Anuncia la FIFA que introducirá importantes cambios en la Copa del Mundo -los cuales empezarán a regir a partir del Mundial de 2026- e inmediatamente los apocalípticos de siempre ponen el grito en el cielo: "Dañarán el torneo", "Lo hacen por intereses económicos", "Prostituirán el fútbol"… En fin, los cíclicos vaticinios del final de los tiempos futbolísticos y los mismos lugares comunes y tonterías del indignado de oficio que ni siquiera se toma el trabajo de analizar cuáles son las consecuencias de las modificaciones anunciadas por la -para ellos- babiloniesca FIFA.

Pero echémosle un vistazo a los cambios. El número de equipos con derecho a asistir al torneo cuatrienal subirá de los 32 actuales a 48. Nada menos que un 50% más, sí, pero nada diferente al incremento que se produjo entre el mundial de Argentina 78 y el de España 82, cuando de 16 equipos se pasó a 24.

También recuerdo trompetas de juicio final tocadas por los apocalípticos de entonces (e incluso las hubo cuando, después, se llegó a la cifra actual de 32), pero lo que nadie dice es que fue gracias a ese aumento de selecciones que pudo dársele un cupo más al naciente buen fútbol africano: mientras en el 78 un solitario Túnez sacó la cara por ese continente, en el 82 sólo la mala fortuna y la deshonestidad evitaron que dos buenos equipos, como Camerún y Argelia, pasaran a la segunda ronda: el primero, en un grupo que registró 5 partidos empatados de 6 jugados, perdió el cupo ante el poco después campeón Italia por un mísero gol a favor, mientras que el segundo fue víctima en la última fecha de una componenda entre la poderosa Alemania Occidental (equipo al que había doblegado poco antes) y Austria.

Esas participaciones de iniciación fueron la semilla de las buenas presentaciones que después le veríamos a Camerún y sus vecinos en los siguientes mundiales: en los cuartos de final de Italia 90 Camerún mantuvo en vilo a todo el planeta cuando jugó un infartante partido frente a Inglaterra, justo después de acabar con la ilusión de Colombia. De hecho, Colombia también se vio beneficiada por el aumento de los cupos: recordemos que fue gracias a esa medida que pudo acceder al repechaje que finalmente le permitió la clasificación.

Así que de no ser por la mayor cantidad de equipos, el mundo se hubiese perdido de las pequeñas sinfonías que brindaron, entre muchos otros, el camerunés Roger Milla, el nigeriano Jay Jay Okocha y la banda colombiana encabezada por el 'Pibe' Valderrama y Freddy Rincón. No puede decirse, entonces, que esos eran equipos de relleno, o que era mejor preservar los 16 cupos que predominaron hasta Argentina 78, porque realmente se trató de selecciones que brindaron emociones por montón, fueron competitivas y aportaron virtuosismo técnico y estético al espectáculo.

Continuando con las modificaciones a partir se 2026, los 48 equipos se dividirán en 16 grupos de 3 equipos. Estos jugarán dos partidos cada uno, en un triangular, para definir los 2 que avanzarán a la siguiente ronda, que ya no será de octavos sino de dieciseisavos de final. Es decir, se restará uno de los partidos de la habitualmente poco emocionante primera ronda para convertirlo en un partido más de los de vida o muerte; de esos en los que no hay mañana; de esos que, cuando se van a jugar los primeros, marcan para muchos el verdadero inicio del mundial.

Por otro lado, quizás los partidos de los triangulares prometan más emociones que los de los actuales cuadrangulares, porque al parecer -pero esto no he podido confirmarlo- no existirá la posibilidad de que terminen empatados. Además, debido a que el mayor número de partidos (80 frente a los actuales 64) se jugarán en los mismos 32 días, se abre la posibilidad de que haya más de una sede por torneo, puesto que difícilmente un solo país cuenta con tal cantidad de escenarios. Lo cual duplicará o triplicará las probabilidades de que cualquier país consiga serlo.

La FIFA, en efecto, ha dicho que con todo esto espera aumentar los recaudos en un 35%, aprovechando, por ejemplo, el aumento exponencial de la afición por el fútbol en países tan populosos como China. ¿Y cuál es el problema con eso? Yo no se lo veo. Si gracias a eso, y a la simple ley de probabilidades, de entre más 1.200 millones de chinos surgirán grandes estrellas que nos ofrecerán jugadas de fantasía y contribuirán a las emociones del juego, poco me importa si la FIFA se gana el 35 o el 70% más. Máxime si además habrá más partidos a muerte desde el principio y disfrutaremos de las sorpresas que nos depararán las selecciones llamadas 'revelación', que ahora serán más.

Es extraño, pero en un mundo en el que cada vez hay más especialistas y magisters en administración de empresas y más y más personas soñando con ser el CEO de alguna gran multinacional resulta también cada vez más difícil encontrar gente que entienda ese moderno simple y conveniente principio administrativo del gana-gana. Gana la FIFA, sí, pero también ganamos nosotros, los aficionados.

Y todo el mundo contento.⁠⁠⁠⁠