Quiero empezar aclarando que no sé casi nada sobre ciclismo de ruta. Si acaso algunos rudimentos. Quizás por eso me resulta tan aburrido verlo (de hecho, lo mejor del Tour de Francia, año tras año, me parece la última etapa, cuando ya todo está definido y consumado, pero también cuando puedo ver una vez más a esa preciosura de ciudad que es París). Sin embargo, por más soso que me parezca ese deporte, encuentro imposible sustraerme a la fiebre de 42 grados que contrae todo el mundo en Colombia durante el desarrollo de algunas de sus principales competencias. Y mucho menos a sus insufribles secuelas de hiperbólico chovinismo.

El otro día, por ejemplo, tratando de hacer una broma inocente apodé 'Compay Segundo' a Nairo Quintana, pues quedar de segundo en la clasificación general del Tour de Francia -la competencia más importante del mundo de ese deporte- parece ser su destino insalvable (al menos mientras Chris Froome no se retire). Y pese a que este año ni siquiera alcanzó el segundo lugar en el podio, por cuenta de esa tomadura de pelo de buenas a primeras me vi envuelto en un torbellino de reclamos nacionalistas, pataletas patrioteras y delirantes acusaciones racistas por parte de una enloquecida turba de amigos míos que, por lo visto, no soportan la confrontación con la realidad.

Por más que lo intenté nunca logré establecer cuál era la supuesta ofensa de mi parte contra Nairo, máxime si era justamente ese el mayor reconocimiento que ellos mismos le hacían: que había conseguido obtener dos veces consecutivas el segundo lugar del Tour. Surrealista. Como para una película de Buñuel. Pero, si se mira bien, esa que tuvieron tendría que ser la reacción natural de unas personas que practican voluntariamente el 'doblepensar' orwelliano, esas evidentes contradicciones que conviven, simultáneamente y sin el menor inconveniente, en la mente de los ciudadanos del país imaginario donde se desarrolla la novela 1984.

Únicamente 'doblepensando' le sería posible a alguien afirmar que el sobrehumano rendimiento que muchos colombianos atribuyen a Froome sólo podría explicarlo un dopaje, y cinco minutos después pontificar que de no haber estado enfermo Quintana hubiese superado al inglés. No sé mucho de ciclismo, repito, pero algo de lógica vi en el bachillerato: si conseguir los tiempos de Froome es humanamente imposible a menos de que medie algo ilegal, pues con más razón tendría que mediar algo ilegal para que, enfermo o no, Nairo los superase (ya saben: premisa uno, "lograr esos tiempos es humanamente imposible", premisa dos, "Nairo es humano", conclusión…).

Entiendo perfectamente que en cuestiones deportivas, en las que la pasión por lo general nubla cualquier vestigio racional, exista cierta laxitud para soportar los disparates que diga otro sin que por eso pensemos que esa persona es estúpida. Pero tengo la impresión de que en Colombia llevamos esa situación más allá de los límites tolerables. Así es: durante las tres semanas que pasaron alcancé a oír y leer todo tipo de teorías que intentaban arrojar luz sobre la superioridad de Froome sobre Quintana, cada una de las cuales más absurda y ridícula que la anterior: que si Froome ganó la etapa valiéndose de una descolgada vertiginosa en el último tramo no fue porque de eso se trata una competencia -de ir sacando ventajas en los momentos claves-, sino porque él sabía "lo que le corría pierna arriba". Es decir, que lo hizo porque le tenía pavor a Quintana. Y que si Quintana perdió dos minutos con respecto a Froome en una contrarreloj no fue porque éste último corrió más rápido, sino porque tenía un motor escondido en la bicicleta. O porque Quintana usó el sillín demasiado alto.

En cambio, casi nadie mencionó el hecho más simple: que Froome es mejor ciclista que Nairo, tal como acaba de demostrarse este año por tercera vez consecutiva. Pero si uno hace ver ese hecho -incontrovertible a la luz de los resultados- inmediatamente será invitado a tomar una bicicleta y correr una de las etapas para comprobar lo duras que son éstas y las arduas condiciones en las que se desarrollan. Nadie duda que sea así. Pero es que precisamente de eso se trata: de sortear tales inconvenientes y llegar antes que los adversarios.

Esa patética susceptibilidad del colombiano, ese complejo de inferioridad que lo lleva a indignarse o molestarse en grado sumo frente a los hechos reales, son los ingredientes que desnudan su frágil raciocinio en tantos aspectos de la vida. Hecho que es aprovechado de inmediato por maquiavélicos políticos. Es gracias a ese fenómeno que -por ejemplo- en este país se puede poner tan fácilmente a un grupo enorme de personas en contra del presidente, acusándolo en la mañana de comunista y en la tarde de ese mismo día de neoliberal.

En todo caso, y al margen de todas las teorías en torno a la actuación de Quintana en el Tour, al margen de su extraña alergia al polen veraniego, al margen de la probable existencia de diminutos y sofisticados motores que impulsan ciclistas de 70 kilogramos montaña arriba a velocidades fantásticas, al margen de que Nairo "aún está muy joven" y blablablá, tengo que terminar aclarando que no tengo nada contra él ni contra su origen humilde ni contra su cultura boyacense ni contra su aspecto físico. Nada. En realidad contra lo que tengo algo es contra las enrevesadas, risibles y despreciables excusas que intentan defender lo indefendible. Porque por ahora la realidad es que Froome es primero. Y mi compay Nairo, segundo. No tengo -insisto- nada contra él.

Hombre, si hasta me encanta la música cubana.

(Imagen tomada de http://i.eurosport.com/)