Siempre me ha intrigado la forma en la cual una decisión sin mayor impacto inicial, fruto quizá de un acto impulsivo, produce un efecto perdurable en la sociedad. Pienso en Rosa Parks, quien por negarse a levantarse de una silla reservada para blancos en un autobús, desencadenó una serie de protestas que llevaron al desmonte de las leyes racistas de EEUU. O cómo la sobredosis que afectó a Karen Ann Quinlan llevó a la creación de una serie de leyes sobre el tratamiento de pacientes terminales y el derecho a morir dignamente. O cómo la firma de una serie de documentos “sin leer ni entender bien lo que me explicaban las abogadas” por parte de Norma McCorvey, dio origen al caso Jane Roe vs Wade, que condujo a la despenalización el aborto en los Estados Unidos.

Jane Roe, como la llamaron en el caso, es un icono para el feminismo. Pero la mujer detrás del icono, Norma McCorvey, fallecida el pasado sábado 18 de febrero, era una heroína poco probable, compleja, incómoda con la atención que causó su caso. Luego se sometió a una conversión parecida a la de Saulo en el camino a Damasco y se convirtió en un reconocida activista antiaborto.

Nacida como Norma Nelson, en Louisiana, tuvo una infancia difícil. Su padre, un reparador de televisores, dejó la casa cuando tenía 10 años, y su madre, una mujer alcohólica, violenta y amargada, se trasladó con su familia a Houston. A todas estas inestabilidades se unió el descubrimiento de su homosexualidad. A los 10 años huyo a Oklahoma después de robar una gasolinera y fue capturada cuando la descubrieron besándose con una chica en un motel. Fue enviada a instituciones estatales donde vivió de los 11 a los 15 años. A los 16 se casó con Woody McCorvey, empleado de taller, quien repetidamente abusó de ella, golpeándola antes y después de quedar embarazada. Ella lo dejó y dio luz a una hija. A los 18 comenzó a salir y entrar de diferentes trabajos, pasar de cama y cama, de bar en bar, saliendo con hombres, pero también , y principalmente, con mujeres. Quedó nuevamente embarazada y dio al bebé en adopción. Su madre, disgustada con su comportamiento, la hizo firmar una serie de papeles donde renunciaba a la patria potestad de su hija, alegando inestabilidad emocional. Norma, como muchas veces en su vida, firmó sin leer los documentos.

A los 22 años, en 1969, quedó nuevamente embarazada y se dirigió a Dallas, donde denunció que había sido violada por una pandilla, esperando conseguir un aborto legal, el único posible según las leyes vigentes; pese a sus deseos, los trámites demoraron, por lo que acudió a los abogados Sarah Weddington y Linda Coffee. Ya tenía cinco meses de embarazo. Durante una de las entrevistas que tuvo con ellas firmó una serie de papeles sin entender su significado. Ellas querían impugnar la ley y obtener una autorización para un aborto rápido. McCorvey no consiguió el aborto, pero los papeles que firmó le dieron su sitio en la historia. La demanda presentada en 1970 llegó a la Corte Suprema en 1973; el tribunal, en una votación de 7-2, legalizó el derecho de elección de las mujeres, revocando las leyes contra el aborto.

¿Y McCorvey? Ella tuvo a su bebé, una niña, y lo dio en adopción. Se enteró que era Jane Roe, al leer en el periódico el histórico fallo. Ya vivía abiertamente con su pareja Connie Gonzales, y se había reconciliado con su familia. Reveló su identidad a principios de la década de 1980, apoyando la causa del aborto, trabajando en clínicas en apoyo a las pacientes. Admitió en 1987 que mintió a las autoridades cuando afirmó haber sido violada, lo cual fue “cause celebre” en televisión.

Sin embargo, en 1993, sufrió una crisis personal que la llevó a convertirse en una cristiana renacida. Ella misma contó que un grupo anti aborto se mudó al lado de la clínica donde trabajaba, y que pese a que en varias ocasiones los insultó, solo recibió de respuesta mensajes de paz y amor, lo cual terminó haciendo efecto en ella. Fue bautizada y empezó a hacer campaña intensamente contra el aborto, denunciando que había sido un peón de sus abogados. “No entendí lo que me dijeron, solo estudié hasta noveno grado”. Algo de verdad había: una de las abogadas admitió que estaba más preocupada por conseguir la firma de McCorvey que de explicarle las consecuencias legales del caso.

También renunció a su “estilo de vida homosexual”, y después de la publicación de un segundo libro (había publicado uno en 1993, titulado Yo soy Jane Roe) en 1998, se convirtió una vez más, esta vez al catolicismo."Estoy dedicada a pasar el resto de mi vida deshaciendo la ley que lleva mi nombre", proclamó.

Pidió varias veces a la Corte Suprema la anulación de la decisión Roe vs Wade, pero su apelación fue rechazada. En su activismo antiaborto hizo anuncios en televisión contra Barack Obama, durante su campaña de reelección en el 2012, llamándolo “asesino de bebes”.

Falleció el pasado sábado, pidiendo a sus amigos continuar su lucha para desmontar Roe vs Wade. Una mujer compleja y que una vez estuvo en el lugar preciso. En su autobiografía señaló: “Yo no era la persona equivocada para convertirme en Jane Roe, yo no era la persona adecuada para convertirme en Jane Roe. Yo era la persona que se convirtió en Jane Roe.” Los papeles que firmó sin leer aún dividen a la sociedad americana, 44 años después del fallo. Al final, un icono feminista, a pesar de sí misma.