En la película Tiburón de 1975, Quint, el obsesionado cazador de tiburones, interpretado por Robert Shaw, revela a Richard Dreyfuss y Roy Scheider que es un sobreviviente del USS Indianapolis, barco que fue hundido por un submarino japonés el 29 de Julio de 1945, y afirma que de los 1100 tripulantes a bordo solo sobrevivieron 316; el resto, según cuenta, fue devorado por los tiburones.  Un monólogo muy eficaz para ampliar el clima de terror de la película y que narra uno de los episodios más famosos y trágicos de la II Guerra Mundial.

Uno de los barcos favoritos de F.D. Roosevelt, con el que hizo varios viajes a Sudamérica, el crucero pesado USS Indianapolis, había participado en los diferentes teatros de la guerra en el Pacifico. El 15 de Julio de 1945 se encontraba en San Francisco, sometido a reparaciones por el ataque de un Kamikaze, cuando su comandante, el contralmirante Charles MacVay, recibió una serie de órdenes para transportar un cargamento secreto al Atolón de Tinian (Islas Marianas). Las instrucciones eran sorprendentes: en caso de hundimiento debía procurar salvarse primero el cargamento que la tripulación, y en caso de peligro de caer en manos enemigas, debía asegurarse de que la carga fuera arrojada a los abismos marinos. Los intentos de McVay de saber detalles sobre la carga fueron infructuosos, así como su pedido de escolta (pese a su gran artillería el barco carecía de un sistema para detectar submarinos bajo el agua). La seguridad adicional fue negada, alegando que las aguas estaban libres de submarinos, y una escolta llamaría mucho la atención.   Zarpó con su carga el 16 de Julio y, a gran velocidad, llegó a Tinian el 23, una semana después. La carga era muy valiosa: contenía el material de Uranio 235 con el que se armaron las bombas atómicas que se lanzarían sobre Hiroshima y Nagasaki. La razón para seleccionar el Indianapolis fue que era barco más cercano a las instalaciones de Alamogordo (Nuevo Méjico) con capacidad de transportar esta carga.

Terminada su misión, el Indianapolis zarpó el 24 rumbo a Guam, a donde llego el 26. Se le ordenó que el día 28 de julio se dirigiera al golfo de Leyte, en las Filipinas, para unas maniobras con el USS Idaho, con fecha estimada de llegada el 31 de Julio. McVay nuevamente solicitó escolta, pero se le indicó que navegara en zigzag a su criterio, sin escolta, ya que, según inteligencia naval, no había submarinos japoneses en las aguas, en el sector de las Islas Palau.

Hijo de un monje sintoísta, el comandante japonés Mochitsura Hashimoto, dirige desde 1944 el submarino I-58, y ha logrado hundir varios buques aliados. Navega por el sector de las Islas Palau donde, según la información del Alto Mando Japonés, no hay barcos americanos. El 29 de Julio no puede dar crédito a lo que ven sus ojos: un crucero pesado americano navega sin escolta muy cerca de su posición. Hashimoto lo considera un blanco legítimo, y a las 11:30 de la noche dispara dos torpedos que hunden el USS Indianapolis en poco menos de 12 minutos. Se estima que de los 1191 hombres, cerca de 300 tripulantes murieron en el ataque, y los restantes cayeron al mar, sin salvavidas, en un océano infestado de tiburones.

El 29 de julio, el contralmirante McVay recibe información de que las aguas están limpias de submarinos enemigos y suspende el viaje en zigzag (una técnica usada para escapar de los submarinos) debido al mal tiempo. Una hora más tarde el barco es atacado y hundido. Se envían mensajes de SOS, que no son escuchados.

A partir del 30 de julio, y hasta el 2 de julio, se da origen al mito de casi 500 hombres comidos por los tiburones. Los hechos son más escuetos: por increíble que se crea, los mensajes de socorro son ignorados, el barco no es echado en falta, pese a que se le esperaba el 31, ya que nadie había indicado su zarpe; la suerte de la tripulación parece echada; la sed, el hambre, el sol y los tiburones cobran la vida de casi 600 hombres. Finalmente, un avión de reconocimiento en misión de rutina avista los náufragos y da aviso a la flota, lo que termina en le rescate de los 316 sobrevivientes. Es el momento en que la prensa se entera del horror de la tragedia y pide responsables ante la negligencia, descoordinación y errores de la Armada. Pese a la resistencia de los almirantes Nimitz y Spruance, jefes inmediatos de McVay, que ha sobrevivido, éste es sometido a una corte marcial. Es acusado de negligencia en sus tareas y declarado responsable de ignorar órdenes, afectando la seguridad de sus hombres. Es degradado a capitán, en un juicio donde Hashimoto (en ese momento prisionero de guerra) declara como testigo de cargo. El oficial japonés declara que el barco no navegaba en zigzag, pero señala que dadas las características de la situación igual hubiera hundido el barco, porque no había sido detectado y pudo disparar los torpedos sin inconvenientes. McVay es escarnecido y en 1946 Nimitz le asigna un nuevo cargo. En 1949, a su pase a retiro, le devuelve el grado de contralmirante. Visiblemente afectado, McVay, un veterano marino, hijo de un almirante, tuvo que soportar el resto de su vida mensajes de personas que pensaban que era responsable de lo sucedido; una nota de Navidad que se le envío decía: “Feliz Navidad: Estas fiestas serÍan inolvidables para mi familia si Ud. no hubiera matado a mi hijo”; después de años de depresiones y mensajes crueles, se suicida en su jardín en 1968, con su arma de dotación.

La película Tiburón renueva el interés por el USS Indianapolis. Los sobrevivientes piden la rehabilitación de McVay, a quien consideran un chivo expiatorio frente a la negligencia y errores de la Armada. Al clamor se une, de manera sorprendente, Hashimoto, quien después de la guerra se había convertido en monje sintoísta; viaja a Hawái y conoce a los sobrevivientes del Indianapolis. Les expresa su pesar por el dolor causado. Uno de ellos, de manera elocuente, le dice: “Olvídelo, son cosas que pasan”

En 1999 escribió una carta al comité del Senado que estudia el caso donde señala:

"He conocido a la mayoría de los valientes hombres que sobrevivieron al hundimiento del Indianápolis. Me gustaría unirme a ellos para instar a que sus legisladores nacionales limpien el nombre de su capitán.

"Nuestros pueblos ya se han perdonado unos a otros por esa terrible guerra y sus consecuencias. Quizás es hora de que su [propio] pueblo perdone al Capitán McVay por la humillación de su condena injusta”

Al final, el contralmirante Charles MacVay es oficialmente rehabilitado en 2000; su condena es anulada y borrada de los archivos oficiales. Él fue la víctima americana de la bomba atómica, y tal vez una de las más trágicas: solo cumplió a cabalidad sus órdenes.