escuchamos también las voces que denuncian la facilidad de la compra de armas, acto protegido por la Constitución de los EE UU, la de los políticos solicitando firmeza en la verificación de antecedentes, y las declaraciones retóricas de los candidatos presidenciales. Mucha de la información que salió en los medios afirmaba que el acto cometido debía considerarse como un crimen de odio, más que un acto terrorista religioso.

Si bien en Colombia conocemos los efectos del terrorismo (así mucha gente en el país hable de conflicto interno, guerra civil, lo cierto es que muchos de los actos de violencia cometidos en los últimos 50 años son, en esencia, actos terroristas), para las sociedades europeas y americanas el terrorismo islámico resulta todavía algo remoto. Para europeos y americanos, aunque suene a herejía, es una molestia menor. Aquellos que ven una amenaza existencial a nuestra civilización (yo, como heredero de esa Europa, me incluyo) son descalificados por exagerados y fanáticos. Lo que más preocupa a ciertas élites políticas es el efecto sobre algunas de las libertades civiles, como por ejemplo la suspensión de ciertas garantías constitucionales.

Sin embargo, creo que hay un aspecto frente al terrorismo islámico que se subestima de forma grave: la dimensión religiosa. No se toma en serio la posibilidad de que un acto terrorista esté motivado por asuntos de fe. En el caso de Orlando desviamos nuestra atención hacia un posible acto de homofobia, a un hecho realizado por un lobo solitario, o por una persona inestable. En su momento, con los sucesos de Charlie Hebdo o Bruselas, se subrayaron las horribles condiciones de vida de los terroristas -hacinados en ghettos, sin oportunidades, sometidos a la discriminación, provenientes de hogares disfuncionales y con unas condiciones económicas de pobreza- como caldos de cultivo para el terrorismo y la violencia. No los creen, en cualquier caso, capaces de actos inspirados en su religión.

Ya hay intelectuales que han señalado que ese análisis resulta simplón porque rechaza la naturaleza religiosa de estos actos. Si bien es cierto que muchos de los terroristas son el resultado de familias disfuncionales, algunos otros han sido universitarios con futuros brillantes frente a ellos. (como muchos de los terroristas de las Torres Gemelas, jóvenes con proyección social, enviados a educarse en los EE UU); muchos son hijos de hombres adinerados y seculares que, independientemente del medio social, están actuando de acuerdo con los dictados de Dios y a la interpretación que ellos hacen de su fe. De hecho, muchas personas que provienen de hogares rotos, carentes de buena educación, no son terroristas. Desconocer esa dimensión religiosa no solo es, aparte de peligrosa, equivocada. Es volver de alguna manera a la vieja discusión de si la violencia es resultado de la pobreza. Hay quienes sostienen que eso es así; y hay quienes responde, que si así fuera, Haití sería el país más violento de América, y que las estadísticas desmienten esta afirmación. La realidad es que sabemos que se hacen las cosas, pero no conocemos con exactitud las razones.

Una corriente secular rechaza la religión o las ideas religiosas como un motivo serio para la acción humana. La religión es vista como un hecho del pasado, una superstición personal equivalente el miedo a los gatos negros, un rechazo a la realidad que vive, o un interés puramente personal. Por lo tanto, esta corriente piensa que si alguien dice “Lo hice por amor a Dios”, está confundiendo sus motivaciones; que en realidad estaba furioso por sus condiciones de vida, tenía dificultades personales o existían motivaciones políticas que originaron su proceder; que actuó por el bien de Dios, porque no se puede hacer el bien por algo que no existe, o que si existe, no se manifiesta. Lo absurdo de esta creencia salta a la vista; lo que la gente hace por esta creencia, nada tiene que ver con su verdad o su mentira.

En el caso del Islam, uno de los puntos que se ignora es que las sociedades musulmanas no son seculares en lo absoluto, y que la presencia de la religión en la vida diaria es constante y visible. (El rezo cinco veces al día mirando hacia La Meca, por ejemplo). El Islam es una religión que implica todo un modo de vida y unas pautas de comportamiento que el creyente, si quiere seguir siéndolo, no puede dejar de lado. Los antiguos regímenes panarabistas, socialistas y seculares, terminaron volviendo a sus raíces. Ahí tenemos el caso de Libia; en algún momento Gadafi abrazó al Islam como soporte de su régimen, como tabié terminó haciéndolo Saddam Hussein. Al final, así no guste oírlo, existe una relación entre la religión -su dimensión espiritual- y el terrorismo. Para los extremistas la lucha tiene mucho de sagrado, y evitan reducir su religión a un asunto de fe meramente privado, sin obstáculos a las críticas o burlas. Ellos tienen la idea que hay en el Islam algo valioso, una verdad única de una religión que ha estado durante siglos luchando contra los infieles, y aun hoy esta lucha es de vida o muerte.

Esas motivaciones no tienen incluso nada que ver con el Islam como religión o con los avances que han surgido gracias a ellos, sino con la pretensión de una única verdad. En el caso de Omar Mateen, no importa que hubiera sido educado en colegios americanos, que se le hubieran inculcado los valores americanos, que fuera un ciudadano ejemplar, criado en una sociedad secular y tolerante. Incluso si tenía tendencias homosexuales, fuera inestable o poco confiable, su fe le hacía ver que la concepción aprendida del mundo tenía algo único y valioso al respecto, tan fuerte que le daba valor y dignidad a sus actos. Era su verdad y estaba dispuesto a morir por ello.

 

 Imagen tomada de elmeme.me

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