En Barranquilla, en los calores del 8 de Agosto de 2016

Querida Amira:

Hoy te he recordado al leer las noticias sobre lo que sucede con el Teatro Municipal.

Amira, si te contara:

Ya nadie recuerda tu parentesco con Diógenes Arrieta, tu abuelo. Aquel político liberal hijo natural de un señor Bustillo de San Juan Nepomuceno, (y por lo cual esta familia reclama con razón que debías apellidarte Amira Bustillo) amigo de Vargas Vila quien a su muerte en Caracas compuso el célebre elogio fúnebre que repetían los liberales en sus borracheras etílicas anticlericales:

"Tú lo dijiste: Aquel que dijo a Lázaro: ¡Levanta! No ha vuelto en los sepulcros a llamar; ¡No llamará en el tuyo! ¡Duerme en Paz!"

Que nadie recuerde a tu padre, hijo del matrimonio civil de tu abuelo, es entendible: El pobre murió muy joven dejando una viuda y ocho hijos; tu madre Enriqueta Mac Gregor, los sacó adelante con tu ayuda y de alguna de tus hermanas. Por ahí hay algunos que recuerdan el Colegio Gabriela Mistral, de las hermanas Arrieta Mac Gregor, tu familia, y que honra a esa gran poeta y educadora chilena, que era además íntima amiga y consejera tuya.

Amira, con horror descubro que tu nombre dice muy poco hoy a los barranquilleros y colombianos. Eras la señora de Rigoberto De La Rosa Ortega. Quienes te conocieron hablan de tu “gracia, donaire y gran señorío”. Te recuerdan como si fueras una señora que en sus ratos libres escribía cuentos y poemas. Olvidan que trabajaste desde muy joven, que fuiste una mujer independiente, dueña de ti, que te casaste, sí, y no te conformaste con ser una ama de casa, de tardes de reuniones y juegos de cartas; olvidan que fuiste educadora, diplomática, y a tu manera, feminista, cuando esa palabra no se usaba.

Amira, tu obra ya no se lee. Tengo tu relato Marsolaire, que conseguí en un “agáchate” del Paseo Bolívar por dos monedas de quinientos pesos. Lo leí, y me emocioné: En esa historia casi bucólica hay una premonición de la violencia que luego nos azotaría. Lo demás es casi inconseguible. ¿Dónde conseguir La Luna con Parasol? ¿Dónde quedaron tus obras de teatro, Madre Borrada, Piltrafa, Las viudas de Zacarías, El ausente, o Los Hijos de Ella? ¿O tú obra radiofónica, que amabas tanto?

Le pusimos el nombre al Teatro Municipal dizque para honrarte y te olvidamos. Hay una foto tuya a la entrada de la oficina del director, junto con la de Alfredo Gomez Zurek, otro olvidado. Sabes que hoy El Teatro está cerrado por deterioro pero eso no ha servido para recordar tu obra: En una pequeña encuesta que hice en la oficina, mis compañeros reconocieron no saber quién eras, ni que hiciste. Uno sin embargo, si señaló que eres la autora de la letra del Himno de Barranquilla.

Amira, pocos teatros tienen el nombre tan bien puesto, como el de Barranquilla; eras pedagoga, autora, actriz, directora teatral y poeta; eras una elección acertada y lógica, un honor más que merecido; y su cierre temporal por abandono, representa tan bien a Barranquilla, una ciudad acostumbrada a olvidar su pasado y reescribir su historia.

Sabes que con motivo del cierre del Teatro se alzaron voces protestando por lo ocurrido; pero eso no deja de ser un reflejo del sentir de una dirigencia poco interesada en la cultura, salvo por aquello que de lustre. Elocuente fue la entrevista a un conocido empresario que de joven participo en una obra Pro Teatro, y su destemplada respuesta fue que “Él tenía una empresa y muchos problemas para hablar de eso”. Un funcionario de la administración respondió que el nuevo Centro de Eventos próximo a inaugurarse, era un lugar perfecto para reemplazar al Teatro, delirante respuesta que contó con el aplauso de la administración de turno.

Sí, Amira, esa es Barranquilla, una ciudad que borra en nombre del progreso las huellas de su pasado. Ahí está el Museo Romántico, el esfuerzo de toda una vida del historiador Alfredo De La Espriella, lo recuerdas, que tanto amaba tu obra y representó tu teatro; más allá de sus méritos, debería ser apoyado, y solo ha encontrado el desinterés de la dirigencia. Menos mal que Alfredo, con la memoria cada vez más borrada, no es testigo consciente de esta desidia.

Ahí está, olvidada en la esquina de la 74 con 60, la casa que fue de nuestra gran poeta y orgullo nacional: Hablo de Meira Delmar, quien se reconocía discípula tuya, y de la que la pluma venenosa de Harold Alvarado Tenorio describía como “Ese ser maravilloso en los calores de la Barranquilla antes del aire acondicionado”, haciendo reconocimiento de su arte: Es una de las dos mujeres poetas incluida en su arbitraria antología Ajuste de Cuentas. Sin embargo, hoy su casa, salvo unos esfuerzos menores, languidece junto con sus recuerdos, hasta que el progreso se encargue de borrar sus huellas.

Sí, Amira, le pusimos tu nombre al Teatro Municipal para olvidarte, como muchos otros sitios de esta pujante urbe. Tu colegio, el de tus hermanas, que tanto orgullo te dio, ya no existe. Se acabó en nombre del progreso. Tu hijo, al cuidado amoroso de sus tías, se lo llevó un arroyo de esos que han dado fama a la ciudad. Tu obra, recogida gracias al empeño de Enrique Dávila Martinez, desapareció en parte. Cuenta la leyenda que un viejo arcón que había sido vendido a un anticuario fue abierto y allí se encontraron papeles, cartas, escritos, poemas, y borradores de tus obras; los iban a botar por papeles viejos, pero la ambición del anticuario pudo más: Se los vendió a los pocos estudiosos por unas monedas. Con todo Amira, parte de tu obra teatral se perdió, en esta Barranquilla que tanto honor le diste y amaste.

Sí, Amira, como tantos otros que amaron esta ciudad y residieron en ella, borramos tu memoria. Allí estas tú, Meira, el Profesor Assa, o Alfredo. Porque eres solo objeto de un verso, y aquí no hay lugar para la belleza, solo para aquello que es utilitario y práctico.

Quizá hubiera sido mejor que te hubieras ido y no volvieras, como Marvel, Carmencita Pernett, Alejandro Obregón y hoy Shakira o Sofía Vergara. Esta ciudad es chata, confunde progreso con utilitarismo, negando y cambiando su pasado. Quienes se fueron, captaron eso. Tú no, te fuiste y volviste, y así te pagamos.

Bienvenida al olvido.