Hay cierto paralelo en las vidas y carreras de Garry Marshall y Woody Allen: ambos nacieron en el Bronx con un año de diferencia, fueron niños durante la II Guerra Mundial, jóvenes durante la Guerra Fría, crecieron oyendo la radio, vieron el nacimiento de la televisión pública, comenzaron a trabajar en ella como asistentes, y posteriormente como guionistas, y finalmente llegaron al cine.

Hubo diferencias, claro. Allen se quedó en Nueva York, llego al cine en 1970, mientras Marshall marchó a California, desarrolló una carrera como creador de series de televisión y finalmente llego al cine, a principios de los 80. Con todo, no fue esa la diferencia fundamental. Mientras Allen iba en busca de las profundidades del alma humana, Marshall se especializó en las comedias románticas del tipo “hombre y mujer que se enamoran y viven felices”

Pero antes de llegar a ese punto Marshall desarrolló una serie de comedias para televisión que fueron iconos en los años 70: Una extraña pareja (The Odd Couple), adaptación de una obra de Neil Simon del mismo título sobre una pareja de divorciados de personalidades muy diferentes -interpretados por Tony Randall y Jack Klugman, quien después sería el protagonista de Quincy MD- que comparten un apartamento. La serie, que tuvo un gran éxito, le permitió a Marshall realizar más adelante uno de sus trabajos más queridos: Días Felices (Happy Days).

Ambientada en la época dorada del primer Rock and Roll, de mediados de los 50, narraba las peripecias de la familia Cunningham, una típica familia americana de clase media. Vivian en Wisconsin y el padre era el Sr. Howard, republicano, dueño de una ferretería; su esposa Marion, que detrás de esa imagen de ama de casa convencional escondía una mujer con un gran sentido común y algo rebelde; y sus dos hijos, Richie y Joanie. Richie (el director de cine Ron Howard) era un joven idealista de buenos principios, y tenía un grupo de amigos que con los años serían inseparables, entre ellos Arthur “Fonzie” Fonzarelli. (Henry Winkler). La serie fue muy popular y para mí trae un recuerdo imborrable: ver a mi padre, Frank Whelpley, llegar del trabajo y sentarse a ver la serie con atención. Con los años comprendí que le traía recuerdos de sus años de Bachillerato, que cursó en Louisiana, antes de regresar a Colombia. De esta serie, que duro 10 años, salieron dos éxitos más de la carrera de Marshall: La serie de televisión Laverne y Shirley, sobre la vida de dos mujeres jóvenes y solteras que trabajan en una cervecera de Milwaukee; y finalmente, de un capítulo donde un joven decía ser un extraterrestre sin que aparecieran Ovnis, creó la serie Mork y Mindy, con un joven Robin Williams. Todas ellas llenaron incontables momentos en las tardes de mi juventud.

Era natural que después de esos éxitos Marshall incursionara en el cine. Sus primeros trabajos recibieron críticas mixtas y parecieron mostrar que era incapaz de repetir el éxito logrado en televisión. Hasta que en 1990 se puso detrás de cámara para dirigir una versión edulcorada, mezcla de la historia de Cenicienta y el mito de Pigmalión, cuyo título tomaba prestado de una canción de Roy Orbison: Pretty Woman (Mujer Bonita). Este exitoso coctel de historias catapultó la carrera de Julia Roberts y convirtió en mito a Richard Gere. Volvería a reunirlos en 1999, con Novia fugitiva. A esos trabajos se añadieron títulos como Frankie and Johnny, El diario de una princesa I y II (que lanzó la carrera de Anne Hathaway) e Historias de San Valentín, con mayor éxito, que parecían repetir una misma fórmula: historias románticas de consumo fácil, de pañuelo y servilleta con actores famosos, personajes amables y la aparición de su actor fetiche: el puertorriqueño Héctor Elizondo. Por cierto, Marshall era encantador en el trato y los actores se peleaban para trabajar con él.

Sus películas puede que sean productos de consumo fácil, pero detrás estaba el arte de un director que sabía su oficio. Mi favorita es Frankie y Johnny (Al Pacino y Michelle Pfeiffer), donde se narra la historia de amor entre Johnny, un exconvicto y ahora cocinero, enamorado de Frankie, una camarera traumatizada por sus relaciones anteriores. A lo largo de la historia simpatizamos con Johnny que insiste en conquistar a la resistente Frankie, pero al final, y para librarse de Johnny, acepta pasar una noche con él. La noche se transforma en una sesión de confesiones mutuas: Johnny revela las razones por las cuales fue encarcelado, su divorcio, el alejamiento de su familia, y Frankie, su relaciones con parejas abusivas, la pérdida de un bebé, el hecho de no poder tener hijos, y su gran temor de volverse a enamorar. Johnny llama a la radio y convence al locutor, reacio a dedicatorias, que ponga Frankie y Johnny, una canción que simboliza el amor entre los dos, como despedida. La canción comienza a sonar, Frankie va al baño y comienza nerviosa a escucharla, toma el cepillo de dientes y se queda pensando. Johnny se viste, y aunque dudoso, se dirige a la puerta, sintiéndose derrotado. Antes de salir, Frankie abre la puerta del baño y cepillando de manera nerviosa los dientes, le dice:

-¿Quieres cepillarte los dientes? Aquí tengo un cepillo azul que nunca uso. Puedes usar mi salida si quieres ponerte cómodo.

Frankie sale del baño, se dirige a la ventana, sigue oyendo la canción y observa a los vecinos, entre ellos al hombre violento que ha sido abandonado por su mujer, vemos otras parejas durmiendo tranquilas, y finalmente vemos a Johnny, que llega cepillándose los dientes, vestido con la salida de baño, que dice:

-Espero que esta crema tenga flúor.

-Shhh, oye, dice Frankie, concentrada en la música.

Se quedan mirando, y de pronto Frankie dice:

-Tengo 36 años.

Johnny sonríe. Después los vemos en la cama, abrazados, buscándose el uno al otro.

Así de hipnótico era el trabajo de Garry Marshall, que nos dejó de manera discreta el pasado 19 de Julio, que le llevó a decir: "Me gusta hacer esta clase de trabajo tan sentimental y romántico. Es una labor sucia, pero alguien debe de hacerla”. Al final, hizo el trabajo sucio: conmovernos.

(Imagen tomada de http://az616578.vo.msecnd.net/)