Ebrios de azufre

mayo 02 de 2016
Por Paul Brito/ Hay dos tipos de personas en el mundo: las que se atreven y las que no se atreven, las que están borrachas de forma natural y dicen las cosas desinhibidamente, y las que están anudadas de temores y diplomacia, y viven en el “hubiera”. Estos son los que nunca se atreven a sacar a bailar a la mujer que les gusta y se quedan toda la vida arrepintiéndose; los otros son los que se levantan de su asiento y simplemente lo hacen.
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El santo de Hollywood

mayo 01 de 2016
La escena es muy conocida: En un corte de Alabama, en el profundo Sur, en los años de la depresión, un abogado defensor recoge una serie de papeles usados en el juicio. Ha fallado en obtener la inocencia de un joven negro lisiado, acusado de violar a una mujer blanca. Pese a su brillante defensa, en la que ha mostrado la debilidad de las acusaciones, las contradicciones de los testigos y puesto frente a sus conciudadanos el racismo e inmoralidad que existe en su sociedad, el joven ha sido sentenciado a muerte. Recoge sus papeles y es observado desde el balcón reservado a los negros por un grupo que ha presenciado el caso. Hay entre ellos campesinos, aparceros, mujeres, el médico y el reverendo negro del pueblo. También entre ellos está la hija del abogado, Louis, quien pese a la prohibición de su padre, ha observado el caso, y visto su intento fallido.
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La silla vacía

abril 29 de 2016
Un año ya. Un año sin sus ojos y sin su cola. Sin sus saludos. Se llamaba Bambina. Sin querer queriendo fue mi primera perra. No pagué ni un peso por tenerla, ni siquiera me costó las gracias. No la saqué de una vitrina llena de cachorros en la Caracas. No la seleccioné entre varias opciones. No me decidí por ella por ser la más juguetona del grupo, o la más bonita, o la más cariñosa, o la que brincaba más alto con el timbre de mi voz. Tampoco la adopté. Fue al revés. Fue Bambina quien decidió rescatarme cuando me supo perdida, cuando se percató de que me urgía sentir ese amor incondicional, desprendido, que sólo ella podía darme.
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Colombia no será Disney World

abril 28 de 2016
El martes murió otro niño más en La Guajira. Otro niño Wayuú que se suma a los 25 que han sucumbido al hambre o a la sed. O a las dos cosas. Dos días atrás, un presunto francotirador de las Farc había asesinado a un soldado del Ejército Nacional. Dos muertes evitables en un país en el que a diario ocurren muertes evitables. La buena noticia, pienso yo, es que por lo menos ya no hay guerra.
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No basta con ser mujer

abril 27 de 2016
No habría que explicarlo, porque al hacerlo se corre el riesgo de legitimar el juego de los antagonismos de género, cuya regla principal es que los participantes masculinos deben callar sus críticas para que éstas no se interpreten como una afrenta a las representantes de un grupo oprimido, o quizás, como ocurre con frecuencia, someterse a la dictadura de la aclaración entre paréntesis, en la cual el criticador jura por todos los dioses que no es un machista, un misógino, un maltratador de mujeres.
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Germán no es el man

abril 26 de 2016
Por Ricardo Abdahllah/ No voy a unirme a los que se quejan de que los fans de un youtuber monopolizaran las entradas a la Feria del Libro (eso que ahora llaman “Filbo”). Germán Garmendia estaba allí para promocionar un libro. Que su obra, que nadie de más de venticinco años ha leído, se llame Chupa el perro, es lo de menos. Primero porque podría ser el título de una obra de Efraím Medina (y lo digo sin juicios de valor) y segundo, porque vivir más de venticinco años es una estupidez, como decía Andrés Caicedo. (A veces tengo la impresión de que Andrés Caicedo ha envejecido con nosotros, de que nadie de menos de venticinco lo lee ya).
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Infernal

abril 25 de 2016
Por John William Archbold/ A finales del siglo XIX fue inaugurado en el barrio Montmartre de París un lugar que bien podría considerarse el ancestro de los restaurantes temáticos contemporáneos: El Café Infierno, un sombrío rincón de la Ciudad Luz, que parecía rendir homenaje a aquella esquina de la conciencia que acorralaba los impulsos a través del temor. Desde la excéntrica decoración hasta el “Pase y sea maldito” con que solía saludar el maître, sin olvidar los nombres bizarros que se le adjudicaba a los licores y el demoniaco uniforme de los camareros. Todo parecía extraído de la página más sádica de La Divina Comedia de Alighieri. Era el lugar favorito de filósofos testarudos y artistas apóstatas, que disfrutaban de un trozo del Gehena ardiendo muy lejos de las murallas de Jerusalén.
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Carta al Diablo

abril 20 de 2016
Me has mentido. Me convenciste de que soy tuyo y solo tuyo; de que soy un ser ruin, infectado, lujurioso, criminal. Jugaste con mi ingenuidad de criatura falible. Me usaste todo este tiempo. Aborrecí mi rostro en el espejo y me esmeré en apartarme de la maldad que cargo desde mi nacimiento. Me avergoncé de mis apetitos, de mis ínfulas, de mi ambición. Me obligué a postergar mi pereza y mis fornicaciones para las horas altas, a escondidas, a salvo incluso de las miradas de mis cómplices. Deshonré a mis enemigos con perdones falsos y me fui quedando sin adversarios, solo en medio de los amores fastidiosos e hipócritas.
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