Escriba usted "Manuel Mejía" en internet y saldrá una larga lista de reseñas, entrevistas, biografías y análisis críticos de la obra del autor de El día señalado, La casa de las dos palmas, Aire de Tango y a la vez ganador del Premio Nadal o el Rómulo Gallegos.


Pero yo no busco a ése, busco a otro Manuel Mejía. Un bogotano-español en sus 60 que escribe una columna en Las dos orillas, autor de cinco novelas publicadas, un pequeño volumen de cuentos, una página en Facebook titulada Gotitas en equilibrio, y una novela finalista en el Premio Verdum de Barcelona. Uno de esos autores secretos que tiene la literatura colombiana, y de lejos, de los mejores.
Hasta 2003, Manuel llevó una vida convencional: estudió derecho, se especializó, crió una familia, pagó sus cuentas, tuvo amores y desventuras pero, sobre todo, leyó. Leyó mucho y se volvió amante de lo irreal, tanto que ese año comenzó a escribir como un demente: de una sentada escribió Y no volvió (2004-Planeta).
Haga de cuenta que se rompe un dique y un torrente se lleva todo por delante, todo, incluida basura; eso es Y no volvió. Es fácil de leer, pero la impresión inicial fue negativa. Me sentía en una tarde de domingo sin novedades y leía el libro porque no había más que hacer; la historia se me hacía larga, confusa y un tanto plana, pese al humor -en ocasiones chistes flojos- que campea en el relato, hasta el inesperado final, que lo saca a flote. Pasa como en ciertas películas en las que cinco minutos las hacen inolvidables:  Aquí son las frases finales. Un conejo salió de la chistera y se ganó el aplauso general.
Una segunda lectura me permitió observar que es el relato de una huida, de lo que se es y no se quiere ser, para al final descubrir la trágica razón de esa huida a una realidad que queremos negar, y que nos alcanza. Una negación, en últimas, del pasado que al final vuelve.
Después de ese prometedor comienzo vinieron “Serpentinas tricolores” (2.008). “Que chévere” (2009), un volumen de cuentos “Relatos y demencias” ( 2011),  “El Parque del Retiro no es para todos”(2014) y “La casa por la ventana” (2016)
En todas ellas Manuel retoma a una serie de personajes de apariencia trivial, nuestros vecinos (no por nada, muchos de los relatos cortos del autor describen situaciones que les pasan a ellos, a través del ojo del autor) cuyas vidas sufren inesperados cambios: algunos buscados por cansancio (La casa por la Ventana), por error (El parque del retiro), o por algo inesperado (Que chévere, Serpentinas tricolores o Y no volvió). Todos los personajes son herederos de una tradición que entronca con Alvaro Salom Becerra, Luis Fayad, Jose Felix Fuenmayor, Julio Olaciregui y, en menor medida, Paul Brito. El burócrata sin historia, la ama de casa sufrida, el abogado sin éxito, el arquitecto sin obras, el profesional desempleado, el teniente político, etc. Esos son los personajes de Manuel, seres grises sin aparente historia: Mejía es capaz de sacarles una historia inolvidable.
Así, en El Parque del Retiro no es para todos, retrata las peripecias del teniente John Vladimir Contreras Mejia, (JVCM) oscuro oficial de provincias, que por un error es nombrado en un alto cargo en la ciudad capital, con todas las prebendas que el puesto implica, y a los pocos meses es destituido, condenado al ostracismo y desesperado decide cambiar de nombre y destino, y emigrar a España, abandonando todo.
Todo ello contado con gracia, con sarcasmo, describiendo personajes que se asociarían en estos tiempos de Odebrecht a la corrupción que nos consume: ahí está el Otto Bula, que deambula por los pasillos sin oficio conocido, moviendo sus contactos, buscando la firma que necesita; el empleado venal dispuesto a suministrar favores, listo para sobornar y ser sobornado; aparece el Roberto Prieto que por el éxito del amigo cobra su comisión en contratos. Todo contado de forma desenfadada, con ironía, con amargura, con compasión, porque es imposible no compadecerse de las peripecias de JVCM, ingenuo como pocos, incapaz de entender el motivo de su éxito, pero presto a disfrutarlo.
Mejia, además, es pesimista frente al futuro, se indigna por lo que sucede, pero lo expresa en clave de humor. Detrás de esa sonrisa que nos provoca hay un mundo roto, despedazado y sin futuro. El payaso tiene la sonrisa pintada, parece decirnos.
Que chévere es una historia de pocos personajes: el "Arquitecto" Atienza, un encantador sinvergüenza antioqueño que conquista a Soledad, su atribulada esposa, hija de una familia de muchos apellidos, pero poco dinero, a la que no parece importarle nada de lo que sucede; su hija, Luz Ligia, una mujer acomplejada por su fealdad, pero de un gran corazón; y el hijo del arquitecto, quien ha heredado su sirvenguencería, mas no su encanto.  Todo en medio de una historia de situaciones trágicas narradas falsamente en un tono ligero, frívolo, a caballo entre Bogotá y Madrid.
Es un relato donde las mujeres son sufridas, nobles y generosas, mientras los hombres son ausentes, aprovechados y despectivos con ellas. Ni el arquitecto, ni su hijo, ni el esposo de Miriam, un personaje secundario clave en el relato, son seres dignos de simpatía. Resultan vacuos, canallescos, abusadores y aprovechados de las mujeres. Es que Mejía, en el fondo, es un feminista: no le importaría ser mantenido por alguna mujer.
Que Chévere encierra una profunda ironía de la vida de personas "comunes" que existen a nuestro alrededor. Un vecino nuestro podría ser la sufrida señora Soledad o su hija Luz Ligia, o el arquitecto y su hijo.
Tal vez Serpentinas tricolores, con sus personajes extravagantes y esperpénticos, que relata en clave de humor las peripecias de un grupo de personajes venales en una campaña electoral, sea una obra única en el corpus narrativo del autor. Hay una intención de experimentar subyacente: buscar el lado cómico a lo trágico de la vida. Quizá por ello fue finalista del Premio Herralde en el 2.008
Relatos y demencias, junto con las Gotitas en equilibrio de Facebook ,son ejemplos de la maestría del autor con el cuento, que en mi opinión lo hace uno de los mejores autores secretos de este país. Escrito a la manera de grandes maestros del relato corto como Rulfo, Ribeyro, Carver o Cheever, nos muestra el universo roto que hay detrás de las vidas comunes. Con un tono falsamente ligero, Manuel nos muestra lo mucho de fracaso que hay en nuestras vidas: soledad, incomunicación, demencia, sueños abandonados, desesperación.
El destino de los personajes de Mejia es la oscuridad y la tragedia, seres sometidos a una voluntad superior que los hace títeres, sin ellos saberlo -como muchos de nosotros-; ese es su gran acierto.
@swhelpley
[email protected]

(Imagen tomada de la página de Facebook del autor )