No, Anne, el matrimonio no está hecho

para los que luchan por conseguir el éxito…

(Jacqueline Susann-El Valle de las Muñecas)

La historia comienza hace 60 años. En 1956, Grace Metalious, alcohólica y poco agraciada ama de casa de New Hampshire y con un marido adúltero, publicó una historia sobre los secretos y miserias de sus vecinos que tituló Peyton place. Fue un éxito instantáneo: vendió 12 millones de copias, se hizo una película y una serie de televisión que la hizo rica, le permitió abandonar a su familia y marido, viajar a Nueva York, coquetear con los famosos y morir de cirrosis a los 39 años.

Hasta ese momento, a Jacqueline Susann no le había pasado por la cabeza escribir una novela, pero después del éxito de Peyton Place, pensó que podía hacerlo, sentía que estaba en el lugar adecuado.

A diferencia de la provinciana y acomplejada Metalious, Jacqueline Susann venía de una familia judía adinerada de Filadelfia, de buen pasar durante la depresión; nacida en 1918, se le dio la mejor educación posible y se le consintieron todos los caprichos; triunfar en el teatro fue el principal de todos. Pese a sus esfuerzos no pasó de ser una figura marginal en Broadway, pero logró casarse con el productor teatral Irving Mansfield, quien además de esposo fue su devoto factótum; ese matrimonio le permitió conocer de primera mano el mundo teatral y editorial de Nueva York. Una de sus amistades fue el editor Bernard Geis, a quien convenció de que era capaz de escribir un relato superior a Peyton Place que tuviera como protagonista a un perro. Lo tituló Todas las noches, Josephine. Su lanzamiento fue programado para el 22 de noviembre de 1963. Ese día, mientras el editor miraba encogido la televisión, irrumpió en sus oficinas una mujer histérica con un caniche en los brazos, vestida de una manera que luego copiaría Paris Hilton, gritando: “¿Por qué carajos me pasa a esto a mí? Va a arruinar mi lanzamiento”. Era Jacqueline Susann con su perro Josephine. Pese al asesinato de Kennedy, la novela tuvo un éxito moderado, y Geis le adelanto 3. 000 dólares para su próxima novela. En algo más de año y medio, Jacqueline Susann escribió 500 páginas y se las envío al editor, quien se las dio a leer a dos asistentes de su confianza. Los juicios fueron lapidarios: Uno señaló: “¿Te has gastado 3.000 dólares en esto? Ni se te ocurra publicarlo. Es basura literaria”. El otro comentó que era una telenovela barata, no un libro que una persona con algunas neuronas podría tomar en serio. ¿Por qué te decidiste, Bernie, por algo tan malo?” Decepcionado, le dio una última oportunidad al manuscrito, entregándoselo a la otra persona en cuyo olfato editorial confiaba: su esposa Darlene. Cuenta la leyenda que ella recomendó la publicación del libro con estas palabras: “Leer esta novela es lo más parecido a coger el teléfono y escuchar a dos mujeres contar cómo son sus maridos en la cama. Es imposible dejar de leer. Bernard, ¡tienes que publicar este libro!” Entonces, hay que agradecer a Darlene la publicación de El Valle de las muñecas, que durante los siguientes 30 años fue la novela más vendida, y un fenómeno que cambió la forma de hacer marketing editorial.

Publicada en 1966, y escrita a manera de novela en clave, el libro se volvió mito. Es el texto más vendido en el que la palabra marica (fag y sus variantes) se utiliza 23 veces, solo superada por la palabra muñeca (dolls, una forma de referirse a las píldoras, pills, que toman las mujeres). Con una escritura que mezcla técnicas de serial radiofónico y abundantes divagaciones de los personajes, la obra es el relato de 20 años (de 1945 a 1965) en la vida de 3 mujeres: Anne, una secretaria que huye de su previsible, aburrida y rígida vida en Nueva Inglaterra; Jennifer, una actriz sin talento, pero de gran corazón, que brega en el mundo artístico y Neely, cantante talentosa en su primera etapa y luego alcoholizada y manejada por los grandes estudios y los hombres. Las tres tienen en común un ferviente deseo de triunfar, su inteligencia y su gran belleza, pero su vida es una sucesión de desgracias que sobrellevan con una mezcla de alcohol, tranquilizantes para dormir y estimulantes para despertarse. La obra llamó la atención por las escenas de sexo, su vocabulario subido de tono, y las referencias a personas reales: los personajes eran un trasunto de actrices y famosos como Marilyn Monroe, Coco Chanel, Carole Landis, Frances Farmer, Ethel Merman, Dean Martin, Frank Sinatra o Judy Garland, lo que, junto con una agresiva y original campaña de Marketing, hizo que la novela quedara en boca de todos.

Resulta curioso que Susann, con el Valle de las muñecas, destronara el trabajo de Metalious Peyton place, quien a la vez destronaba a Margaret Mitchell con Lo que el viento se llevó. Novelas hechas por mujeres, leídas por mujeres, que se pusieron a la tarea de escribir, en un proceso de creación similar: un día, simplemente, acometieron la tarea.

La crítica fue unánime en su opinión, espléndidamente resumida por Gore Vidal: “Jacqueline Susann no escribe, mecanografía”. Solo 3 personas defendieron el trabajo de Susann: Gloria Steinem, la líder feminista, Nora Ephron, en ese entonces una periodista al inicio de su carrera, quien escribió de la obra:"Los buenos escritores cursis nacen, no se hacen. Y cuando Jacqueline Susann se sienta frente a su máquina de escribir en Central Park South, lo que se derrama es kitsch de primera clase” y Helen Gurley Brown, que sería luego la legendaria directora de Cosmopolitan. Ellas serían un vehículo para reivindicar la obra, al ver la novela como un manifiesto feminista, expresado en frases como estas: El éxito destruye. El matrimonio es una reunión de fracasados. La fama corrompe. Los sueños devienen en pesadillas. La felicidad de la pareja es a costa del sacrificio de la mujer. El dinero corroe. Los famosos son en esencia víboras. Los hombres ricos son cerdos en busca de más carne. Los hombres de clase media son aburridos. La vida del campo es rutinaria y sofocante. Las ciudades son nidos de serpientes. Nada es agradable, y los placeres casi siempre duelen. Para las mujeres, independientes o no, el mundo es un desastre, se requieren pastillas para dormir, alcohol para olvidar y estimulantes para seguir. Por eso la vida es un coctel de píldoras (dolls). Ellas vieron en el trabajo de Susann ecos de Dostoievski, Faulkner, Dos Passos, Hemingway y Sinclair Lewis, en sus descripciones de ambientes y personajes. El libro se volvió referente feminista y gay friendly durante los siguientes años, a despecho de la opinión de la autora, que pensaba que lo que hacía era literatura. Igual consiguió su lugar: El Valle de las muñecas es de obligada lectura en cursos sobre literatura en la Universidad de Columbia

La novela duró 28 semanas en el primer lugar de los más vendidos del New York Times y fue durante los siguientes 30 años la obra más vendida escrita por una mujer (encargadas de destronarla de forma definitiva fueron Shere Hite y JK Rowling). De ella se hizo una película, protagonizada por Sharon Tate y Patty Duke; se le pidió a la autora una segunda parte, pero renunció a ello, prefiriendo concentrarse en escribir otra novela de gran éxito: La máquina del amor. Durante la campaña publicitaria, el 8 de Agosto de 1969 recibió una invitación de Sharon Tate para ir a su casa en Cielo Drive, pero a última hora declinó asistir. Esa noche, Sharon Tate y tres amigos más (Jay Sebring, Wojcech Frikowski y Abigail Folger) fueron brutalmente asesinados por miembros del clan Manson, en plena operación Helter Skelter. Al día siguiente El valle de las muñecas (película y libro) volvía a gozar de una enorme popularidad al punto de devolverlo al primer lugar de los libros más vendidos. Fue la única vez que a Susann, una mujer feliz con la atención del público, le desagradó esta fama no buscada.

Susann burló a la muerte varios años más. En 1973 le detectaron cáncer terminal (ya había sufrido en 1962 una mastectomía; y para ella, “los placeres duelen”) y pasó sus últimos meses publicitando su última novela, Una vez no basta, que consiguió ruborizar a las escenas de sexo de El valle de las muñecas: en un aparte de la novela un personaje explica cómo guardar semen en una nevera para usarlo como mascarilla facial. Jacqueline Susann murió el 21 de septiembre de 1974, destrozada por la crítica literaria, pero convertida en un icono feminista. Hoy eso se ve discutible: los personajes femeninos de Susann albergan sueños y apetitos que trascienden la esfera doméstica, pero en última instancia son niños adultos. Ellos tratan a otras mujeres como rivales y confían en los hombres para la estabilidad emocional. Pero sus obras, en particular el Valle de las muñecas, están llenas de mujeres que buscan su lugar en el mundo, aferrándose a su ingenio, que prefieren el fracaso ante de ser compradas y vendidas en una subasta de carne, así sea atiborrándose de pastillas (dolls) para sobrevivir. Volver a sus páginas, 50 años después, es descubrir que muchas de las situaciones que ellas viven, aún se reproducen en nuestros días.