Es probable que Jorge Luis Freyte Ponce no tenga la fluidez en lengua sajona de la miss de Boston a la que canta Carlos Vives; seguramente a la profesora gringuita el inglés “se le ve” más bonito que al docente de 45 años. Sin embargo, el teacher supo darse maña para conquistar a Alejandra Carolina Valencia Montenegro, su alumna de 17 años. Y la maña alcanzó incluso para preñarla. En Santa Marta, la lengua de Shakespeare, Poe y Dickens habla el idioma de Cupido.

El caso parece sacado de una novela de Corín Tellado, no sólo por la marcada diferencia de edad entre ambos, sino por las circunstancias que rodearon el idilio de la pareja. El pasado 7 de junio los padres de la menor, Rolando Valencia y Milena Montenegro, denunciaron la desaparición de su hija. El padre la había dejado esa mañana en el colegio Rodrigo de Bastidas de la capital del Magdalena y, según versiones de sus compañeras y de autoridades del plantel, se había ido con su profesor de inglés.

La sociedad samaria no tardó en revolucionarse y empezaron a correr distintas versiones: que el profesor ya había secuestrado previamente a otra menor, que Alejandra Carolina había sido víctima de trata de personas, que la vieron drogada con unos extranjeros en las playas del corregimiento de Taganga, y un largo etcétera. No faltó mucho para que el Centro Democrático sacara las “pruebas” de que la niña había sido secuestrada por las FARC, mientras otros dijeron que si esa era la paz de Santos.

Los medios de comunicación samarios y las redes sociales cerraron filas para rescatar a la menor. Hasta artículos le hicieron al que se conocía como noviecito de la joven, Daniel Alfonso Suárez, quien era uno de los comandantes del bloque de búsqueda que se armó para rescatarla de las garras del profe. En el artículo publicado por El Informador el 21 de Junio se pueden leer los deseos del muchacho por encontrar a su novia y las ganas que tenía de hacerla su esposa. Esperemos que Daniel sepa tomar las cosas por el lado amable, ya que no será ni el primero ni el último en ser víctima de un buen par de cuernos, aunque una cosa es el cacho y otra muy distinta la burlita de los amigos y de toda una ciudad.

El 22 de junio, de pronto y felizmente, la alumna y el profesor aparecieron en la Fiscalía. Llegaron agarraditos de mano y dándose besos tempraneros mientras eran custodiados por uniformados del Gaula del Ejército. Habían estado en Maracaibo, Venezuela, persiguiendo la tranquilidad para ser felices que no esperaban encontrar en la “Bahía más hermosa de América”. Vieron la noticia de su búsqueda en un noticiero y decidieron presentarse.

Alejandra Carolina informó en la fiscalía de la existencia de una carta que dejó a sus padres donde explicaba todo;sin embargo la madre escondió dicha misiva a las autoridades competentes. Como la canción, parece que para estos dos quererse no tiene horario ni fecha en el calendario, y tanto el maduro profesor como la estudiante estaban desbocados en un torrente de amor que gestaba su fruto, desde hacía 5 semanas, dentro del vientre de la joven. El tiempo dirá en qué acaba esta novela rosa; antes, las autoridades tendrán que decidir si hay hechos punibles en el comportamiento del profesor, quien podría enfrentar cargos por sacar a una menor de edad del país sin el permiso de sus padres.

Hace un par de meses otra docente, de 24 años, en Houston, fue arrestada por sostener relaciones con un menor de 13 años. Alexandra Viera, también profesora de inglés, manifestó el amor por su alumno y el conocimiento que la familia del menor tenía de la relación; incluso confesó que había quedado embarazada de él, pero abortó. La maestra pagó 100.000 dólares por su fianza.

Estos casos abren un interesante debate sobre la edad de consentimiento sexual y la tipificación del delito de abuso de menores y estupro. La comunidad de expertos en la materia y los distintos países no acaban de ponerse de acuerdo y el rango varía desde los 12 hasta los 21 años, generalmente influenciado más por razones religiosas y culturales que por conocimientos científicos o investigaciones de peso. Incluso en muchos países el hecho es juzgado con distinto rasero si el caso es heterosexual u homosexual. Cuando el acto se da en personas con el mismo sexo suele ser interpretado como más censurable y castigado con mayor rigor.

Mi propia existencia es resultado del amor de un hombre de 25 y una mujer de 15 que me parió a sus 16; eran otras épocas. Si en aquellos años 70 la legislación fuera como la de ahora, tal vez mis abuelos maternos le hubieran metido un buen susto al hombre del que heredé nombre y apellido. Por el momento, teniendo en cuenta mi rol actual de padre de tres criaturas, me tocará tener el ojo avizor frente a los maestros de mis hijos, especialmente los de inglés, porque al parecer por estas latitudes tropicales el idioma nacido en la isla británica levanta bajas pasiones.

(Imagen tomada de https://psicologiaymente.net)