Fotografía tomada de El Heraldo

Tomado del muro de Andrés Salcedo

¡Qué vaina con este Teo Gutiérrez! Un portentoso jugador, con un fútbol más fino y elaborado en su cerebro y en sus botines que muchos colegas suyos más mediáticos y mejor tratados en los grandes medios nacionales.

Se podrán discutir muchas cosas de su carácter, que quizá sea el factor que ha impedido que su enorme talento lo haya llevado más lejos en su brillante carrera de futbolista.

Yo he sido un defensor suyo, gratuito, sin vínculo afectivo distinto al que se produce automáticamente entre un fervoroso hincha de un equipo, como yo, y un adorado ídolo de ese equipo.

Así como he defendido al futbolista he defendido su personalidad y su carácter. Entre la sumisa fauna de futbolistas colombianos (incluyendo a algunos que son estrellas) sobresale este hombre que no se deja manosear, que no se deja atropellar, que no llega a ejercer su oficio en un país extraño obligado a tragar entero ni a dejarse coger de monita, como decíamos antes en Barranquilla.

Recientemente he recibido dos nuevas pruebas de que es un hombre fiel a lo que piensa y a lo que siente.

Hace pocas semanas tuvo la gallardía y los cojones para rechazar una jugosa oferta del Atlético Nacional, con un solo argumento: no podía, se lo impedía su amor al Júnior. Amigos, eso ya no se ve, ni en el fútbol ni en la vida.

Ver ahora, en las fotos del entierro de su abuela, cómo el hombre indomable de los estadios se desplomaba del dolor y debía ser auxiliado por amigos y familiares, me deja la clara evidencia de lo que siempre he pensado:

Teo no es un jugador mediático, carece de glamour, no lo quieren los periodistas de Bogotá ni lo buscan los promotores de imagen, se equivoca a veces en las decisiones que toma, en fin....

Pero lo que nadie puede negar es que este futbolista, surgido de un barrio marginal de mi ciudad, no lo duden, ¡es todo un hombre!