Colombia es un país tan disfuncional que aquí no marchamos por la libertad, menos por la igualdad y ni siquiera por la fraternidad, pilares de cualquier sociedad medianamente civilizada. Tampoco marchamos contra los males que nos carcomen, la corrupción, el sistema de salud o las falencias de nuestro sistema educativo nos tienen sin cuidado. Menos vamos a marchar por los derechos de un mariquita suicida como Sergio Urrego. Sin embargo, estamos como los boy scouts (siempre listos) para llenar de basura las redes sociales y armarnos una marcha contra la paz o ahora una contra la inclusión. Mientras Oscar Figueroa se vestía de oro en Brasil, en este país del Sagrado Corazón seguimos pelando el cobre con nuestra estrechez cerebral.

El día 10 de Agosto habrá una marcha en Colombia, muy probablemente multitudinaria, para salvar a la sociedad y a la familia, según sus organizadores. Nos van a mariquear a los pelaos dicen unos, nuestra fe está en juego dicen otros, corren de un lado para otro, lanzan alaridos, muerden, inventan y malinforman todos. Según lo que leo, Adolf Hitler y Joseph Goebbels se quedaron en pañales frente a Juan Manuel Santos y Gina Parody. El Estado colombiano ha orquestado un plan sistemático para destruir nuestros valores y confundir a nuestros niños, tal vez es que ya llegó Fidel.

Se ha hecho un matoneo sistemático a una ministra (¡qué casualidad mujer y gay!) por cumplir una sentencia de la Corte que simplemente le recuerda al Estado su deber de fomentar la inclusión en las instituciones educativas. Sergio Urrego se suicidó por culpa de todos,  por los complejos de una sociedad homofóbica e intolerante, entonces la Corte determinó que como país es imperdonable perder más Sergios Urrego. A través de su sentencia T-478 de 2015, la Corte pide implementar la Ley 1620 de 2013 con la que se busca garantizar que los menores gocen de un ambiente escolar sano, libre de violencia y discriminación en las instituciones educativas. Nada nuevo bajo el sol hasta ahí.

Para cumplir la sentencia, el Ministerio de Educación contrató a la ONU, a través de Unicef, para desarrollar una guía para la revisión de los manuales de convivencia en los colegios, que según la misma sentencia deben ser actualizados antes de finalizar el próximo septiembre. A la fecha, los manuales sólo han sido actualizados por menos del 25% de los colegios. La Unicef hizo su labor de contratista y desarrolló una guía, que está siendo revisada por el gobierno. Hasta ahora de manera oficial no se ha implementado nada de la famosa guía, que sí existe y que sería bueno que los padres se la leyeran antes de marchar mañana como autómatas. La guía plantea reflexiones sobre aspectos en la identidad de género, orientación sexual y cómo proteger estos derechos en los ambientes escolares. Los colegios son los responsables de dar las discusiones al interior con los padres y determinar bajo qué mecanismos se protegen a  las minorías y cómo su manual de convivencia garantiza el libre ejercicio de estos derechos universales.

Pero en este país todo es bajo y sucio y han circulado revistas porno belgas, textos de un colegio cartagenero de 2013 y una cantidad infinita de etcéteras como si fueran documentos oficiales y exigencias de la ministra homosexual. ¿Quiénes están detrás de todo esto? Los sospechosos de siempre, los puros y castos, todos sabemos muy bien quienes son esos angelitos.

Ahora me pregunto si estoy sufriendo de una disociación con la realidad. ¿Será que yo vivo en Suecia o en Finlandia? ¿Cuál sociedad maravillosa es la que me están invitando a preservar? ¿Qué paraíso es el que no podemos perder y por el cual estoy obligado a marchar? Señores, vivimos en Colombia, uno de los países más inequitativos del mundo, con un Indice GINI superior a 0.5, un país violento, fratricida y corrupto. Un país donde en nuestra familia nos enseñan desde chiquitos que el más varón es el que más hembras tiene, que no hay que dar papaya, que a papaya puesta papaya partía. Un país bárbaro y anacrónico, con una doble moral, un país oscurantista. Aquí precisamente de lo que se trata es de sacudir nuestras certezas, esos cimientos de nuestra sociedad fallida, debemos desaprender todos y tal vez todo, o al menos que las nuevas generaciones no crezcan con nuestros complejos, nuestro sectarismo, con nuestros mismos miedos.

El máximo jerarca de la Iglesia Católica en Barranquilla ha apoyado la marcha. Es tragicómico: quien tiene miles de compadres acusados de pederastas me viene a decir lo que debo pensar, lo que debo hacer. Los pájaros tirándole a las escopetas. Tengan un poco de vergüenza y más bien organicen una marcha pidiendo perdón por todos los niños violados por curas. El Papa públicamente reconoció los crímenes y pidió excusas, quizá el Dios misericordioso les dé la absolución.

Muchos de los padres que marcharán mañana creen que su hijo va a ser víctima de una loca arrebatada en el curso, que va a ser contagiado, dañado en su pureza por un aberrante homosexual. ¿Qué pasaría si su hijo es el marica del salón? Muchos de esos padres varones rara vez recogen un boletín, nunca van a una reunión de padres, les da pereza ir a un cumpleaños. En el jardín al que ingresó mi hijo menor, el viernes citaron a una reunión de bienvenida para los padres de los nuevos alumnos: había nueve madres y sólo tres padres. En vez de vociferar tanto en redes sería bueno que tuviéramos las dos bien puestas para vincularnos más efectivamente en la educación de nuestros pequeños.

Con tristeza veo cómo mi colegio, mi alma mater y donde estudian mis hijos está presionando a los padres para que asistan a la bendita marcha. A través de una circular invitan a participar mañana miércoles en el tumulto robótico que se agolpará en la Plaza de la Paz de Barranquilla. Ese mismo colegio que me enseñó a no tragar entero, a informarme y a pensar, a ser tolerante y amar al prójimo como a mí mismo. Ese mismo colegio donde vi tantas situaciones extrañas que en su momento no supe manejar. Ese mismo colegio donde fui matoneado, donde también fui matoneador, sin entender muy bien mis derechos, mis deberes, ni los derechos de los otros, ni sus deberes. Tuvimos suerte: en esos tiempos no había ni Facebook ni twitter y todo quedaba ahí, en el salón de clases, y a otra cosa mariposa. A Sergio le tocó nacer en esta era digital, con sus beneficios, pero también con sus lastres.

Pero mañana aún no cesará la horrible noche y allá marcharán con sus camisetas blancas, con sus crucifijos, con sus rosarios, con sus dogmas. Mientras, me queda la esperanza cierta que marchan hacia un pasado que va de salida, que se diluye en la medida en que las nuevas generaciones interpretan mejor los signos de su tiempo. Confío en la inteligencia de esos jóvenes, en su sensibilidad por temas que mi generación no fue capaz  de entender. Mientras tanto sería mejor que sus padres marchen con una camiseta negra y no hacia adelante sino hacia atrás, en reversa. Mañana no es más que eso, una marcha de espaldas al futuro.

(Imagen tomada de http://www.lalenguacaribe.co)