Si alguien quisiera realizar un comentario sobre Intolerancia, la obra maestra de David Wark Griffith,  no le quedaría más remedio que preguntarse si va a hacer arqueología o a hablar de cine. En mi caso particular vamos a hablar de cine, de los orígenes del cine moderno, y el valor que el mensaje de la película tiene hoy.

Intolerancia, de 1916, fue posiblemente la película más ambiciosa y extensa (la versión restaurada que se exhibe de forma habitual dura 197 minutos y hay versiones que la extienden hasta 224 minutos) de la época del cine silente, y quizá, la que más influencia ha ejercido en el arte hasta hoy.   Habrá quien dispute y señale que tal vez El Nacimiento de una nación, del mismo Griffith, influyo más en el desarrollo del cine, o trabajos como Avaricia de Stroheim o Metropolis de Lang, son importantes y valiosos. Pero el caso es que en ambición de miras ninguna la supera. Fue una respuesta del director a las críticas de su anterior trabajo, El Nacimiento de una nación, que fue acusada de maniquea y racista, pese su gran éxito. A Griffith, hijo de un antiguo soldado de la Confederación, la acusación le molestó profundamente; Intolerancia es, pues, también una respuesta personal del autor a las críticas.

Intolerancia, como su nombre lo indica, versa sobre esa característica de la naturaleza humana. Si hemos de seguir a Chesterton, “la intolerancia puede definirse aproximadamente como la indignación de los hombres que no tienen opiniones”. Cien años después es casi imposible no estar de acuerdo. El director quiso mostrar las consecuencias de esta conducta mediante el desarrollo de cuatro historias en un periodo de 2.500 años: El festín de Baltasar y la Caída de Babilonia, la Pasión de Cristo, la masacre de la noche de San Bartolomé de 1572 y un episodio moderno titulado La Huelga. Estos capítulos muestran cómo el crimen, el puritanismo moral y los conflictos entre diferentes concepciones del mundo degeneran en dolor, muerte y destrucción para quienes los ejercen.

Las cuatro historias corren en paralelo, su narración es lineal, y se intercalan escenas de una historia a otra a lo largo de sus tres horas, a través del leitmotiv de una mujer que mece una cuna; esta imagen fue tomada de un verso de un poema de Walt Whitman titulado De la cuna que se mece eternamente, que parafraseo Griffith así: “Mueve la cuna sin cesar, ayer, hoy y siempre, Canto y origen de dolores y alegrías”. Las historiasse suceden, con mayor ritmo y menor duración de escenas, hasta llegar al clímax final, cuando estas convergen y un mensaje moral de esperanza sella el final. El propio Griffith sintetizaba su film con esta afirmación: "Cuatro corrientes de agua que podríamos contemplar desde la cima de una colina y que convergen en un solo lugar”

Con Griffith nace el relato cinematográfico como hoy lo conocemos. Es el creador del cine de autor. Los hermanos Lumiere no veían mucho futuro a su invento, y se limitaron a tomar escenas de la vida real, por lo que se pueden considerar más los pioneros del documental; el trabajo de Melies, heredado del teatro, es más surrealista, fantástico y se puede considerar que dio origen al cine de Ciencia ficción. Pero el relato cinematográfico propiamente dicho se lo debemos a Griffith.

Desde su exhibición la película fue alabada como una obra maestra, pero fue un fracaso comercial, ya que el público, inmerso en las noticias de la I guerra mundial, e influenciado por el espíritu victoriano, fue incapaz de entender el alegato pacifista y moral del filme, y lo vio como un trabajo largo y demasiado intelectual. Este fracaso que fue el inicio de una carrera cuesta abajo en la obra de Griffith, que lo llevó a morir en 1948, completamente olvidado en el Hollywood que ayudo a crear. No hay que olvidar que Griffith fue uno de los fundadores de la United Artists. Se dice que al ver Ciudadano Kane Griffith comentó sobre la dirección de Orson Welles: “Es bueno saber que han aprendido bien lo que yo les he enseñado”

La influencia de El Nacimiento e Intolerancia fue enorme en el desarrollo del cine. Los cineastas soviéticos admiraron y copiaron las secuencias de montaje de ambas películas, y era bien conocida la admiración de Einsestein por el trabajo de Griffith; la épica del cine americano no puede entenderse sin estas dos cintas. Muchas de las técnicas cinematográficas de uso común fueron desarrolladas o perfeccionadas con esta película. Es posible reconocer en directores tan disimiles con Cecil B. De Mille o Ingmar Bergman la influencia de Intolerancia en sus trabajos.

Ver de nuevo Intolerancia es como visitar al abuelo que tanto influyó en nuestras vidas y escuchar de nuevo su mensaje. Griffith envió una poderosa denuncia sobre las consecuencias funestas de la intolerancia, los excesos del capitalismo, la violencia como medio para la solución de conflictos, el asesinato de personas en nombre de supuestos ideales elevados.

Cabe reflexionar sobre hasta dónde se debe tolerar lo tolerable: de la tolerancia extrema surgen leyes que parecen proteger más a los victimarios, más que los derechos de las víctimas y sus deudos; producto de la intolerancia contra aquello que es diferente o diverso se han cometido crímenes horrendos; nos lo recuerdan nombres como Ruanda, la Unión Soviética, la España de Franco, Yugoslavia, Boko Haram, Daesh, Siria, Israel, crímenes en muchas ocasiones para la mayor gloria de su Dios, o para seguir los supuestos ideales laicos elevados como libertad, justicia o igualdad. Intolerancia es, pues, un recordatorio de los excesos que estamos dispuestos a cometer en nombre de una idea, sin pensar en ella. La vigencia del mensaje de esta maravillosa obra de arte continua intacta en nuestros días.