Un amigo mío, vehemente en sus opiniones, suele indicar que el problema de la política en Colombia es que ha sido tomada casi por completo por delincuentes: los “Turcos” de la región Caribe, como “ Musas y ñoños”; los antioqueños uribistas y los cachacos -estos últimos entendidos como esa élite de bogotanos de rancios apellidos, a quienes tilda de hampones, clasistas y racistas-. Objeto de su inquina, es el presidente Juan Manuel Santos y en particular, por los últimos sucesos, el vicepresidente Germán Vargas Lleras.

Que Germán Vargas Lleras es un cachaco clásico de rancio abolengo nadie lo niega. Lo es, lo parece y no se molesta en ocultarlo. Su padre fue Germán Vargas Espinosa, abogado, notario y banquero, un cachaco honorable al que el adjetivo no le quedó grande en vida (a despecho de lo dicho por mi amigo, cachacos honorables existen, y son mayoría). Nieto de Carlos Lleras Restrepo, pariente de Alberto Lleras Camargo y bisnieto de Federico Lleras Acosta, el médico que combatió como pocos la lepra en Colombia. Entre sus antepasados directos figura Lorenzo María Lleras, alcalde de Bogotá, Rector del Colegio Mayor del Rosario y secretario de relaciones exteriores, quien suscribió un tratado de límites con Brasil en el cual se entregaban grandes territorios del antiguo Virreinato al Imperio brasileño; al darse cuenta del error, dimitió avergonzado. La familia Lleras, de historia que se rastrea hasta el virreinato, es de origen catalán. Otro de sus ancestros es José Félix de Restrepo, maestro de Francisco Antonio Zea, Camilo Torres y el sabio Caldas. Siempre reservado y antipático, Germán tiene mucha historia a cuestas.

La carrera política de Vargas comenzó, con el apoyo de su abuelo, en el Nuevo Liberalismo, ese movimiento orquestado tras bambalinas con ánimo revanchista por Lleras Restrepo, en contra de la trinca lopista-turbayista que le cerró el paso en 1974 y 1978 a la presidencia. Con la derrota liberal de 1982 recaló en el Ministerio de Agricultura, donde permaneció hasta 1988 cuando se lanzó a la política en el Concejo de Bogotá; logró ser electo y pronto se encontró con el albañal que es la política: como los concejales de la época se vio implicado en el lío de los auxilios locales que llevó a la cárcel al entonces alcalde de Bogotá Juan Martin Caicedo Ferrer. Logró ser absuelto y en 1994 se retiró del Concejo para buscar una curul en el Senado, resultando electo; en su curul se mantuvo durante 16 años.

Su gestión fue de pocas leyes, pero se dio a conocer. Se opuso al proceso de paz de Pastrana con las Farc, lo que lo llevó a abandonar el liberalismo y a apoyar a Álvaro Uribe Vélez en la campaña presidencial de 2002. Resultó electo como senador en ese año y sufrió un atentado en 2003, en el que perdió varios dedos de su mano izquierda; en 2005 sufrió otro atentado en el que resultaron heridos varios escoltas. Ya había abandonado el liberalismo y recalado en Cambio Radical, una antigua disidencia liberal galanista, fundada entre otros por Claudia Blum y Alfonso Valdivieso; pronto llegó a ser el líder natural de este grupo, que terminó identificándose con su figura.

Apoyó la reelección de Uribe, pero pronto comenzó a alejarse, disgustado por lo que veía como una infiltración narco paramilitar en el poder, pero sin romper del todo con el gobierno. Lanzó su candidatura presidencial en 2010, indicando que seguiría las políticas de Uribe, pero sin él. Quedó de tercero, pero estableció una serie de contactos con una de las más poderosas castas políticas de la Costa Atlántica: la familia Char, de Barranquilla, quienes le han aportado su apoyo político, pero sobre todo financiero. Apoyó a Juan Manuel Santos, quien lo nombro, primero Ministro de Interior y Justicia, luego Ministro de Vivienda, para finalmente llevarlo a la Vicepresidencia, dejándolo a cargo de la modernización de la infraestructura del país. Desde allí ha recorrido el país, anunciando e inaugurando obras por todo el territorio. Le han llovido críticas por su estilo autoritario, pero también ha sufrido crisis de salud: grabado quedó su desmayo en Floridablanca (Santander), mientras convulsionaba. La situación se atribuyó a exceso de trabajo. Ha anunciado para el 14 de marzo su retiro de la Vicepresidencia para buscar una vez más la Presidencia. Vargas, pues, va tras una meta trazada hace 30 años, cuando entró en la política como delfín de la casa Lleras.

Su nombre suscita mucho rechazo en la opinión, por su carácter reservado y antipático, su extrema vanidad, y el creer que la chequera, la maquinaria electoral, la contratación pública y el clientelismo son claves para llegar al Palacio de Nariño. No ayudan además episodios como el del “coscorrón” al guardaespaldas o cuando en la campaña de 2010 llamó “gamín” a un contradictor político. Tiene demasiadas resistencias. A ello se añade su silencio frente al proceso de paz, la corrupción en la contratación, la reforma tributaria, y su actitud de navegar entre aguas, sin suscitar rechazos del mundo político, pero también sin despertar grandes pasiones. No hay que desconocer, sin embargo, que tiene experiencia, conocimiento y credenciales para llegar a la presidencia.

Al final, la apuesta de Vargas Lleras es simple: eds consciente de que carece de los apoyos suficientes para llegar solo a la presidencia, por lo que busca construir una coalición improbable entre liberales, conservadores, la izquierda, la U, el uribismo, los turcos de la costa y la sociedad bogotana, que le permita llegar al menos a la segunda vuelta, y allí conseguir, dependiendo del rival, los apoyos suficientes para alcanzar el Solio presidencial. Pienso que, pese a las exageradas palabras de mi amigo, no le falta razón: la política en Colombia es en mucho un asunto de “turcos”, cachacos y antioqueños uribistas que negocian en los pasillos; al menos así lo es en el caso de Germán Vargas Lleras. ¿Logrará Germán la presidencia? Averígüelo, Vargas.

(Imagen tomada de http://www.todelar.com/)