Tomado del muro de Jorge Muñoz Cepeda

Se ha ido perdiendo la costumbre de escribir cartas. La imposición del lenguaje sintético, surgido de la revolución de los medios electrónicos, ha relegado a rincones escondidos las cartas en las que se puede decir todo. Ya ni los más viejos se comunican así. Por eso, esta carta de amor que comparto con ustedes, encontrada por casualidad entre mil papeles, me parece un buen pretexto para reivindicar este género tan hermoso que se va diluyendo con el tiempo. La copio textualmente omitiendo el lugar, la fecha y la firma del enamorado, para proteger su identidad y la de la destinataria. También omito las comillas, ya que con esta introducción me parece obvia la procedencia del texto.
¿Es posible el amor si se expresa de esta manera? Que sus ojos sean los que juzguen.
Amor mío,
 
He visto las maneras del mundo. No me han sido ajenos los callejones, las violencias, las miradas de furia. 
 
He comprendido las palabras de otros y me ha hastiado su belleza y su insuficiencia; las mías se han quedado en intentos insignificantes.
 
He sentido temblar contra mi vientre los vientres de las mujeres que han odiado quererme; de ellas no he podido ser, o no he querido.
 
He tenido en mis brazos a los herederos de mi sangre, su ojos abiertos buscando en los míos, inútilmente, el gesto de la esperanza.
 
La vida se me ha ido yendo entre silencios y me he abandonado a la serenidad de los hombres que se saben a solas.
 
Pero llegaste. Volviste de las sombras.
 
Las razones de esta espera tan larga, tan injusta, ahora no importan. Te tengo. Aunque te resistas. Aunque te sorprendas. Aunque te desconozcas. Aunque te resulte extraño este nuevo papel de mujer mía, de mujer de alguien.
 
Ya no puedo ser el mismo después del cuerpo tuyo, de los ojos tuyos, de las manos tuyas sobre mi rostro. No puedes saber que me has resucitado con solo balbucear mi nombre, entre suspiros, una noche como esta en el suelo de una casa vacía.
 
Quererte ha resultado inevitable. No puedo defenderme de este amor que me mata cuando quieres convertirte en una sombra, cuando pretendes jugar con mi cordura. Y te amo por encima del miedo. Te amo porque me has devuelto la vida, la risa, las palabras.
 
Quédate un poco más, al menos hasta el próximo abril, para que podamos bailar en tu cumpleaños. Prometo no morir hasta entonces.
 
Te beso en la boca. Te beso en los ojos. Y te doy estas palabras rescatadas del fondo por tu causa, si es que pueden hacer que hoy seas un poco más feliz.