Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé, golpes como los que a veces reciben algunos escritores de ideas demasiado académicas. Golpes como el que les propinaron la semana pasada ya no los heraldos negros de César Vallejo, ese gran poeta peruano que -según algunos entendidos- mereció ganar el Premio Nobel de Literatura, sino los miembros de la Academia Sueca, que le acaban de conceder el codiciado premio a Bob Dylan, ese -según otros- enorme poeta universal.

La discusión sobre si Dylan merece o no tal distinción surge, a mi modo de ver, del simple hecho de que sus poemas no están impresos en papel y encuadernados en un libro, sino volando por ahí en etéreas ondas sonoras, flotando entre los sonidos que salen de las gargantas de un alocado concierto de rock, prensados en frívolos discos de vinilo, codificados en prosaicos Cds, encriptados en desprestigiados bits de computador. Lo digo por lo que opinó en El Espectador Héctor Abad-Faciolince, escritor para quien el nobel otorgado a Dylan sólo "añade confusión a un mundo ya confuso", por cuanto ese retroceso a "los orígenes populares y juglarescos de la poesía" no es lo que hoy entendemos por literatura.

Abad amplía su idea señalando la ayuda adicional y artificiosa que podría darle la música a los para él modestos poemas de Dylan. Al respecto, hace poco en el programa radial Del canto al cuento uno de sus presentadores puso una versión del Poema XV de Neruda en ritmo de vallenato, y ahora me pregunto si ese poema sería indigno de su gigantesco prestigio en caso de que el manuscrito original se le hubiera perdido al nobel chileno antes de publicarse y hubiese sido encontrado y musicalizado por estos muchachos que ahora lo cantan, por el simple hecho de estar acompañado de acordeón y guacharaca.

Pero además, pienso que un compositor de canciones podría igual ser merecedor del Premio Nobel de Lireratura no sólo por el valor estrictamente poético de sus piezas. Referente a lo anterior García Márquez, uno de los más prestigiosos ganadores de ese galardón en los últimos tiempos, reveló una vez que más que cualquier libro lo que le había abierto los ojos a la literatura eran los cantos vallenatos, por la forma en que éstos relataban los hechos o contaban una historia. Y en uno de sus artículos de El Espectador, después de contar que Rubén Blades lo había llamado desde Nueva York a preguntarle que si podía cantar algunos de sus cuentos, confesó que nada le hubiera gustado más que haber escrito "la historia hermosa y terrible de Pedro Navaja".

Álvaro Cepeda Samudio, otro gigante de la literatura colombiana, se refiere así a Rafel Escalona: "(es) el gran romancero de este tiempo, relata en sus cantos la geografía de su región, nombra su topografía, anota sus ríos, enumera sus municipios, indica el modo de viajar de un sitio a otro, cataloga su fauna, determina sus cultivos, establece sus orígenes históricos, cuenta su vida diaria, exalta las realizaciones de sus hombres, se burla de sus necedades amorosas, indiscretamente ventila en público su vida pasional y puebla sus valles y montañas con los personajes que habrán de perpetuarla.". ¿No es eso literatura? Difícil negarlo, máxime cuando fue una cronista la ganadora del premio el año pasado.

Pero volviendo a la poesía, que es a todas luces la premiada en esta oportunidad, citaré de nuevo a García Márquez: "un juglar del río Cesar no canta porque sí, ni cuando se le viene en gana, sino cuando siente el apremio de hacerlo, después de haber sido estimulado por un hecho real. Exactamente como el verdadero poeta". Más tarde, en una entrevista, haría una declaración según la cual uno de los grandes poetas actuales de la lengua castellana era Armando Manzanero.

No lejos de ese parecer está Antonio Caballero, otro experto en literatura y en las artes en general; uno que les habla de toros a los españoles y que descrestó al propio García Márquez por sus conocimientos de autores franceses para iniciados. Opina Caballero que dos de los grandes poetas latinoamericanos son Agustín Lara y José Alfredo Jiménez ("la gran poesía simple"), a los cuales , en una entrevista concedida a Juan Catlos Iragorri, mete en el mismo saco de los cantautores de guitarra Brassens, Brel, Barbara. Y en el mismo saco también de Darío, Lorca, Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Eliot, Carranza, los dos Machado, De Greiff, Garcilaso, Quevedo, Góngora, Lope de Vega...

En idéntica sintonía de que la música, incluso la música popular, es poesía, literatura, están nadie menos que Ernesto Sábato y el injusto no ganador del Nobel por antonomasia: Jorge Luis Borges. Para el primero algunos tangos "han cantado con austeridad la muerte, la soledad y la nostalgia". Más aún, se atreve a afirmar que el verso "crepúsculo interior" de A media luz pertenece al Modernismo. Borges, a su turno, agrega que La luz de un farol es ultraísta.

Y aquí podría seguir indefinidamente, citando a grandes escritores, premiados o no con el Nobel, que opinan lo contrario de Héctor Abad y de tantos otros indignados con la decisión de la Academia. Yo, por mi parte, no puedo valorar debidamente la calidad de los poemas cantados de Dylan, porque confieso que no domino el inglés hasta el punto de poder apreciar la poesía en ese idioma. Nada saco buscando en Google las versiones en español, pues siempre he creído que en las traducciones se pierde parte de la escencia de un verso. Pero de lo que sí estoy seguro es de que si tienen alma y calidad literaria, como piensan los que conocen la obra de Dylan, su autor bien se merece el galardón.

Ahora bien, si por mi fuese les daría otro golpe más, de esos como del odio de Dios, a los que pretenden ser más académicos que la Academia y que andan tan de mal humor por estos días. Les informaría que si alguien me hubiese preguntado hace unos años que si tenía en mente a un poeta popular que quisiera candidatizar para ganarse el Nobel de Literatura le habría contestado sin dudarlo un instante: "Por supuesto que sí: Diomedes Díaz".

Y ahora adelante, Héctor y compañía, díganme con Neruda: "me gustas cuando callas."

https://www.youtube.com/watch?v=in3-pzgvEWM&feature=youtu.be