Nota introductoria

Se cumplieron 80 años del inicio de la Guerra Civil española, y aunque sería deseable que este tema fuera ya asunto de historiadores, muchas de las heridas causadas por este conflicto perviven. Leer sobre ella explica muchas de las cuestiones sociales que vive hoy España: los nacionalismos las dificultades para formar gobierno de nuestros días o la pervivencia de mitos que alteran la convivencia. Lo que sigue a continuación es solo ficción y es responsabilidad única del autor.

Primer diálogo imaginario

Media Mañana del 19 de agosto. Sede de la Falange. Granada.

Falangista: Trescastro, anoche no os vi en la reunión de coordinación.

Trescastro: Anoche llevamos de paseo a cuatro, entre Viznar y Alfacar. Al final les dijimos que corrieran y les dimos CAFÉ, mucho CAFÉ.

Otro falangista: No nos habéis avisado, para ir con vosotros.

Trescastro: No era necesario, solo eran dos rojos cobardes que lloraron al saber su destino. Un señorito maricón, al cual yo mismo le he dado dos tiros en el culo, y un cojo masón que negaba la existencia de Dios.

Falangista: Habéis hecho bien, hay que ayudar a limpiar España de ateos, rojos, masones y afeminados. ¡Viva España!.

Los Otros: ¡Una, grande y ibre!

Los hechos

Ya hay un español que quiere

Vivir y a vivir empieza,

Entre una España que muere

y otra España que bosteza.

Antonio Machado

El 18 de Julio de 1936 un grupo de oficiales bajo la dirección del General Emilio Mola Vidal, y el liderazgo nominal de José Sanjurjo, se alzaron contra el gobierno del Frente Popular que, bajo la dirección de Santiago Casares Quiroga, gobernaba desde las elecciones del 16 de febrero de ese año. Parecía este el final inevitable de las turbulencias políticas de España, que comenzaron con la invasión napoleónica de 1808. A partir de ese momento, España, un país que había gozado de relativa paz los tres siglos anteriores, se volvería uno de los más turbulentos. En un período de poco más de 130 años viviría tres guerras civiles por asuntos de sucesión de la Corona (Las Guerras Carlistas, apagadas mediante acuerdos considerados vergonzosos, como el llamado Abrazo de Vergara); la deposición de dos Reyes (Isabel II y Alfonso XIII); la llegada de una nueva dinastía (Los Saboya); la primera República; la restauración borbónica en la figura de Alfonso XII; la regencia de María Cristina en nombre de su hijo Alfonso XIII; el turno liberal-conservador en las figuras de Sagasta y Cánovas del Castillo, y sus sucesores Maura y Canalejas; la aparición del nacionalismo vasco y catalán con las figuras de Sabino Arana y Francisco Macia; la guerra del 98, que significó el final del imperio colonial; la aventura africana de Marruecos; la dictadura de Primo de Rivera; la Semana Trágica; y finalmente, el 14 de Abril de 1931, la Segunda República Española que, imbuida en las nuevas ideas que recorrían Europa (liberalismo, separación Iglesia-estado, laicismo, comunismo, socialismo), desde sus inicios chocó con las fuerzas que habían gobernado España: los caciques, los terratenientes, el clero y los militares. Una lucha que continúa en forma de mito hasta hoy.

Fue en ese momento que Dióscoro Galindo, maestro de escuela, se entusiasmó por la política y buscó aplicar las enseñanzas aprendidas en la Institución Libre de Enseñanza. Vallisoletano, nacido en 1877 una pequeña población llamada Ciguñuela, su familia siguió el camino de muchos campesinos, que fue buscar fortuna en las ciudades. Rondaba los cuatro años cuando sus padres se trasladaron a Madrid. La infancia y adolescencia de Dióscoro transcurrió en una capital que por aquel entonces vivía una próspera etapa de negocios. Eran los años de la regencia de María Cristina y el turno liberal conservador, que dio a España una relativa prosperidad, los tiempos de los ostentosos sombreros y las capas en los trajes de damas y caballeros. Y por una capa dio un giro la vida de Dióscoro. En 1896, al bajarse de un tranvía, el manto se enganchó y él fue atropellado. La pierna izquierda quedó atrapada en los rieles y el tranvía pasó por encima de ella. Para evitar la muerte por gangrena los médicos cortaron la extremidad. Ante la realidad del accidente, Dióscoro sustituyó sus cursos de veterinaria por una carrera en el magisterio.

Una permanente inquietud de Dióscoro le llevó a solicitar continuos cambios de domicilio, por lo que llegó a impartir clases en el norte de España, Granada, Sevilla, Ciudad Real y, por último, en Pulianas (Granada), donde lo sorprendió la proclamación de la República.

Investigaciones efectuadas en el pueblo recuerdan que si un alumno llegaba triste a la escuela, Dióscoro iba a su casa para intentar solucionar el problema.

No es de extrañar que las familias apreciasen al maestro, que ya por entonces era conocido como 'El cojo'. Sin embargo, los padres más conservadores veían con malos ojos que impartiera una educación laica y negara la existencia de Dios “porque no lo podía palpar”. Su entusiasmo por la idea de la educación laica como expresión de progreso aumentó al proclamarse la República. Dióscoro participó en las misiones pedagógicas creadas por el gobierno para erradicar el analfabetismo en España. Obligado a tomar partido, se decantó por las ideas socialistas tan en boga en ese momento. Ello lo llevó a enfrentarse con las autoridades, renuentes a ceder sus privilegios.

Los incidentes con los altos cargos se sucedieron. Y fue precisamente el secretario del Ayuntamiento de Pulianas quien firmó la sentencia de muerte de este maestro cojo.

En las elecciones del 16 de febrero de 1936 representó en la mesa electoral al Frente Popular para «impedir cacicadas». Su afán por garantizar la transparencia democrática vio como resultado el triunfo del partido que defendía. Haber mostrado esa diligencia fue lo que determinó su final.

En Andalucía, el audaz golpe de mano del General Queipo del Llano (un republicano de toda la vida) al tomar Sevilla, les permitió a los rebeldes, encabezados por el coronel José Valdés Guzmán, controlar Granada después de una lucha de dos días. Se inició un proceso de purga que alcanzó a Dióscoro. Al estallar el alzamiento fue acusado de diversos delitos: ser maestro republicano, defender la escuela pública y laica, participar en las Misiones Pedagógicas, dar clases nocturnas a los jornaleros, haber participado en las elecciones del 16 de febrero de 1936 por el Frente Popular y negar la existencia de Dios. No hubo juicio ni había necesidad de pruebas. Eran las dos de la madrugada del 18 de agosto de 1936 cuando cuatro falangistas armados llegaron a su casa para interrogarle. «Volverá enseguida», aseguraron a Antonio, hijo del maestro. En el camión que lo subió, estaban los banderilleros Francisco Galadi y Joaquín Arcollas. Antes de salir de paseo se dirigieron a la sede del Gobierno Civil para recoger al cuarto “rojo” del que se sospechaba era espía de los rusos.

En el conservador mundo de los toros en Granada se conocía al banderillero Francisco Galadi y a su compañero e íntimo amigo, Joaquín Arcollas, como hombres bizarros en el toreo y de gran ardor en la defensa de sus derechos. Los dos eran sindicalistas dedicados en cuerpo y alma a luchar por la reivindición de los trabajadores. En un medio tan conservador como el Mundo del Toreo en Granada, Galadi y Arcollas pusieron cara frente a una patronal que respondía con despidos ante cualquier exigencia laboral razonable. Al estallar el alzamiento, los dos se dedicaron a la defensa de la República, y se escondieron tras la derrota. Decidieron huir, pero antes, Galadí quiso ver a su hijo y acudió a un encuentro secreto para despedirse del pequeño. Sin embargo, alguien los delató y finalmente los detvieron a ambos. El comandante José Valdés Guzmán, máximo responsable de la ciudad, y por ende, de la represión, les tenía especial odio por la rebeldía que siempre habían mostrado. Después de varios días en la cárcel, en la madrugada del 18 de Agosto, fueron recogidos en un camión, que salió en busca del Maestro Dióscoro Galindo y tomaron camino a un olivar entre Viznar y Alfacar.

Segundo diálogo imaginario 

Españolito que vienes

al mundo te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

Antonio Machado

Sede de la Guardia Civil. Media tarde del 19 de Agosto

Oficial: Trescastro, anoche habéis paseado a cuatro personas. Cuáles son sus nombres y su delito, para armar la acusación y la autorización de ejecución.

Trescastro: Dioscoro Galindo, maestro de escuela, cojo, que negaba la existencia de Dios, hechos que han sido demostrados por diversos testigos y antiguos alumnos.

Oficial: Los otros.

Trescastro: Francisco Galadí, rojo y rebelde, que participó en la lucha de Albaicín, como queda demostrado en el escrito de acusación (Lo anexa). Joaquín Arcollas, banderillero, amigo del anterior, como se señala en el mismo escrito, y responsable de los mismos delitos. El otro es un señorito andaluz, rojo declarado, afeminado, de costumbres escandalosas y espía de los rusos, como lo demuestra la existencia de un radio en la finca de sus padres.

Oficial: ¿Bien, y el nombre?

Trescastro: Federico García Lorca. Un dizque poeta, y un maricon don nadie.

Oficial: Ahh, ¿el poeta rojo? Yo se quién era. Un afeminado, un rojo revoltoso. La Cruzada os lo agradece, Trescastro. Por ayudar a construir la nueva España, libre de esos indeseables (Firma los documentos de autorización)

(Imagen tomada de www.ecestaticos.com)