Ahora que personajes bravucones como Donald Trump y Vladimir Putin triunfan en las urnas del mundo se ha puesto de moda celebrar esa actitud de permanente desafío conocida en colombiano machista como 'tener huevos'. Para aquellos acostumbrados a librar batallas desde la remota comodidad de sus mullidos sillones de cuero, este tipo de dirigentes de rudo lenguaje, que son quienes declaran o amenazan con declarar las guerras de las que derivan dichas batallas, son una especie de encarnación de John Rambo, digna de ser idolatrada.

Sin embargo, lo que yo nunca he entendido muy bien de todas esas bocas abiertas de admiración ante esos supuestos John Wayne de la política es en qué consiste su tal valentía, su dichosa teneduría de huevos. Para empezar, en su carrera por el acceso al poder rara vez -o, con más probabilidad, nunca- ponen sus vidas en riesgo. Y una vez allí, los suelen acompañar a todas partes decenas -o incluso cientos- de escoltas armados, además de varios guardaespaldas que están dispuestos a atravesar sus propios cuerpos en la línea de fuego con tal de salvarles la vida (sucedió en 1980, cuando John Hinckley Jr. disparó varias veces contra el presidente Reagan), y quién sabe cuántos agentes encubiertos cuya misión es vigilar y detectar hasta el mínimo evento sospechoso.

Pero, por si fuese poco, en tiempos de guerra o de grandes riesgos las personas que suelen están más protegidas de entre todos sus compatriotas son justamente ellos. Bástenos recordar el complejo operativo de seguridad que mantuvo a George W. Bush, uno de los más famosos 'halcones' de la política estadounidense, en una burbuja de protección aérea casi invulnerable durante las horas que sucedieron a los ataques del 11 de septiembre de 2001, mientras los neoyorquinos del común enfrentaban como podían esos momentos de zozobra.

Aquellas épocas de la Antiguedad en las que el rey o el emperador encabezaban sus filas de combate parecen, pues, haber quedado totalmente en el pasado.

¿O no totalmente? Quizás no. O por lo menos no lo era así hasta el viernes pasado, cuando murió de viejo, en su cama de Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, el interminable Fidel Castro Ruz. Porque pese a que su avanzada edad ya no se lo permitía, y a diferencia de sus colegas con ínfulas de matón de barrio, Fidel sí presentó al mundo sin el menor asomo de jactancia, sino como una actitud ética de respeto y ejemplo hacia sus soldados y su pueblo, pruebas irrefutables de no solo tener huevos, sino de tenerlos bien puestos.

Porque fue Fidel quién retó a los pistoleros que enviaba la policía secreta de Grau San Martín cuando él tenía menos de 20 años y el fenómeno del gangsterismo se tomaba los campus universitarios de La Habana. Fue Fidel quien se alistó voluntariamente en la avanzada -repleta de muchos de esos mismos enemigos suyos- que pretendía derrocar al sanguinario y vengativo dictador Rafael Leonidas Trujillo de República Dominicana. Fue Fidel quien se dio tiros contra la policía colombiana en Bogotá el 9 de abril de 1948, poniéndose del lado de un pueblo al que él consideraba oprimido por las autoridades del momento. Fue Fidel quien lideró como carne de cañón el asalto al cuartel Moncada, que terminó en una lluvia de tiros cuando las cosas no salieron de acuerdo a lo planeado. Fue Fidel quien encaró con dignidad a unos carceleros que tenían órdenes de asesinarlo cuando fue puesto en prisión por Batista, y quien también cantó a todo pulmón el himno 'Viva la revolución' en las barbas de éste último una mañana que llegó de visita a su sitio de reclusión. Fue Fidel quien desafió a los esbirros que después le envió el dictador a su exilio de México para que lo mataran. Fue Fidel quien enfrentó y derrotó, junto a apenas 60 compañeros, a un ejército de 40.000 hombres armados hasta los dientes. Fue Fidel quien participó, al lado de sus soldados, en la defensa de la invasión de Playa Girón, orquestada por los cubanos de Miami y tal vez apoyada por nada menos que la CIA. Y fue también Fidel quien sobrevivió en pie de lucha, sin amilanarse nunca ante ese hecho, sin ceder un solo milímetro en sus convicciones, a más de 600 atentados que a lo largo de su vida le preparó el imperio más poderoso de la historia, el cual le respiraba en la nuca a menos de 90 millas de distancia.

Esto dice de él, de Fidel, Tad Szulc, el reportero de The New York Times que difundió la noticia de la invasión norteamericana de Bahía de Cochinos y quien escribió una de las biografías más completas y objetivas sobre el comandante cubano: "En un momento determinado, en la Sierra Maestra, todos los oficiales firmaron una solicitud rogándole que dejara de exponerse al fuego enemigo con su insistencia de estar en primera línea en todas las escaramuzas y en todos los combates".

¿Huevos Independientemente de lo que se opine acerca de sus políticas, huevos tuvo Fidel. Aquí en Colombia, en cambio, seguimos pensando que tener huevos es proferir un par de amenazas, pretender que continúe una guerra que no se combate en carne propia y andar para todas partes acompañado de 300 guardaespaldas. Eso no es tener huevos.

Eso ni siquiera es tener huevitos, así algunos aseguren tener tres de ellos.⁠⁠⁠⁠