Una de mis canciones favoritas es Milonga Sentimental, la conocida pieza argentina con letra de Homero Manzi, de la cual existen versiones muy celebradas de Carlos Gardel, Julio Iglesias, el grupo argentino Tinta Rosa y una versión del Gran Combo de Puerto Rico en ritmo de salsa.

La letra, llena de versos hermosos como “Tu amor se secó de golpe, nunca dijiste porqué, yo me consuelo pensando que fue traición de mujer”, encierra una historia de fuerte contenido sexual. Observen: Un hombre conoce a una mujer de esas de “vida fácil”; su relación es eminentemente sexual. Ella lo abandona de repente (“Tu amor se secó de golpe”) por otro, quizá por dinero (“Nunca dijiste porqué, yo me consuelo pensando que fue traición de mujer”). Pese a su deseo de matarla (“Es fácil pegar un tajo para cobrarse una traición”) reconoce que no puede olvidar las noches de placer con ella (“Pero no es fácil cortarse los tientos de un metejón, cuando están bien amarrados al palo del corazón”). Reconoce además que volvería a humillarse por volver con ella, pero la hombría no lo deja (“Tal vez no lo puedas creer, tal vez te provoque risa, ¡verme tirao a tus pies!”). El hombre, pese a todo, no logra olvidarla y al final reconoce que solo la quería para sexo (“Pa decir que sí a veces, o pa gritarte que no”). Una historia de odio, misoginia, putas, celos, sexo y venganza, como muchas narradas en boleros y baladas.

Toda esta larga introducción para señalar que no entiendo bien el porqué de la indignación por la canción de Maluma Cuatro Babies. La gente se indigna por la letra subida de tono, las descripciones explícitas, la cosificación de la mujer, el culto al dinero fácil, el elogio a la sociedad de los traquetos, puntos sin duda muy válidos, pero que en el fondo, están lejos de la discusión, que se reduce a dos puntos: Para empezar, estos temas se han tratado de forma más amable en el pasado, y la pregunta más allá de lo explícito de sus formas es por qué se siguen repitiendo, como han señalado algunas feministas. El otro es que para muchos -yo entre ellos- la canción es un monumento al mal gusto que no debería mostrarse por ofensiva. ¿Qué tan válido es eso? No lo sé, no tengo respuesta clara. Quizá esté bien dejarse de eufemismos para describir una forma de relaciones existentes en nuestra sociedad. ¿O creemos acaso que no pueden existir mujeres como las descritas en la canción proscrita?

También está la interminable discusión sobre la influencia de las industrias culturales en los imaginarios sociales de los ciudadanos. Una discusión que reaparece cada tanto en la medida que toca fibras sensibles en la sociedad. Hay quien señala que la canción contribuye a fomentar los estereotipos misóginos, el culto al dinero fácil y la mentalidad traqueta; puede ser, pero al final los padres que escucharon y cantaron temas como “Sin pensarlo dos veces la empuje a la pared, le arranqué el vestido y la llené de amor, sin pensarlo dos veces nos violamos los dos” o “Guíndeme del palo a Petra, pa que no sea sinvergüenza“ no se reconocen en lo que hoy oyen sus hijos. Lo que sí es cierto es que los llamados a prohibir la canción están fuera de lugar. De alguna forma deben convivir los géneros. Hasta el mal gusto tiene su lugar en el mundo.

Como tal, la canción es un producto comercial facilista hecho para triunfar usando los más conocidos recursos musicales: una letra de escándalo, una música de tam tam repetitivo y un grupo conocido de intérpretes, entre los que está Maluma, niño caribonito con limitados talentos, sueño de adolescentes llenas de hormonas, que juega a ser malo. Receta casi garantizada de un éxito.

Algunos han señalado que la canción se incluye dentro de un subgénero llamado Trap, popular en el sur de los Estados Unidos, conocido por la crudeza de sus letras y sus temáticas que hablan de violencia, drogas, putas y dinero. Entre algunos de los más conocidos intérpretes que han versionado canciones Trap, están Eminem y Kanye West. Que no se conozca mucho o no se hable de ello no quiere decir que no exista; su valor musical será objeto de discusiones interminables, pero hasta ahí.

Oyendo la canción, tengo sentimientos claros. Para empezar, Maluma es casi un vegetal parlante, (creo que con un tomate se hace mejor música) y el reggaetón, y mucho menos el trap, no es música de calidad; lo confirmo ahora, oyendo las pobres rimas, melodías y métricas usadas en la canción. No es, para mi gusto, un tema original o memorable, digno de ser recordado, e incluso creo que si por mi fuera, no salvaría la última versión existente sobre la Tierra, ni si con ello me jugara la vida. Me puedo equivocar, claro, o pasar por arrogante. Quizá 200 millones de reproducciones de la canción en Youtube me señalan que puedo estar equivocado, o a lo mejor solo soy un presumido que se las da de intelectual. Puede ser, pero pienso que la degradación de la música comercial parece un fenómeno mundial que de continuar tal vez, solo tal vez, me lleve a pensar dentro de 20 años que Maluma es uno de los grandes artistas de nuestra época, una especie de Agustín Lara de hoy. Y que termine por considerar una obra maestra del tamaño de: “Por qué te hizo el destino pecadora, si no sabes vender el corazón, porque pretende odiarte quien te adora, porque vuelve a quererte quien te odió”, frases como:“La primera se desespera, Se encojona si se lo echo afuera, la segunda tiene la funda, y me paga pa' que se lo hunda”.