El fútbol es humano, y como cualquier acto humano es imperfecto; no está exento de afanes desmedidos de gloria que terminan en trampas, o de simple errores arbitrales que se convierten en pesadas losas para el equipo injustamente afectado. Sin embargo, es menester hacerlo un poco menos imperfecto, mitigar los fallos groseros a través de la tecnología es una iniciativa válida que estaba en mora de implementación por parte de la entidad que gobierna este deporte, la FIFA.

La semana pasada, en el mundial de clubes jugado en Japón, vio la luz la utilización del video como alternativa para revisar jugadas polémicas y trascendentes que pueden transmutar grave y definitivamente el derrotero de un partido. En una de las semifinales de la competición, disputada entre el Atlético Nacional colombiano y el Kashima japonés se pitó un penalti a favor de los nipones por una falta en el área que inicialmente había pasado inadvertida por el colegiado. La falta era del tamaño de una catedral, más sin embargo quedó un manto de duda por un presunto fuera de lugar previo. Los seguidores del equipo colombiano no tardaron en colocarse el vestido de víctimas, mientras que la FIFA respaldaba la decisión arbitral. La mesa estaba servida para la polémica.

En la otra semifinal también hubo su rifirrafe en el segundo gol del Real Madrid español frente al América de México; el arbitró dudó si había fuera de lugar de Cristiano Ronaldo, primero dio el gol, luego lo anuló y terminó convalidando la anotación apoyado en el vídeo. La mayoría de jugadores del Real Madrid se mostraron contrarios a la nueva medida tecnológica; muchos puristas esgrimieron el argumento de que el deporte inventado por los ingleses perdería picardía. Permitir la picardía, que en castizo no es más que trampa y marrullería, no hace sino fomentarla y, de paso, le hace un flaco favor a este bello juego.

Decía Marcelo Bielsa que si quien llega primero tomando atajos no sufre la condena dentro del grupo, ese equipo está enfermo. Añadía El Loco (como le dicen) que lo mismo aplicaba para la sociedad. Coincido plenamente con el técnico ganador de la medalla dorada en Atenas 2004 y considero que la utilización de estas nuevas técnicas -con los necesarios ajustes y reglamentaciones- lo que va a permitir es una contienda más equilibrada, donde los infractores no se salgan con la suya y la cancha no termine (como suele ocurrir) inclinándose en contra del más débil que, no bastando la calidad de los equipos poderosos, tiene que enfrentarse también con el de negro que se cobija bajo el árbol que le da más sombra. Si algo hace hermoso este deporte es que no necesariamente el mejor en el papel gana, que no es tan extraño observar la gesta de un David contra un Goliat.

Decía Albert Camus que si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad fracasa en todo, de igual manera se puede decir que si los deportes fracasan en conciliar la frescura de la competencia con la justicia que trae la tecnología también habremos fracasado. Creo firmemente que no fracasaremos en este intento, el camino ya ha sido mostrado por el tennis, el fútbol americano, el basket, hockey sobre hielo y el beisbol, entre otros. Los resultados saltan a la vista, aficiones más satisfechas, mejores comportamientos de los jugadores, crecimiento de los negocios, etc. Ninguno de los deportes que pusieron en práctica estas herramientas han optado por deshacer el camino andado, ninguno ha puesto reversa a las bondades de la tecnología.

Espero que esta oposición a lo nuevo, a la razón y la justicia no sea más que un ataque de tecnofobia y que rápidamente pase como un nubarrón amenazante que no se convierte en tormenta. Es necesario que las acérrimas críticas se transformen en propuestas enriquecedoras para perfeccionar el esquema. Estoy más que convencido que la mayoría las personas que lanzan estas despiadadas críticas tienen un computador, utilizan un teléfono inteligente y son usuarios de las redes sociales. Estos elementos también han sido satanizados en su momento, para terminar abriéndose paso en este siglo XXI vertiginoso.

Mauricio Macri decía en estos días que en Argentina “se acabó la trampa y la corrupción”, no es materia ahora entrar en la veracidad de la frase del expresidente de Boca Juniors, pero si quiero terminar parafraseándolo un poco y espero que este sea el inicio de un balompié más transparente, menos corrupto y más justo con los débiles; me conformaría si pudiéramos decir en un par de años que con la utilización del vídeo en el fútbol “se empezó a mitigar la trampa y la corrupción”, y, de paso, ayudarle a los árbitros que fácil no la tienen.

Y si no lo logramos, no hemos perdido nada con intentarlo.

(Imagen tomada de https://cdn1.celebritax.com)