Parece que estos últimos años, con la explosión de las redes sociales, estamos destinados a escuchar muchas palabras que son tóxicas, por la forma como tergiversan la realidad, e inducen a la gente a fantasías irreales.

Una de estas palabras es "derecho". Basta con escuchar a algunos políticos que dicen que todos tenemos derecho a todo tipo de cosas, que van desde "derecho a vivienda", “a un salario digno." “ a una paz justa”, “a servicios de salud” “a una pronta y debida justicia”, “a una adecuada alimentación”, “a la adopción”.

Pero la realidad es que la raza humana no tiene derecho a nada, ni siquiera a los alimentos que se necesitan para seguir con vida. Si no producimos los alimentos, nos vamos a morir de hambre. Si no construimos la vivienda, entonces no vamos a tener vivienda, "asequible" o no.

A los individuos o grupos particulares se le pueden dar muchas cosas a la que los políticos dicen que tienen “derecho”. Entonces las personas se ven obligadas por el gobierno a proporcionar esas cosas a muchas personas que no han hecho nada (o muy poco) para pagar por ese derecho. Eso ocurre, por ejemplo, con la salud: leemos de casos de tutelas en las cuales la gente reclama por tratamientos novedosos, por medicinas costosas no incluidas en el POS, y vemos cómo los jueces son proclives a concederlas sin medir el efecto que tienen sobre el equilibrio y la sostenibilidad financiera del sistema de salud.

Esto se pone peor. Si todos somos sujetos de “derecho”, independientemente de lo que producimos, la pregunta sería: ¿Por qué algunas personas parecen tener más “derechos” que otros? ¿Si todos somos iguales, qué “derechos” otorga el dinero o las conexiones o los bienes, para que alguien pueda pisotear a otro?

Una persona que produce menos que otra puede sentirse agraviada y estar en contra de quienes producen más y son recompensados por ello, partiendo de la base de que para recibir beneficios todos somos sujetos de “derecho”, sin importar que hayamos trabajado o no para conseguir esos derechos. De allí que haya tanto millonario creando fundaciones para servir a los demás, hablando de cómo se preocupa por la pobreza o la desigualdad en el mundo, y tantos de nosotros que les repetimos: “no es suficiente lo que haces”. De hecho, nunca será suficiente

Otra palabra tóxica es “Igualdad”. Se abusa de esta palabra a más no poder. Se nos dice que somos iguales ante la ley, que nacimos libres e iguales. En realidad no somos iguales. Una cosa es que seamos tratados de manera igual, a que seamos iguales en sí, de la misma manera en que existen dos géneros con los que la naturaleza dota de un rol en la sociedad al hombre y la mujer; el ejemplo clásico es la maternidad: la ley reconoce que el rol en la pareja es diferente y privilegia a una de las partes. ¿Y qué decir de los niños? ¿La ley no establece la preeminencia de sus derechos? Un tema más polémico: hay estudios que señalan que en algunos deportes el físico de una persona, derivado de su raza, lo favorece y le da ventaja sobre otros. Se dice por ejemplo, que las personas de raza blanca poseen un físico más apropiado para la natación que una persona de raza negra.

http://enroquedeciencia.blogspot.com.co/2014/06/por-que-no-hay-nadadores-negros-1.html

Lo único cierto es que la igualdad, como orden natural, no existe. Los años de evolución nos han asignado un papel en la naturaleza, que hemos modificado con la vida en sociedad, pero que de vez en cuando aflora. La igualdad, en últimas es un asunto de derecho y como tal, una ficción.

Pero la palabra favorita en Colombia es “Paz”. Con la firma de los acuerdos de La Habana se “celebra el fin de un conflicto de 52 años y la llegada de la Paz”, según los optimistas, o “la claudicación del gobierno frente a una guerrilla, en nombre de una Paz”.

La realidad es que no hay palabra tan manoseada por el líder de turno.“Queremos la Paz, pero sin impunidad”, “Paz sí, pero con justicia social”, “Es el primer día de la Paz”. Nada más tóxico que dotar a la paz de nobles ideales, como si con ella vinieran también la justicia, la verdad, la no impunidad o la reparación.

Pero la realidad es que lo firmado en Cuba no es la Paz, ni ninguno de los ideales perfectos que nos han vendido la trae. Menos aún, la Paz no tiene acompañantes. Fue, en esencia, una negociación donde se acordó, con mucho de generosidad, pero también con miserias, la desmovilización de un grupo armado; negociación que encerró oscuras cuestiones de procedimiento, con un poco de justicia, un poco de verdad y algo de reparación. De seguro hubo generosidad en ella, pero también mucho interés particular, mucho egoísmo, miedo, o la posibilidad de sacar ventaja. Mirar las conclusiones y lo acordado es llegar a pensar que la palabra Paz es tan hueca, que los nobles ideales que conlleva son letra muerta. Fue una negociación hecha con pragmatismo, utilitaria y lejos de los ideales que dizque se buscaban. Las partes lo saben, de allí que nos digan “Esto es lo mejor que logramos”.

Por eso, cuando se escuchan las voces a favor o en contra, suenan tan grandilocuentes como vacías. Cada parte sabe que en un mundo ideal, las críticas están justificadas, pero no en nuestra realidad. Estamos tan intoxicados de la palabra Paz que no sabemos qué es en verdad. Quizá 50 años de conflicto nos hagan pensar como la ideología del Socing: “LA GUERRA ES LA PAZ, LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD, LA IGNORANCIA ES LA FUERZA

Claro que a priori prefiero que haya 5000 rifles menos en manos de rebeldes y que que estén en el Congreso haciendo política; al final, al menos 5000 personas menos resolverán los asuntos a bala. Esa es nuestra realidad, y el esfuerzo logrado es de aplaudir y apoyar. Al final, siempre sera mejor “Un mal arreglo a un buen pleito”. Es un buen comienzo de una cura de desintoxicación. Con la “Paz” se facilita la construcción de un mejor país.  

Imagen tomada de: Arweb.com