Muy a menudo, eres una antorcha con llamas

Que caen a tu alrededor como trapos encendidos;

No sabes si las llamas traerán libertad o muerte.

(Cyril Norwid- Poeta Polaco)

Hace un siglo, Polonia no existía. Los polacos eran un pueblo sin Estado, bajo la dominación de la Rusia Zarista y, en menor medida, del Imperio Alemán. La I Guerra Mundial significó la aparición de la nación polaca, que enfrentaría muy pronto las voraces ambiciones de los vecinos culminadas con el Pacto Molotov-Ribbentrop de 1939, la II Guerra Mundial con la partición el país y la crueldad de los ocupantes, y posteriormente la opresión comunista, hasta su caída en 1990. Estas turbulencias políticas fueron representadas en sus obras por el director de cine Andrezj Wajda, fallecido el pasado domingo a los 90 años.

Hijo de un militar y una maestra, Wajda vivió en carne propia las violencias de la II Guerra Mundial. Adolescente, se unió a la resistencia contra los nazis. Su padre, oficial de caballería, fue asesinado en 1940 por los soviéticos en la Masacre de Katyn, junto con 22.000 oficiales más, una herida sin sanar durante la Polonia comunista, que achacó el crimen a los nazis, pese a la abrumadora evidencia contra los soviéticos. Wajda, al igual que muchos otros polacos, sabía la verdad, y tomó la delantera una vez que la Unión Soviética se derrumbó: hizo un documental en 1991 sobre el tema de Katyn y luego la vigorosa y notable Katyn, en 2007 - cuando contaba con 81 años de edad - que le dio su cuarta y última nominación al Oscar a mejor película en lengua extranjera.

En su obra, que abarca casi 60 años, Wajda representó las luchas y el espíritu libertario de su Polonia natal, un país en el corazón del conflicto de la Guerra Fría, la opresión bajo la II Guerra Mundial, y la democracia cuando llegó. Títulos como Generación (1955), Canal (1956), donde narra la insurrección de Varsovia de 1944 contra los Nazis, premio especial del Jurado en Cannes en 1957, y posteriormente su primera obra maestra: Cenizas y diamantes (1958), auténticos relatos de un pueblo en busca de la libertad y los dilemas políticos y morales que se presentan en el camino hacia ella.

Considerada, si no tal vez la mejor película hecha en Polonia, una de las mejores, favorita de Scorcese y Francis Ford Coppola, la obra presenta a Maciek (interpretad por Zbnigwiew Cybulski, considerado el James Dean de Polonia por su estilo inconformista y su prematura muerte a los 40 años) quien está encargado de asesinar a un dirigente comunista que además es un viejo conocido. Las certezas de Maciek se convierten en dudas, desembocando en los eternos dilemas morales del hombre; la resolución de esos dilemas, en una Iglesia en ruinas y con el Cristo Invertido, es una de las memorables secuencias del cine. Al final, Wajda logra cumplir el viejo postulado de “ entre más local, más universal”.

Wajda pasó a dirigir obras de teatro y más de 40 películas de cine y televisión, entre ellas desiguales retratos psicológicos como Brujos inocentes (1960), y adaptaciones expansivas de novelas de autores polacos como Lady Macbeth Siberiana, (1961), La boda (1973), La tierra prometida (1971), adaptación de una novela del premio Nobel Wladislaw Reymont. Su, en gran medida improvisada, Todo para la venta (1968) fue un tributo a Zbigniew Cybulski, la carismática estrella de Cenizas y diamantes, muerto al tratar de saltar a un tren en 1967.

También hubo lugar para películas con el trasfondo de la Segunda Guerra Mundial, como Sansón (1961), sobre la tragedia de los judíos de Polonia, Paisaje después de la batalla, (1970), Korczak (1991), Semana Santa (1995) y la ya referida Katyn (2007)

Estas cintas fueron conocidas en Occidente, pero solo en los años 70 llamó de nuevo la atención de la crítica con El Hombre de Mármol, que narra la investigación de una estudiante de cine que busca averiguar de la vida de Birkut, un obrero que en los años 50 fue declarado héroe nacional por su productividad entusiasta, y su posterior caída promovida por el gobierno que una vez lo exaltó.

Fue un gran éxito en Polonia y no se prohibió, en gran medida por el deshielo que vivía la sociedad polaca en ese entonces, en medio de un régimen comunista que comenzaba a desintegrarse. En esos momentos Wajda desempeño un papel activo en su rol doble de artista y ciudadano. En 1981, cuando en los astilleros de Gdansk surgió el movimiento Solidaridad, Wajda realizó la secuela de El hombre de Mármol, titulada El Hombre de hierro, donde narra la conversión de un periodista enviado a desacreditar a los huelguistas que termina atrapado en la vorágine que sigue. A medida que el movimiento creció, Wajda se involucró en los eventos políticos, hasta que el gobierno del general Jaruzelski decretó la Ley Marcial y le prohibió trabajar en el país hasta 1989

Dejando Polonia, dirigió dos películas que atrajeron aplauso de la crítica. En Danton, realizada en Francia en 1982, se estableció un paralelo con la situación política en Polonia con su interpretación del conflicto entre el moderado y partidario de la democracia Danton (interpretado por Gérard Depardieu) y Robespierre (interpretado de forma soberbia por el actor polaco Wojciech Pszoniak), partidario de la mano dura durante el reinado del terror que siguió a la Revolución Francesa. La obra trasciende sin embargo su lectura local: es una brillante representación de los conflictos que enfrenta una sociedad en tiempos de crisis, y muestra cómo, al final, el hombre fuerte destruye una democracia entre los aplausos de una multitud.

La otra fue Un amor en Alemania (1983), coproducción franco-alemana que huía de los tópicos habituales en la relaciones germano-polacas mediante la narracón de un romance apasionado durante la Segunda Guerra Mundial entre una mujer alemana (Hanna Schygulla) y un prisionero de guerra polaco enviado como trabajador esclavo a Alemania (Piotr Lysak).

Con la caída del comunismo vimos al Wajda ciudadano: fue senador de su país por un periodo, en apoyo a Walesa, y después volvió al cine. Con la caída del comunismo y la llegada del Cine comercial la vigorosa cinematografía polaca comenzó a decaer y Wajda se dedicó al teatro. Durante muchos años fue director de un teatro en Cracovia, sin abandonar del todo el cine. Además de la personal Kaytyn, otros trabajos suyos fueron Tatarak, de 2009, y su última producción, “Walesa”, considerada por él como su mayor reto personal y artístico: en una entrevista habló sobre la presión que significaba trabajar y describir una leyenda: “Yo no quiero, pero tengo que hacerlo”.

Nadie como él para entender a Polonia: “Todos somos de Wajda. Veíamos Polonia, y a nosotros mismos, a través de él. Y la entendíamos mejor. A partir de ahora, será más difícil”, escribió el ex primer ministro polaco Donald Tusk, a manera de elocuente epitafio.