Les propongo un ejercicio: yo presentaré aquí el fragmento de una nota aparecida en un importante medio de comunicación y ustedes, además de intentar deducir de quién están hablando, tendrán presente esa información hasta el final de la lectura de este artículo. Aquí va: 《...su necesidad de tener siempre la razón, no importa lo que sea que diga, su habilidad para mentir acerca de lo que dijo o no dijo, incluso ante pruebas de audio y/o video, su contnua exposición de teorías conspirativas sin presentar evidencias que las respalden, su abusivo y agresivo uso del Twitter, que hace que sus seguidores trollers estén prestos a atacar a cualquiera de sus críticos》.

Se me ocurrió el ejercicio gracias a que asistí, en el Hay Festival de Cartagena, a la conferencia titulada 'Periodismo en la era de la posverdad', a cargo de una impresionante batería de panelistas. Participaron en ella Alejandro Santos Rubino -director de Semana, el semanario más prestigioso del Colombia-, Juanita León -directora de La silla vacía, uno de los portales web noticiosos más exitosos del país- y un periodista del diario español ABC, Ramón Pérez-Maura, quien con su afirmación de que en Colombia ninguno de los medios importantes apoyó al No en el plebiscito garantizó a los asistentes que, en efecto, estábamos en la era de la posverdad.

La conferencia, como todo el festival y como todo artículo de la prensa mundial y como toda conversación entre dos o tres o diez personas que se desarrolle en cualquier lugar del planeta en los tiempos actuales, fue invadida por el -paradójicamente- autoproclamado aislacionista presidente Trump: Trump esto, Trump lo otro, Trump aquí, Trump allá…

Trump miente, fue la conclusión final de al menos dos de los panelistas, uno de los cuales -Alejandro Santos- trajo a cuento de forma elogiosa una reciente noticia aparecida en The New York Times, la cual rompió con la forzada 'objetividad' del periódico más serio de Estados Unidos: se cambió en la primera página de ese diario el "Trump dice que…" (para que el lector saque su propia conclusión) por el "Trump miente acerca de…" Miente, entonces, Trump. Ahora sus mentiras son lo que son: un hecho, no una mera opinión.

Y Alejandro Santos, repito, evidenció simpatía por la posición del periódico neoyorquino, después de advertir -hay que decirlo- acerca de los riesgos en los que incurrió el medio norteamericano al hacerlo: ser clasificado como opositor. Juanita León también se mostró de acuerdo con llamar al pan "pan', y al vino 'vino': una mentira es una mentira, no importa si quien la dice ostenta el cargo más poderoso del orbe.

Sin embargo, noté con asombro -o en realidad sin él- que los tres panelistas -y también el moderador- se limitaron a mencionar las mentiras que ha proferido Trump en Estados Unidos durante el último año, pero no consideraron conveniente o necesario conceder una sola palabra sobre el expresidente Uribe, quien lleva más de seis años mintiéndonos a los colombianos.

Así no sólo lo confesó el gerente de la campaña uribista por el No, sino que afirmar que la afluencia de público para presenciar la posesión de Trump fue mayor que la de Obama, pese a los registros fotográficos viralizados en las redes que demuestran lo contrario, no es una mentira más descarada que sostener que el presidente Santos al asignarle 5 curules a las Farc, en un congreso conformado por 268 y que además hace parte de un sistema en el que existen otros dos poderes, "le está entregando el país" a ese grupo guerrillero. Son aritméticas elementales. Punto redondo: Uribe miente.

Uribe miente, sí (también), y por eso estoy seguro de que en el ejercicio que propuse en el primer párrafo la mitad de los lectores, cuando leyeron ese fragmento de un artículo escrito por Michael A. Nutter, colaborador de CNN, pensaron en Trump. Pero la otra mitad en Uribe. Con todo, ellos -Alejandro Santos y Juanita León-, que aplaudieron el precedente que sentó The New York Times, no se atrevieron a mencionar a Uribe en la charla, a pesar de que ésta hacía parte de un festival que se desarrollaba en Cartagena y estaba dirigido a un público mayoritariamente colombiano.

¿Por qué dos periodistas de semejantes quilates son tan agudos y frenteros como para tener una posición así de robusta acerca del fenómeno de la posverdad en Estados Unidos y en cambio son tan gaseosos cuando se trata de hablar a calzón quita'o sobre lo que ocurre en su propio país, en el cual se supone que son prominentes faros para la opinión pública? Es la pregunta del millón, la misma que quise formularles en ese momento, pero que se frustró debido a la británica puntualidad que para terminar las charlas impera en el Hay.

Trump miente. Uribe miente. The New York Times dice de frente que Trump miente. Los directores de Semana y de La silla vacía evitan referirse a Uribe en una conferencia sobre posverdad. Trump tiene en Estados Unidos la popularidad más baja de la historia entre los presidentes debutantes de su país. Uribe, en contraste, goza de la más alta de la historia entre los expresidentes del suyo. Es bastante probable, de acuerdo con la opinión de los expertos, que Trump no termine su mandato. Uribe, en cambio, parece continuar en el suyo, pese a que entregó el poder en 2010.

Ahora sí: saquen sus propias conclusiones.

(Imagen tomada de http://www.las2orillas.co/)