Mientras en Colombia nos debatimos entre creer o no en la paloma de la paz, otra Paloma, la Valencia, tiene su corazón más que decidido. Hasta ahora yo estaba equivocado y pensaba que este país era del Sagrado Corazón, pero veo que el reinado del Hijo de Dios se encuentra amenazado por el hijo de Alberto Uribe Sierra, el mal llamado Gran Colombiano. Paloma Susana Valencia Laserna nos ha confirmado  que su corazón es propiedad del mesías, de Alvarito.

Una cosa es que cualquier María Rodríguez compre las mentiras y las malas intenciones del “Centro” que no tiene nada de democrático, pero otra muy distinta es que una niña que ha recibido la mejor educación posible en este planeta nos salga con imágenes tan grotescas como la observada con asombro esta semana. La imagen de Álvaro coronado y usurpando el lugar de Chucho da ganas de reír, pero también de llorar. Los menos religiosos podemos interpretar la escena como oscurantismo, pero a su vez los más creyentes podrían concluir que se trata de una ofensa a su credo. ¿Qué diría nuestro procurador? ¿Es esto una aberrante blasfemIa, una pagana idolatría?.

Uno de los peores males que nos retrasan la construcción de un País con P mayúscula es el culto a la persona. En Colombia le apostamos al mesianismo, queremos encasillarnos en el santismo (dudo que esto realmente exista) o uribismo; esperamos que ellos, "los que saben",  nos resuelvan la papeleta, dejando de lado nuestra responsabilidad  en construir una sociedad más equitativa e incluyente. Es muy fácil culpar a otros  de nuestros males, escupir quejas y exonerarnos en el entre tanto, esto nos permite dormir a pierna suelta y tomarnos la fría de los viernes, ¿Será suficiente?

Comparto plenamente lo dicho por el escritor Sergio Ocampo cuando afirma que  la foto de la paloma de la guerra resulta ser la prueba reina de que el uribismo, más que una propuesta ideológica o un grupo político, es una idolatría. No es un partido político, no es una propuesta de país, es simple y llanamente una nefasta religión construida alrededor de un mesías y de sus dogmas.

Esta religión, el uribismo, hace más daño que otras: mientras casi todas (como el cristianismo) propagan el perdón, los fieles seguidores de Uribe fundamentan todo su raciocinio en el rencor. Los humanos aprendemos a decir primero No que Sí. El odio, generalmente, prima sobre el amor, ¡Triste!. La búsqueda de caminos de entendimiento, el proyecto de construir una país donde quepamos todos implica una valentía que no todos estamos dispuestos a asumir.

Hombre cobarde no goza de mujer bonita, era el lema de guerra de mi pandilla adolescente cuando salíamos de correría por esa Barranquilla anecdótica de los años 90. País que no está dispuesto a arriesgase a ganar (y por supuesto perder) irremediablemente perderá, o, como dicen otros, prefiero una paz imperfecta a una guerra eternamente perfecta. La Paloma no va a arriesgar; a ella le sirve el país así como está, la niña es payanesa de familia de aquellas divinamente, nieta de presidente por el lado Valencia y del fundador de la Universidad de los Andes, Mario Laserna, por el lado materno. A toda costa prefiere mantener un conflicto fratricida que lleva más de 50 años, prefiere encomendarse al señor que ahora no recuerda las curules que le prometió a las Farc. Pero es que claro: si él lo hace está bien, pero si lo hacen otros está terriblemente mal.

Ahora también resulta que la paz es muy cara, ¿será que la guerra es muy barata? O será que la vida de los miles y miles que han muerto y seguirán muriendo no vale un maravedí. Es muy fácil votar por el no, sabemos lo que va a pasar: nada distinto de lo que ha ocurrido ya. Por el contrario, es difícil votar por el Sí, no sabemos a ciencia cierta lo que ocurrirá, muchas sombras y dudas asaltan el horizonte; sin embargo, prefiero arriesgarme y perder en un Sí incierto a un No predecible. Prefiero arriesgar mi corazón con la posibilidad de que me lo rompan a quedarme en la certeza del corazón de Paloma, el corazón que cuelga en su sala y no nos permite avanzar como sociedad. Vamos, que Sí se puede.

(Fotografía tomada de www.static.iris.net.co)