Los tiempos del Trastorno por Déficit de Atencion

junio 03 de 2018
Tomé la foto en un restaurante y la compartí con una gran amiga. En la imagen se ve a un grupo de personas con sus celulares, concentrados en una conversación con alguien remoto, ajenos a la realidad que les rodea. Ella me dijo, “eras otro en las mismas”. Tenia razón, estábamos conversando sobre la obra de Svetlana Alexievich y la emoción que me había producido leer una bella entrevista suya. Ya más calmado, recordé los antiguos SAI, donde la gente se colocaba los auriculares, se conectaba por Messenger con el ausente, el ser amado o el amigo que estaba presto a escuchar nuestras cuitas. Había algo de privacidad, cierta discreción que se ha perdido con los celulares, “el bazuco electrónico”, como le oí decir a un taxista de cierta edad. Hasta razón tiene el señor.
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¿Cuál? ¿Cuál ha de ser, Dios mío?

mayo 26 de 2018
Lea periódicos, escuche noticias, mire sus redes sociales, reciba mensajes por whatsapp, y se dará cuenta de que la política y la elección presidencial colombiana están en los titulares, o en primera página, como se decía antes. Obviedad que supongo es normal en tiempo de elecciones, ya que los temas que de alguna forma nos interesan surgen del mar de noticias y se vuelven olas que arrasan con el resto de la información. En mi caso, no me acostumbro a la intoxicación noticiosa, la propaganda política, la manipulación informativa que no deja pensar en forma clara o equilibrada, algo que es importantísimo en la toma de decisiones, y que no debe perderse en medio de la barahúnda o riña de gatos que se han vuelto las redes.
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Marx para todo

mayo 19 de 2018
El señor Marx (Karl, no Groucho) nació un 5 de mayo de 1818 en Treveris, la que se considera la ciudad mas antigua de Alemania, a 9 kms de Luxemburgo, a 35 kms de Francia, y a 50 km de Bélgica. Claro que cuando nació, esta última aun no existía; formaba parte de lo que se conocía como el Reino Unido de los Países Bajos. Como se vio en 1830, el Reino Unido era cualquier cosa menos unido. Su familia era judía, de ancestros alemanes y holandeses (su abuelo materno era rabino), pero conversos. Recibió una educación laica, era aficionado a la cerveza, y aunque su padre quería que fuera abogado, sus estudios de derecho fueron mediocres y se concentró en la historia y la filosofía. Se comprometió a los 18 años, se casó a los 25, escribió una novela, pero su interés pronto derivó hacia la filosofía política e histórica.
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Revolucionarios, autoritarios y policías

mayo 14 de 2018
"Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada." Frase que atribuyen a Edmund Burke, aunque nadie está seguro dónde lo dijo. No importa; sea de él, de Martin Luther King o Desmond Tutu, plantea una nueva pregunta: ¿Dónde están los hombres buenos? Además, hay muchas formas de bondad que no son útiles en la lucha contra el mal, por ejemplo la otra mejilla cristiana.
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Cuando las malas noticias llegan primero

abril 21 de 2018

Quizá Carlos Polo Tovar (Barranquilla, 1973) se define a sí mismo con el título de un blog que tiene: Un perdedor con suerte. En un conmovedor texto que publico en su cuenta de Facebook, le rindió un homenaje de amor a Cristina, la mujer que lo acompaña y que al menos quita el polvo de las ventanas mientras se queda con él, un perdedor en la vida.


Puede que Carlos se sienta así, pero en esa senda de perdedor, ha sido periodista, contador de historias,  permanente animador de la vida cultural de Barranquilla, rockero, ganador de concursos de crónica, ha publicado un libro de poemas (Polifonía de colores-2004), uno de cuentos (Testamento de la barriada), una novela titulada -obvio- La suerte del perdedor (2009), y ahora publica el volumen titulado Las malas noticias siempre llegan primero (2018-Collage Editores).
La portada, que muestra a dos niños jugando fútbol en un campo polvoriento, remite a uno de los temas centrales del texto: la infancia como el lugar donde pervive la inocencia, antes que la vida, se encarga de llenarnos de decepciones y amarguras. Y una infancia que transcurre en un espacio físico especifico: las polvorientas calles de un barrio popular, con sus tiendas, sus vecinas chismosas, su música a alto volumen y las esquinas con sus malandros. Sin embargo, no estamos ante un libro de aventuras de infancia, pese a que muchas de las historias podrían verse como travesuras de barrio; hay algo más, mucho más.
Para una generación nacida alrededor de los años 70 del siglo pasado, parece existir un deseo intenso de dejar un testimonio de los tiempos anteriores a la irrupción del internet y el cambio que produjo en nuestras vidas. Pienso en títulos como El último donjuán, de Andrés Mauricio Muñoz, donde se nos recuerda que existían salas de chats comunitarias, o que alguna vez hubo algo llamado MSN Messenger.
En esta obra, Polo nos devuelve a la infancia de aquellos niños que crecieron en un universo donde solo había dos canales de televisión nacionales, y el tv cable era un lujo para personas adineradas, que apenas comenzaba a vislumbrarse, sin saber los cambios que traería; un tiempo y lugar donde los niños pasaban las tardes en juegos callejeros como el fútbol, las carreras de triciclo, la chequita, el orto, la lleva,  en calles, colegios y casas de un barrio popular como muchos de Latinoamérica. Un universo de gente trabajadora, de familias rotas, padres ausentes, madres cabeza de familia, informalidad y negocios no tan legítimos, donde en medio de todo pervive la solidaridad, la familia y la amistad. Como el autor reconoce, en muchas ocasiones se sintió como Tom Sawyer o Huckleberry Finn. Puede ser, pero su Mark Twain está mezclado con Henry James y su Otra vuelta de tuerca, Julio Cortázar, la película Sexto sentido y la tradición cristiana de la culpa y el castigo.
Es un texto que navega entre 12 cuentos o una novela. En la medida en que se leen los diferentes textos, se observa cómo el autor desarrolla una serie de enlaces con los relatos anteriores, de tal forma que comienzas a sospechar que lo que es una colección de relatos sobre la infancia, no lo es tanto, y que hay algo más:  la fantasía de un loco, un sueño que deviene en pesadilla, o una broma pesada del autor. Percepción que crece en la medida que algunos cuentos parecen resultar de los terrores o la desbordada imaginación de un niño que, pese a vivir rodeado de amigos, se siente solo. Aunque el protagonista tiene una madre, hermanos y amigos, parece que solo se entiende con su amigo Armando.
Si en las obras anteriores del autor, la música, la televisión y el cine son parte fundamental del relato, en este no lo son tanto. Hay, sin embargo, elementos que recuerdan la época con alusiones a la publicidad: “Lacasitarojadelavivienda”; series de televisión: Centella el justiciero, Tierra de gigantes; juegos de consoloa: ATARI, Mario Bros; música: “quítate tu pa ponerme yo”; esos elementos contribuyen a dar ambiente y hacer mas vívido el relato.  Todo ello contado de forma fluida, en medio de una atmósfera cada vez más opresiva: aguaceros torrenciales, oscuridad, calores asfixiantes, lluvias de pescado, brisas fuertes que parecen anunciar el apocalipsis, como uno de los personajes nos lo recuerda. Y ese apocalipsis surge en los dos cuentos finales, donde se nos revela el secreto encerrado en la historia:  estamos ante un descenso a los infiernos, en la mejor tradición de la Divina Comedia, magníficamente escrito.
Después de poco menos de 100 paginas quedas con la sensación de que aún lo recuperado, lo bello y hermoso, tiene su veneno, el cual tarde o temprano nos bebemos. Quizá, como nos dice Carlos,  los que quedamos somos unos perdedores con suerte.
 
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Barranquilla progresa, pero no se civiliza

abril 07 de 2018
Ha sido noticia en los últimos meses el cierre definitivo o temporal (que en ocasiones es para siempre) de varios recintos culturales en Barranquilla. El Parque Cultural del Caribe suspende por falta de dinero la continuación de las obras de la sede del Museo de Arte Moderno; asimismo, el Museo del Caribe cierra sus puertas, agobiado por una crisis económica que ha paralizado su funcionamiento. A lo anterior le podemos añadir el Teatro Municipal Amira De la Rosa, cerrado desde hace más de un año, requerido de mantenimiento y enredado en controversias sobre la naturaleza jurídica de su administración. Qué decir de la caída del techo, hace unos días, de los salones de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, la cual se ha visto forzada a cerrar el recinto dejando a los alumnos sin aulas; si a eso le sumamos el cierre del Museo Romántico, el languidecer del auditorio de Comfamiliar, y el archivado proyecto de convertir en un centro cultural la antigua residencia de Meira Delmar, podría pensarse que la cultura en Barranquilla vive horas bajas. Los gestores culturales podrían decir que siempre han sido horas bajas, por el desinterés de los responsables.
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Volviendo al Saxofón del cautivo

marzo 31 de 2018
Cuando un autor publica una novela inspirada en hechos reales, como ocurre con El Saxofón del Cautivo (1977), de Ramón Molinares Sarmiento, una tentación del lector es buscar información sobre el hecho que lo inspira. Eso plantea para el autor un primer inconveniente: el reto de sostener el interés en el relato durante todo su desarrollo, dado que el lector conoce su desenlace. Hay un segundo punto a resolver: sostener la verosimilitud del relato de manera que no se deformen los hechos, o lo contrario, ceñirse de tal manera a la realidad, que termine convertida en un Roman a Clef cuando lo que se buscaba era hacer un relato de ficción. En este caso, estamos ante un logrado relato de ficción.
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El extraño caso de Mitsutoki Shigeta

marzo 24 de 2018
Mitsutoki Shigeta, de 28 años, pagó a varias mujeres en Tailandia para alquilar sus vientres y tener sus hijos. La explicación inicial de su extraño comportamiento fue que tenía el deseo de tener una familia numerosa, aunque esto, si se entendía en serio, habría sugerido que es un ingenuo, y que la aritmética no es su fuerte; pero el juicio tuvo en cuenta el hecho de que se probó que era el padre biológico de los niños, y que estaba en condiciones de cuidarlos adecuadamente: aunque ausente en el juicio, el joven Shigeta demostró que es un hombre adinerado.
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