Por Francisco Tedeschi

“La selección se terminó para mí”.

“Me duele más que a ninguno no poder ser campeón con la selección argentina”.

Lionel Messi

Hoy me he levantado con una combinación de sentimientos, mezcla de molestia, tristeza, decepción y bronca. Así me fui a dormir anoche luego de patearme la derrota de la selección de Argentina en la final de la Copa América con Chile (tercera final perdida consecutiva, segunda en seguidilla por penales tras sendos 0-0). Después de ver llorar a moco tendido a Lionel Messi, no aguanté más y apagué el televisor. Sabía lo que se venía. Apoyé la cabeza en la almohada pensando en lo triste que es ver a un triunfador tan hecho mierda porque según una cantidad enorme de subnormales es un fracasado.

La molestia creció mucho esta mañana cuando me enteré, gracias a la tarea de los mismos periodistas que se han cansado de pegarle, de que el más increíble extraterrestre que se haya parido sobre la faz de la tierra había renunciado a la selección argentina. Empeoró la cosa cuando algún amigo colombiano, acostumbrado a amargarme las mañanas con sus absurdos, paranoicos e insensibles argumentos guerreristas en facebook, pensó que esta vez sería más original montármela por la derrota argentina y darme lecciones desde su triunfadora “colombianidad” sobre lo fracasados que son el mejor jugador del mundo y sus compañeros de selección.

Para los que no lo saben, tengo la desgracia de ser colombo-argentino; algo así como ser portero y creerse el dueño del edificio.

Creí oportuno el chiste para bajarle a la bronca y para que me ayude a introducir el tema: quiero empezar por decirle a esa especie de periodistas subnormales que hay en Argentina (quizás ustedes son los que nos dan la fama de prepotentes y engreídos) que esta generación, a la que le han pegado una y otra vez tildándola de “fracasada” y metiéndole con sus boludas afirmaciones toda la presión del mundo, ha llegado a la final de un Mundial después de 24 años (1990-2014) contra Alemania -final que Argentina mereció ganar y terminó perdiendo en tiempo suplementario 0-1- ; ha encadenado dos finales consecutivas de Copa América (2015 y 2016) después de 23 años (1991-1993) y fueron tan parejas que terminaron 0-0 en 120 minutos y se definieron por penales. Esta generación de extraordinarios jugadores debe estar harta de que la insulten, le peguen y quizás pierde exclusivamente por culpa de la presión que ustedes mismos le meten.

Miren en cambio cómo Alemania respalda procesos, celebra los terceros puestos, los segundos, los primeros, y no se cansa de ganar títulos. Estoy seguro de que la mayor cantidad de periodistas deportivos alemanes son mejores que ustedes y por eso los germanos han tenido técnicos de selección que han durado 20 años en el cargo. Los periodistas alemanes, los jugadores y los técnicos aceptan las derrotas, incluso las celebran cuando fueron dignas, y por eso se mantienen en la élite todo el tiempo, a veces ganando y otras perdiendo. Es por eso que triunfan. Porque saben perder. Porque entienden que eso es parte del juego. Ahora mírense ustedes, periodistas argentinos: andan exigiéndole la renuncia a Martino por ser el comandante del barco que “se hundió” en las dos finales perdidas por penales con Chile, después de empatar en 120 minutos 0-0, aunque ustedes mismos coincidan en que los penales son algo así como apostarle a los dados. Pésimos periodistas es lo que son. ¿No se dan cuenta de lo estúpido que es decir todo el tiempo eso y luego determinar éxitos o fracasos en función de una definición por penales?

Estoy harto de esta cultura del éxito y el fracaso. Convierte la vida en competencia y se caga en los genios (como Messi) o en los luchadores (como Mascherano) porque lo único que importa es ganar. Lo mismo que ocurre en el fútbol ocurre en la vida -en la que competimos por comer, propiciando la desigualdad-, y muy especialmente cuando el juego de la vida lo vamos ganando e incluso cuando lo apenas lo empatamos o cuando ni sabemos que lo estamos perdiendo por goleada.

Así que debo explicar, para que quede muy pero muy claro, que la bronca y la impotencia no se la debo a que Argentina perdió otra final al más alto nivel, la tercera consecutiva -un Mundial y dos Copas América-, ni tampoco a Messi -genio, mago, extraterrestre, gracias por tanto y perdón por tan poco-, ni a Mascherano –ídolo-, ni a Higuaín –monstruo-, ni a Agüero –crack-, ni a Romero –arquerazo-, sino a las estupideces que le he oído decir a los periodistas deportivos argentinos.

También les he leído cosas similares a los pésimos periodistas deportivos colombianos (para mí mucho peores porque además maltratan espantosamente el idioma) que desmerecen el quinto puesto del mundial (entre 200 equipos que juegan para clasificar) cuando nuestra mejor posición en un Mundial había sido el puesto 14 en 1990; que hablan pestes del tercer puesto en la Copa América (entre 16 selecciones), cuando sólo hemos llegado a finales en 1975 y en 2001. Son tan brillantes que por semejantes "fracasos" le hacen la cama a Pekerman.

Por eso le dedico esta columna a la subespecie de periodistas deportivos argentinos y colombianos y también a esa caterva de imbéciles que opinan en las redes y que repiten lo mismo que los periodistas deportivos, casi siempre con pésima ortografía. ¿A quién le han ganado ustedes señores “periodistas”? ¿A quién le han ganado ustedes “opinadores de pacotilla”?

Argentina lleva 23 años sin ganar un título de mayores, llevaba 24 años sin llegar a la final de un Mundial (1990-2014). Messi tenía tres años en 1990 (cuando quedaron subcampeones como ahora) y tenía seis cuando Argentina ganó la ultima Copa América de su historia, en 1993. ¿Es inteligente usar la palabra “fracaso” para referirse a él, a los técnicos y a los jugadores que lo han acompañado en las tres derrotas en finales? Me parece que no, y que más bien le manda un mensaje insano a la sociedad, esa sociedad competitiva que se alegra con las derrotas ajenas porque lo único que importa es ganar, como sea, de cualquier manera.

Si pudiéramos hacer verdaderas comparaciones entre los fracasos de Messi y sus compañeros en la selección y los de los periodistas y el público que lo considera un fracasado, el equipo de Messi y sus amigos les gana por goleada. Estoy muy seguro de que los fracasados y los que deberían renunciar, al menos a decir tantas tonterías, son otros.

No te vayas nunca Messi. Por mí puedes perder todo lo que quieras. Es decir nunca.

(Imagen tomada de Univision)