Ya lo dijo duro y clarito frente a cámaras y con micrófonos abiertos, sin que le tiemble la voz para que parezca verdad lo que asevera: “El plebiscito es ilegítimo”.

Al tiempo que la Corte Constitucional declaró exequible el mecanismo de refrendación de los diálogos con la guerrillera más antigua del planeta, Uribe lo tildó de ilegítimo porque quedó en firme un umbral de menos de cinco millones de votantes. (Paréntesis: ¿recuerdan cuál fue el umbral de su Gobierno con los paramilitares? Ah, verdad que no hubo. Fue de 0% entonces). La declaración es bastante sorprendente si tenemos en cuenta que él y sus seguidores llevan meses en “resistencia cilvil”, recogiendo firmas para apoyar el NO, portando banderas de la tricolor con cintas de luto, entre otras marrulladas, como esa de andar “fotochopeando” imágenes para poner a reconocidos influenciadores a decir que han dicho lo que no han dicho ni dirán jamás (caso Juanes, caso Mockus).

¿Por qué el expresidente y actual senador del Centro Democrático sale ahora con ese cuento que no es legítimo el plebiscito en el que lleva tanto tiempo trabajando? Él, que ha luchado sin tregua para que el pueblo vote en contra del acuerdo, ¿cómo va a hablar de ilegitimidad en este momento, preciso en la recta final, cuando ya está jugadísimo y ha puesto todas sus cartas sobre la mesa? ¿A qué se debe el cambio de libreto?

Simple: porque se las huele. Sabe que va a perder, que el país no le cree, que estamos mamados de tanto rifirrafe, de tanta manoseadera, de tanta mentira, de tanta bellaquería. Sabe que el SÍ va a ganar de lejos, que los líderes del mundo entero están de acuerdo con el proceso y lo apoyan, que la veeduría internacional ha sido seria, que la ONU está encima, y que el SÍ barrerá. Entonces no quiere que lo cuenten ni estar entre los millones de perdedores que se opondrán a que demos por finiquitada esta guerra absurda que va por la pendejadita de 19 mil días. Siete mil guerrilleros van a entregarle las armas a la comunidad internacional. Eso no tiene reversa. Puede que Uribe y los suyos prefieran verlos en el monte para darles bala y no haciendo política ni ocupando cargos públicos, pero ese tren ya pasó. Lo que viene, que no es la paz porque ninguna paz se logra con una firma, es la oportunidad histórica de por fin sentarnos a construir un país en donde quepan todos los colores, un país que respete la diferencia y le abra espacio a todas las corrientes. La violencia y el odio hacen parte del libreto que debemos desterrar para abrirle camino a la reconciliación.

Entonces, como va a perder, Álvaro Uribe Vélez, el Gran Colombiano, va a cambiar de estrategia apostándole a la abstención. ¿Por qué? Porque así sí ganaría. Porque aquí la abstención, que suele ser de más del 60% del censo electoral en cada elección, es una práctica vergonzosamente arraigada en nuestra sociedad. No votamos, no nos gusta votar. Y él lo sabe. Sabe que en general el colombiano es un ciudadano indiferente, negligente, desmotivado, que cree que la cosa no es con él, que deja que otros decidan, que se limita a decir “¿para qué voto si ya esa vaina está cantada, esos votos están comprados, siempre ganan los mismos con las mismas?” En este momento en que las opciones son solamente tres porque en los plebiscitos no hay voto en blanco: podemos votar por el SÍ, por el NO o no votar. Pare de contar. ¿Qué hará Uribe, que ha dicho hasta el cansancio que votará por el NO? Se lavará las manos, señoras y señores, y se subirá al que intuye será el bus de la victoria, el de la abstención, el de la indiferencia, el de la incredulidad, el del importaculismo. Sabe bien que si vota NO legitima el plebiscito y que deberá entonces acatarlo y respetarlo. Por eso su próxima jugada será invitarnos a no votar. Tremenda canallada con tal de no dar su brazo a torcer y aceptar que esta vez se equivocó eligiendo el lado de la ignominia, el que será señalado en todo el Orbe como el de los amantes de la guerra. La democracia nuestra, al no tener como obligatorio nada, ni siquiera ejercer los deberes que como ciudadanos todos tenemos, le deja lugar a eso, al cinismo y al oportunismo de quienes piden más guerra pero no prestan sus hijos para ella.

La periodista Salud Hernández, quién lo creyera, ha sido más consecuente que su mesías. Invita a votar por el NO sin sonrojarse cada vez que tiene la oportunidad de hablar sobre el tema. Yo me uno a ella. Si luego de leer los acuerdos, de analizarlos, usted considera que nos merecemos seguir en guerra, hágale, marque con una X bien grande la casilla del NO. Pero no se quede en su casa renunciando a su derecho de pronunciarse a favor o en contra. Eso sí, no olvide que si se abstiene, el señor del corazón grande se va a apoderar de su dejadez, la hará suya, dirá que los que no votaron están con él y quieren lo mismo que él desea, la tal paz sin impunidad, esa misma que no se ha dado ni se dará en ningún proceso de paz de ninguna parte de la Tierra con un “no vencido” que está vivito y coleando como las FARC. Un enemigo que ni él, en sus ocho años de chumbimba, pudo sacar del ruedo.

(Imagen tomada de http://zonacero.com/)