El 24 de diciembre de 1914, cerca de la ciudad belga de Ypres, unos soldados alemanes que se batían a tiros contra tropas británicas en una de las más sanguinarias batallas de trincheras que el mundo recuerde, se olvidaron por un momento de las balas, de las enfermedades que contraían y hasta de las ratas y los insectos que infestaban sus parapetos, y empezaron a cantar en coro el villancico Noche de paz. No pasó mucho tiempo antes de que sus archienemigos, situados al otro lado, los imitaran. Más tarde ambos bandos intercambiaron saludos de navidad a los gritos, hasta que uno de los soldados ingleses, Willie Loasby, se armó de valor y avanzó hasta la 'tierra de nadie' que los separaba. De repente se encontró con otro soldado alemán -que también había hecho lo mismo- con quien terminó intercambiando regalos: seis cigarrillos a cambio de una barra de chocolate.

El anterior episodio es conocido como la 'Tregua de Navidad', y se considera uno de los únicos momentos rescatables que dejó la Gran Guerra. De hecho la historia no para ahí porque según testimonios epistolares de la época los dos contingentes completos se juntaron después en una sola celebración en ese terreno neutro, durante la cual tomaron trago, se contaron historias familiares, se enseñaron mutuamente las fotos de sus seres queridos y hasta terminaron jugando un partido de fútbol, improvisando las porterías con sus cascos de dotación.

Ese increíble gesto de humanidad, en medio de la barbarie de la guerra (¡y de qué guerra!), dejó una huella gigante en la cultura popular que ha sido fuente de numerosos libros, películas y hasta canciones: una vez más la realidad superando a la ficción. En una rápida consulta a Wikipedia encuentro que el argumento de la producción francesa Joyeux Noël (Feliz Navidad), nominada en 2005 al Óscar en la categoría de Mejor Película en Lengua Extranjera, se nutre de ese hecho de la vida real. También lo hace un pasaje de Oh What a Lovely War, de Richard Attenborough, cuyo título traducido tomé prestado para este artículo.

Pero no sólo películas, como ya dije: en el libro Silent Night: The Story of the World War I Christmas Truce, Stanley Weitraub cuenta de primera mano cómo vivió ese momento. Dice Wikipedia también que "el grupo británico The Farm grabó una canción que habla de este suceso: All Together Now, la cual se ha convertido en un himno futbolístico". Además, el episodio final de la serie televisiva Blackadder Goes Forth el Capitán Blackadder dibuja el sinsentido de la guerra con esta magistral línea: "Ambos bandos avanzaron más lejos en una visita a la trinchera enemiga durante la tregua de Navidad de lo que lo hicieron en los dos años y medio de guerra siguientes". Y nada menos que Paul McCartney referencia el suceso en su video de 1983 Pipes of Peace.

En fin, no sólo las referencias podrían seguir y seguir, sino que se dice que los superiores de ambos bandos pasaron las delgaditas para convencer a sus subordinados de que, una vez finalizada la tregua, abrieran fuego nuevamente contra esos enemigos ya humanizados y convertidos momentáneamente en sus amigos gracias a la nostalgia decembrina.

Todo lo anterior contrasta con la actitud mezquina que ha tomado un buen sector de la opinión pública colombiana al enterarse de que el 31 de diciembre que acaba de pasar guerrilleros de las Farc, en trance de desmovilizarse, se unieron en una celebración de añonuevo -que incluyó baile- con los veedores de la ONU y con algunos miembros de la fuerza pública.

¿Qué es lo que pretenden esos permanentes indignados? ¿Quién los entiende? ¿Preferían que esos guerrilleros estuvieran lanzando cilindros bomba en lugar de estar bailando? ¿Sería mejor para ellos que esos niños, por los que tanto dicen preocuparse y que ya pronto estarán en un programa de resocialización, estuvieran arriesgando sus vidas en lugar de estar felices, celebrando con sus adversarios? ¿Palo porque las Farc muestran su odio con ataques y palo porque muestran su lado afectuoso y humano alejados de las armas?

Parece que sólo esperan un suceso -cualquiera- relacionado con el proceso de paz para buscarle -o inventarle si es necesario- un lado malo. En la otra cara de la moneda está -como siempre- el resto del mundo: en 2014, una semana antes de navidad, en la misma ciudad belga de Ypres, la UEFA conmemoró el centenario de la 'Tregua'. El entonces presidente de esa entidad, nadie menos que Michel Platini, invitó a los jefes de estado y de gobierno de Francia, Bélgica, Italia, Alemania, Irlanda y el Reino Unido. Platini declaró: “La ceremonia de conmemoración debe rendir homenaje a los soldados que hace un siglo expresaron su humanidad en un partido de fútbol escribiendo un capítulo en la construcción de la unidad europea y que son un ejemplo a seguir por las jóvenes generaciones de hoy”.

No, Platini, te equivocas: pese a que han pasado 102 años desde ese suceso tendrás que creerme cuando te digo que algunas generaciones no han seguido ni seguirán jamás ese ejemplo del triunfo de la civilización sobre la barbarie.

En algunos sitios del mundo la Humanidad no sólo no avanza, sino que simplemente retrocede.