Tomado del muro de Samuel Rosales Ucrós

Sé que es bastante difícil de creer, pero una vez, en un conato de riña callejera, puse a correr al legendario Antonio Cervantes 'Kid Pambelé'. Aquí va la historia.

Hace muchos años -quince, creo-, cuando yo pertenecía al suicida mundo de los trotadores (aunque, debo aclararlo, a duras penas 'corría' unos 1,5 K), andaba trotando por las hirvientes calles de Cartagena, a eso de las 11 de la mañana (lo cual debería ser declarado como 'deporte de algo riesgo' por cualquier cardiólogo responsable). Cuando estaba a punto de llegar al sitio donde me hospedaba, en el recinto amurallado, vi un tumulto de gente justo enfrente de la puerta por donde yo debía entrar. En la mitad del gentío estaba un hombre negro (como casi todos los que lo rodeaban) de quien los demás se reían: le gritaban todo tipo de cosas burlescas y le daban todo tipo de órdenes absurdas. De repente, el hombre se apartó del grupo y quedó con su cara de frente a la dirección de donde yo venía. Estaba lo suficientemente cerca como para que yo lo reconociera: era Pambelé. Pero también lo suficientemente lejos como para darme tiempo de deducir lo que estaba pasando: con seguridad estaba en una de sus frecuentes borracheras de entonces, y a eso se debían las viles burlas y humillaciones de las que estaba siendo objeto. Cuando inevitablemente me acerqué más, nuestras miradas se cruzaron, y él, que con ojos desorbitados y una expresión de furia en la boca se dio cuenta de que le sostuve la mirada (como lo hace uno con alguien que conoce, sea en persona o sea por ser famoso el otro), me reclamó airadamente: "Saluda". Acto seguido se me vino pa' encima, con los puños cerrados. Hecho que convirtió mi mediocre trotecito de pony discapacitado en un formidable carrerón de correcaminos con diarrea. Sólo disminuí cuando me di cuenta de que el gran Antonio Cervantes había renunciado a atrapar a su próxima víctima de knock-out fulminante. Bien merecido me lo hubiera tenido: si alguien se merece un saludo en este país es él, que fue el primero que -sin los aspavientos de ahora- sacó la cara por este miserable vividero olvidado y destruido.

Pues sí, señoras y señores, así como lo leen: yo puse a correr al inmortal 'Kid' Pambelé. A correr detrás de mí, pero lo puse.

(Imagen tomada de https://fronterainformativa.files.wordpress.com)