En estos tiempos en que todos pueden y dan su opinión en público sobre cualquier cosa, la cuestión de la autoridad moral e intelectual es importante. Por autoridad no me refiero al ámbito jurídico sino a la autoridad natural que deriva del conocimiento o pensamiento que no está a nuestro alcance. En otras palabras: ¿a quién creer o tomar en serio en medio de la cacofonía de opiniones existentes?

Encuentro excesiva e irritante en la exposición de las opiniones de los actores, personajes de farándula o estrellas del pop. Dudo mucho que aquellos que se ponen en la piel de otros con gran talento (lo cual para el actor es una muestra de su valía actoral) tengan opiniones firmes o personalidad propia. No es algo que pueda demostrar, pero años escuchando opiniones a favor de la paz, en contra del hambre, sobre el cambio climático, en contra de la desigualdad económica o los derechos de los niños, me han prevenido contra las consideraciones públicas de estos personajes. ¿Conocemos a algún personaje de estos que, por ejemplo, exprese opiniones que puedan ser dolorosas o conservadoras? En la práctica, las opiniones son claramente uniformes: cuando se trata de cosas malas o conservadoras, parecen estar en contra de ellas.

De allí que poco me interese que Madonna insulte a Trump, que Lady Gaga salga en defensa de la comunidad LGBT, que DiCaprio preste su nombre a la causa para detener el cambio climático o que George Clooney defienda la existencia de Sudan del Sur; o que todos ellos muestren posturas progresistas, mientras algunos esconden su dinero en paraísos fiscales para pagar menos impuestos (como nos revelaron algunos de los papeles de Mossack Fonseca). Siempre me ha intrigado cómo toman como suyas causas ajenas a su vida diaria para, dizque “visibilizarla”, como por ejemplo, la situación de los bosques de Borneo por el cultivo de Palma Africana.

Pienso que estos artistas desarrollan un papel frente al público, y siempre dudaremos si sus opiniones son sinceras o no. En el fondo lo que hacen es continuar expuestos a los focos como forma de publicidad gratuita.

Esas dudas me surgieron en días pasados cuando Meryl Streep, con ocasión de su premio Cecil B. De Mille en los Globos de Oro, aprovechó su discurso para criticar -sin mencionarlo- al entonces presidente electo de los Estados Unidos por sus expresiones y opiniones sobre la inmigración, la xenofobia, el racismo, burlas a los discapacitados y los aspectos divisivos de su programa de gobierno. En medio de la aprobación de las redes se oyeron voces que aplaudieron la virtud de Streep por criticar al señor Trump.

No fue un discurso original. Creo que si hubiera tomado partido en favor de construir un muro entre México y Estados Unidos, o alguna de las ideas expuestas por Trump, el escándalo hubiera sido grande, pero al final todo fue muy marginal. Pero es que Donald Trump era un objetivo imperdible: Es objeto de desdén y reprobación de muchos sectores liberales, y recordar eso es casi una misión de servicio público. El discurso no fue particularmente interesante; no decía nada nuevo, y resultó ser un tanto sentimentaloide. Lo interesante fue la reacción de Trump al discurso.

En una explosión verbal en redes respondió que el talento de Streep está sobrevalorado, la llamó "lacaya de Hillary Clinton", negó haberse burlado de un reportero discapacitado y terminó su explosión tachando a los medios nuevamente de parcializados y deshonestos.

Creo que estarán de acuerdo que si hay una persona en el mundo con menos derechos a la libre expresión espontánea es el Presidente de los Estados Unidos. No se cómo es Meryl Streep como persona, no sé si defiende causas nobles mientras evade impuestos, ni si es un buen o mal ser humano, o es como todos nosotros, algo entre esas dos cosas. Pero como actriz es muy buena, de lejos una de las mejores de su generación (ahí está su vigésima nominación al Oscar como prueba de ello), y eso es así, incluso si fuera una declarada racista, comunista, nazi, antisemita o criminal. Su talento para actuar esta fuera de duda, pero en principio no da mayor valor a su opinión, y para el Presidente Trump reaccionar como un niño ante las críticas, es alarmante. Los políticos deben tener gruesa piel de rinoceronte ante las críticas. Alguien debería quitarle el celular, prohibirle el acceso a las redes sociales y ponerlo en cursos de control de la rabia.

Pero volviendo a mi pregunta original, ¿si no creo en la autoridad intelectual y moral de personas como Meryl Streep, en qué autoridad intelectual y moral creo? Si no es en actores y músicos de rock, ¿en quién?

Tal vez, pese al desprestigio que enfrentan en estos días, a los taxistas. La información más confiable, precisa y realista que he encontrado sobre la gente y el mundo que les rodea proviene de los taxistas. Ellos pueden certificar si la ciudad es más segura o insegura, más tolerante, está progresando, si es más violenta o más tranquila; por lo general sus opiniones pueden ser mucho más interesantes e ilustrativas que cualquier columna de, digamos, el New York Times. También son capaces, por ejemplo, de sacar chismes inesperados: un taxista le recordó a Juan Gossain, en 1971, que a García Márquez, veinte años atrás le decían Trapo Loco por su forma de vestir. En un viaje que hice al Perú en pleno período electoral tomé un taxi en Lima que me pasó frente al Colegio Militar Leoncio Prado, y el taxista me recordó que allí estudio Vargas Llosa, me habló de la relación de amor y odio del Perú con el novelista, y después me explicó las ventajas y desventajas de cada candidato presidencial de ese año y cómo los chismes afectaban la carrera presidencial, en particular uno sobre el supuesto lesbianismo de una candidata. Fue un curso intensivo de política peruana en 25 minutos. Alguna vez tomé un taxi frente a la Universidad del Atlántico y le pregunté al conductor cómo eran sus estudiantes: “Muchos son una partida de vivos que estudian con ventajas y se han dedicado a perder el tiempo y nuestro dinero”.

Si quieres saber la hora, pregúntale a un policía (Refrán inglés). Si quieres saber cómo es el mundo, tal vez lo mejor sea preguntarle a un taxista.

(Imagen tomada de http://undergroundmgzn.com/)

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