Dos noticias que sacudieron por estos días a la opinión pública colombiana me recordaron la célebre alegoría de La Caverna, que planteara Platón hace más de dos mil años. Haré un rápido repaso para quienes la han olvidado: unos hombres, desde su nacimiento, han sido atados y sus cabezas inmovilizadas en el fondo de una caverna, de modo que sólo pueden conocer el mundo exterior por medio de las sombras que se proyectan en la pared gracias a la luz de una hoguera que está siempre encendida a sus espaldas. La situación sigue así hasta que uno de ellos es liberado. Entonces éste sale de la caverna, ve el mundo tal como lo ven los que están afuera, con sus colores y sus formas, y regresa para contarles a sus antiguos compañeros de cautiverio las maravillas que ha visto, lo engañados que han estado todo el tiempo.

Pues bien, sombras en la pared parece ser lo único que ven quienes la semana pasada pusieron el grito en el cielo con la propuesta gubernamental de habilitar baños mixtos en los colegios y sitios púbicos. Los argumentos para oponerse son francamente delitantes, y van desde respetar 'el orden natural de las cosas' -refiriéndose a que sólo existen dos sexos, y no tres ni cuatro- hasta teorías conspirativas que hablan de una supuesta 'toma gay del poder' que busca convertir a todo el mundo en homosexual.

Sobre la teoría conspirativa ni siquiera vale la pena quemar cartuchos: quien crea eso es simplemente un idiota sin remedio. Pero sobre lo otro, bastaría con hacerles ver que las leyes se inventaron justamente para no tener que regirnos por 'el orden natural de las cosas'. La ley humana se hizo para derogar la ley de la selva, la ley del más fuerte. De regirnos hoy por 'el orden natutal de las cosas', un hombre podría agarrar por el pelo a una mujer, arrastrarla hasta donde le viniera en gana y sostener con ella una relación sexual unilateral. Así se comportaban los hombres primitivos. Ese era 'el orden natural de las cosas' antes de que existiera la civilización.

Hoy, las mismas leyes que impiden que eso suceda también buscan que una persona pueda, desde su infancia, elegir el género y la orientación sexual con la que se sienta más a gusto. No hay nada de malo con eso. La inclusión y la tolerancia en ese sentido son cuento viejo en sociedades mucho más avanzadas que la nuestra, y en ellas ni hay una dictadura homosexual ni la gente se convierte en gay por contagio. Con hacer algo tan sencillo como estudiar las realidades actuales de los países escandinavos sería suficiente para dejar de ver esas en la pared esas sombras supersticiosas y embrutecedoras que todo lo distorsionan de mala manera.

(A quienes con el 'orden natutal de las cosas' se refieren a la historia de Adán y Eva -ya saben: "Dios creo un hombre y una mujer" y toda esa cháchara-, les dedicaré un párrafo cuando hayan acabado de destruir todas las manzanas de los supermercados -para evitar que alguien las coma- y terminado de hablar con las culebras en los serpentarios).

Pero sombras en la pared también ven los que por estos días se han subido al tren del 'no' a la paz. Que por lo visto son más de los que se pensaba, si le creemos a la encuesta realizada por Datexco para La W y El Tiempo. Parece lógico: pocos son los colombianos que han vivido en un país sin guerra, y para la mayoría de nosotros el conflicto, la sangre y las balas ha sido la única realidad. Sólo hemos visto esas sombras macabras durante toda nuestra existencia, y creemos que el mundo sólo puede ser así, y que la violencia es la única solución a los problemas.

Sin embargo, también sería suficiente con enterarse, aunque sea un poco, de cómo en épocas recientes se han resuelto guerras y conflictos similares al nuestro en países cuyos problemas también parecían insolubles. Con tomarse ese trabajo bastaría para darse cuenta de que no hay nada descabellado ni fuera de lo común en el proceso de paz liderado por el presidente Santos. Se encontrarían los mismos tira y aflojes, los mismos sapos que tragar, las mismas concesiones de parte y parte (de hecho, los expertos consideran que este proceso colombiano es el más completo de mundo).

Una alegoría que viene pasando la prueba desde hace más de dos milenios, siempre puede aplicarse con éxito a una situación actual que se le adecúe. Y en este caso el nombre escogido por Platón para la suya encaja sin esfuerzos con la forma en que se conoce en Colombia a ese sector político guerrerista y homofóbico que, con el fin de lograr sus mezquinos intereses, se las arregla para mantener en el oscurantismo más infame a sus seguidores. A los cuales será muy difícil convencer de que hay otras realidades. Como en la alegoría, no le creerán a quien venga a traerles noticias acerca de un mundo donde el sol brilla y hay astros y árboles. No sólo no le creerán, sino que son capaces de matarlo.

Y algunos lo harán si tienen la oportunidad, advierte Platón.

(Imagen tomada de https://d262ilb51hltx0.cloudfront.net)