Por: John Better

A mi inbox de Facebook llegó hace pocos días un mensaje con un enlace adjunto de mi querida amiga trans, Turba Jackson, quien me dice con su ya característica ironía: “Lee esto, querida”. Abro el link y encuentro un artículo publicado recientemente por la Revista Gente Caribe del periódico El Heraldo en el cual la periodista Inguel De La Rosa hace un perfil de una pareja gay que rompe el paradigma de la típica parejita homosexual. El titular reza: “Una pareja ‘gay’ que no le teme a los estereotipos”.

De entrada, el texto nos muestra invaluables perlas: Danilo Cañizares y Yesid Osorio son pareja hace 16 años, además de su influencia en la moda, hoy se enorgullecen de haber contribuido a “alivianar la presión sobre la comunidad gay en la alta sociedad barranquillera”. Las comillas sugieran que es una opinión consensuada de la pareja en cuestión y nos revela de entrada la arrogancia de estos dos señores que se incluyen dentro de un círculo de clasismo que bien fue retratado y ridiculizado en su momento por la novelista barranquillera Marvel Luz Moreno. Una sociedad de papel y trapo cuyas miserias trascurren entre tés canastas en el Country Club y lujosas casas de veraneo. Una élite de señores árabes, judíos, italianos y alemanes, que de seguro no tienen ni la más remota idea quiénes son los Cañizares o los Osorios.

En este punto abrimos un gran interrogante, ¿es la supuesta “alta sociedad” barranquilera un ente moralizador encargado de evaluar las conductas de la comunidad LGBTI de la ciudad? No creo que esta pareja haya ayudado a alivianar absolutamente nada que tenga que ver con presiones sobre nosotros y mucho menos en círculos hipócritas y de exclusión como al que ellos ingenuamente creen pertenecer. No me extenderé en esto. Darío Cañizares y su pareja representan a ese hombre gay del nuevo siglo, gais capitalista que desconocen los procesos de lucha por el reconocimiento dentro de un orden social, pero a los que hay que enrostrarle que su visibilidad y “éxito” provinciano está cimentado sobre los cadáveres de todos aquellos que alzaron su voz contra el sistema y soñaron con una verdadera SOCIEDAD incluyente y justa, activistas de toda las índoles que no se dedicaron a lamer los traseros de un grupo social que recama de oropeles su triste realidad.

Cañizares y Osorio representan a ese sector gay que vive y come de apariencias, a ese séquito descerebrado sin compromiso político alguno que solo desea trepar escaños a punta de arribismos morales, desconociendo la lucha de los otros, y que por eso se “venden” como ellos mismos dicen en la nota como una pareja normal o normativizada. Por eso critican las mesas LGBTI, por eso afirman despropósitos como el de marchar y por eso también exigir lo básico les parece una actitud vergonzosa que nos expone a la crítica. Son ellos la derecha homosexual, esa que pretende borrar de un plumazo tantas victorias ganadas. Pero aquí estamos los otros, “los de los barrios populares” como afirman, poniendo la cara por ellos, y no para ser retratados en las fotos sociales de los diarios, o “vendernos” como los gais de “mejor familia”, sino para mostrar la cara de una realidad en la que día a día seguimos enfrentando golpes y rechiflas. Parejas como ellos no representan nada dentro de sus imaginarios entornos, son solo figurines decorativos, que de vez en cuando no les vendría mal sacudirse el polvo y las telarañas que se hospedan en sus vacías cabecitas.

(Foto tomada de El Heraldo)