Por Valentina Escolar* 

Un día como hoy, con el sol radiante sonriendo en el cielo, Benjamín se levantó un poco desconcertado gracias a un sueño que por algún motivo lo dejó como sacado de onda; sin embargo, él se mostró como si nada, como si todo estuviera igual que siempre.

-Buenos días mamá-, dijo Benjamín.

-Buenos días mi vida, ¿Qué tal tu noche? -, preguntó su madre.

-Pues he podido abrir los ojos para ver este bello y hermoso día, así que fue buena.

-Me alegro, siéntate, ya te llevo el desayuno.

Benjamín es un chico alto, de ojos color miel, cabello castaño, largo y liso. Benjamín vive con su madre, su hermano menor y un perro llamado Herbie, que es su mejor amigo. Benjamín casi siempre está alegre y de buen humor, sus vecinos dicen de él que es un joven ejemplar, estudioso y amable; y de hecho así es Benjamín, un chico que hace sentir orgullosa a su mamá.

A Benjamín le gusta mucho escribir historietas, por lo general humorísticas, y pasa gran parte de su tiempo libre dibujando y creando mundos imaginarios. Su rutina es casi la misma todos los días: cuando sale de la escuela se va disparado para su casa, se da un buen baño, come, luego se cambia, monta su bicicleta y sale con Herbie, su perro, al parque cercano a buscar la inspiración que le llega como un torrente de agua a través del verdor de los árboles y del follaje, de la risa y de la alegría de la gente de su barrio llamado Paraíso. De allí recoge lo que puede para luego crear sus dibujos y las historietas que plasma con entusiasmo en su libreta. Sus historias generalmente tratan de humor político, de un perro parlante, del diario vivir de la gente de la ciudad y de un hombre muy divertido que siempre lleva un sombrero que dice R.I.P.

Después de tomar el desayuno terminó de arreglarse, se miró por unos segundos en el espejo, se despidió de su madre y de su hermano Cristian y se fue en su bicicleta rumbo a la escuela. Justo unos minutos después de que el reloj marcara el final de la tercera hora y el estruendoso timbre avisara que había llegado el recreo, cuando todos se dirigían al patio a divertirse y charlar un rato, Robin, un estudiante del curso de al lado, le agarró el trasero a Evangeline, la novia de Benjamín. Evangeline se enfadó mucho, pero disimuló para evitarle un problema a Benjamín, pero sus esfuerzos fueron en vano, Benjamín, rojo de la ira de la cabeza a los pies, fue hasta donde Robin y lo increpó: “¿Qué te pasa, pervertido?… ¿No te han enseñado cómo tratar a las mujeres? ¿Quién te crees para faltarle el respeto a mi novia?”.

-Cálmate amigo, no fue nada y además ni siquiera sabía que era tu novia-, contestó Robin intentando calmar los ánimos.

-¿Ahhh sí? Pues ahora te pondré una ecuación que yo mismo te despejaré para que no se te olvide y te quede un poco más claro…

El altercado dejó un doloroso saldo: una nariz rota, dos labios partidos, como diez moretones repartidos equitativamente y cada uno tuvo el placer de tener un ojo arco iris. La riña duró casi cuatro minutos y medio y solo con la llegada de tres profesores los contrincantes se separaron. El director estaba sorprendido con el comportamiento de Benjamín ya que él se caracteriza por ser una persona pacífica; no obstante, tuvo que impartir justicia sin excepciones. Los acudientes de ambos chicos fueron llamados a la escuela y Robin y Benjamín se fueron con una suspensión de cuatro días para sus hogares.

En el camino, Benjamín y su madre no cruzaron una sola palabra. Al llegar a casa, él se fue a su cuarto, se puso los audífonos, se tumbó en su cama y cayó en un profundo sueño. Despertó gracias a los lengüetazos que Herbie le estaba dando en la cara.

Benjamín dormía en una cama flotante de la que se desprendía una larga escalera que le permitía llegar a la superficie. En ese momento pensó en aquella canción de Led Zeppelin, ‘Stairway to heaven’ y se dio cuenta de que esta era la forma inversa del título de la canción. Al bajar vio una aglomeración de personas caricaturizadas escuchando a un hombre que le era muy conocido, se acercó a ellos para ver de qué se trataba lo que decían.

-Les prometo la mejor pista de patinaje sobre hielo-, dijo el hombre que al parecer se había postulado para Alcalde.

-Pero en esta zona no cae nieve, señor-, replicó un ciudadano.

-Pues les prometo que desde que inicie mi Alcaldía empezará a caer nieve en la estación de invierno.

-¡Sí! Por fin va a cambiar esta ciudad-, decían las personas con gran entusiasmo.

Benjamín como pudo se alejó de allí y sin darse cuenta estaba en un lugar totalmente diferente, con muchas luces. Pensó en que el decorado y los paisajes y las luces se le parecían a Hollywood. El ambiente le era muy familiar, sin embargo, no concretó en qué lugar era que estaba, hasta que Herbie le dijo: “Estás un poco desconcertado cierto, de seguro el viaje te ha producido una leve amnesia ¿No te has dado cuenta de dónde estás? Observa mejor el paisaje y piensa bien”. Le tomó unos minutos, pero logró darse cuenta dónde estaba. Era su propio mundo, su mundo de historietas.

-Mira hacia arriba-, le dijo Herbie. Era el parque que él tanto frecuentaba, pero al revés.

-Pero ¿Cómo es posible? Y ¿Qué hago aquí?

-Mi gran amigo, resulta que en medio de la pelea hubo un momento en el que Robin te dio un golpe muy fuerte en la cabeza, lo que desafortunadamente te causó la muerte.

–¡No puede ser! ¿Qué pasará con mi mamá y mi hermano?… Así no me imaginaba que era el cielo ¿Cómo puede existir este lugar?

-La señora Erika y el joven Cristian tendrán que volver a sentir ese dolor tan terrible que deja la pérdida de un ser querido, pero no te preocupes que después de un largo tiempo y de asistir a unas cuantas terapias se recuperarán. Sé que este lugar no es como el cielo que los humanos se pintaban, pero recuerda que cada quien está donde quiere estar. Este lugar existe porque tú lo creaste, tú fuiste el que lo construiste. Apresurémonos que ya voy tarde para el show del que soy protagonista gracias a ti.

“Me da mucha risa escuchar mis creaciones en vivo y en directo, sobre todo esta línea: ¿Cuál es el colmo de una aspiradora? Que sea alérgica al polvo”, pensó Benjamín conteniendo un súbito ataque de risa. Al salir de allí Herbie lo llevó a ver el mejor el lugar de ese mundo, su propio mundo interior. Lo paseó y le mostró cada rincón y cada una de sus creaciones.

-Esto es asombroso ¡Es increíble que pueda ver los pensamientos de los demás! Además, el lugar se siente como mi tierra.

–Así lo quisiste tú. Bueno, ahora vamos a ir a visitar a alguien muy importante.

–¿De quién se trata?

–Tranquilo, ya lo sabrás.

Casi que con solo pensarlo llegaron a una casa muy bonita, pero pequeña, Herbie llamó a la puerta diciendo: -Oye Gabriel, ¿estás aquí? Benjamín se sorprendió mucho que desde que llegó no habiera visto al personaje que llevaba el R.I.P sobre su cabeza, ya que la identidad de este personaje era desconocida para los demás, pero él sí sabía que detrás de ese personaje se escondía la identidad de su padre.

–Adelante, pasa, que está abierto–, dijo una voz dentro de la casa.

Al entrar, Benjamín no podía creer lo que veía, a pesar de que por fuera se veía pequeña por dentro la casa era un lugar enorme, lleno de muchos libros por todos lados, pero lo que más llamó su atención fue ver que sobre una mesa estaba el R.I.P que su padre llevaba siempre en la cabeza, y en ese momento escuchó una voz detrás de él que decía: “Hola hijo, cómo estás, tiempo sin verte.”

Benjamín dio vuelta lentamente y con la respiración un poco agitada, no podía creer que frente a sus ojos estaba su padre tal cual como él lo recordaba antes de su muerte. Solo podía pensar en correr y abrazarlo, pero las piernas no le daban para caminar, entonces su padre vino a él y lo abrazó fuertemente.

–No sabes lo mucho que esperaba este momento papá, el poder abrazarte de nuevo.

–Yo también te he extrañado hijo, a ti y a toda la familia, pero tendremos que esperar para estar juntos.

–Pero papá, ya yo estoy aquí.

–Sí, pero no deberías estar aquí porque tu tiempo no ha llegado.

–Pero estoy aquí, no lo entiendo.

–Ven conmigo, te mostraré a qué me refiero.

Su papá llevó a Benjamín a un lugar de la casa donde se encontraba un sujeto anciano, muy barbudo, que era el encargado de cuidar los libros.

-Tú debes ser Benjamín, pasa te estábamos esperando. Siéntate, te diré por qué estás aquí. En estos libros están escritas las vidas de todas las personas de la Tierra. Tu padre me ha contado tanto de ti y tu familia que sentí la curiosidad de leer su vida, ya había leído la de tu madre y tu hermano, pero cuando estaba leyendo la tuya me quedé dormido sobre tu libro y como hacía calor comencé a sudar y la tinta se borró, por eso tu historia se alteró y estás aquí.

–¿Y ahora qué va a pasar conmigo?-, dijo Benjamín preocupado.

–Tranquilo, ya hablé con el supremo, solo tenemos que llevarle tu libro.

Salieron de la casa con dirección al norte subiendo una gran colina, al llegar a la cima había un castillo, el más grande que sus ojos hubieran visto, brillaba tanto que parecía hecho de oro. Al entrar los esperaba un tipo enorme con vestiduras largas y coloridas, tenía una corona adornada con piedras preciosas, las más hermosas que se podrían imaginar.

–Ya era hora de que llegaran, rápido, no queda mucho tiempo. Si no arreglamos tu libro de inmediato no podremos cambiar tu historia. Debes entrar en esta máquina con tu libro, así se corregirá tu historia y podrás volver a casa como si nada de esto hubiese pasado.

–¿Insinúas que no voy a recordar nada de esto?

–Así es, volverás a casa como si nada, pero debes saber que es la primera vez que algo así sucede, esta máquina nunca se ha probado antes ¿Estás seguro que quieres hacerlo?

Lo pensó por unos segundos…

-Sí, -contestó entusiasmado.

-Entonces entra.

-Adiós a todos. Papá, fue un placer haber compartido este tiempo contigo, te voy a extrañar.

-Tranquilo hijo, nos volveremos a ver.

Se despidió afectuosamente de todos y entró a la máquina. “¡Herbie!, allá te veo”, fue lo último que se le escuchó. Aproximadamente un minuto y medio después, la máquina explotó…

Un día como hoy, con el sol radiante sonriendo en el cielo, Benjamín se levantó un poco desconcertado gracias a un sueño que por algún motivo lo dejó como sacado de onda, sin embargo, él se mostró como si nada, como si todo estuviera como siempre.

-Buenos días mamá-, dijo Benjamín.

-Buenos días, mi vida, ¿Qué tal tu noche?-, respondió su mamá.

-Pues he podido abrir los ojos para ver este bello y hermoso día, así que fue buena.

-Me alegro, siéntate ya te llevo el desayuno…

*La autora del cuento, Valentina Escolar, tiene 14 años y cursa noveno grado.