“Ustedes trabajan poco, se la pasan de festivo en festivo y de fiesta en fiesta”, me dijo con vehemencia y un dejo de envidia el mexicano al que media hora antes ni conocía. La charla, que se dio en un apartamento de colombianos en La Florida, Estados Unidos, llegó hasta ahí. Opté por callar y cambiar de tema, por morderme la lengua. En últimas eso es lo que hago cada que vez que en el interior del país, en donde no entienden por qué en Barranquilla todo está cerrado al medio día, me echan en cara, y con bastante frecuencia, la supuesta flojera del costeño. Ponerme a pelear con quien no entiende ni entenderá qué implica para el cuerpo de un ser humano laborar ocho horas seguidas sin parar en un clima infernal, es, por decir lo menos, inútil. Ese día, en todo caso, me sirvió para ver cómo nos ven algunos desde afuera: ¡como unos perfectos flojos!

En junio pasado recuerdo haber leído en las redes sociales de varios colombianos residentes en el exterior, quejas relacionadas con los muchos puentes que gozamos en Colombia. “¿Otro festivo?, “nojuegue” es que allá no quieren trabajar, por eso es que están como están”, fue uno de los reclamos que le leí a una pariente en su muro de Facebook, ese mes en el que año tras año, de cuatro lunes, descansamos tres. Y sí, para ser francos la sensación no es infundada, Colombia efectivamente es el país con más días festivos del mundo, dieciocho en total, y eso sin meter en la cochada ni al sábado ni al domingo santos, que también lo son. Las pocas veces que hemos sido superados en ese récord, nos ha ganado Argentina o la India con un día festivo más. Este año, por ejemplo, los residentes de Colombia disfrutarán en total de once puentes, mientras que los residentes de Argentina se tendrán que conformar con siete, y los de Estados Unidos con cinco. Y si nos vamos a México, la cosa se reduce bastante más: de los siete días festivos que descansarán los residentes de ese país en 2015, solo tres serán puente.

Y cuando a los criticones se les dé por ir más allá del ya de por sí escandaloso número de festivos para concentrarse en qué es lo que festejamos esos días de asueto, nos tocará a todos hacer la que hice frente al mexicano porque es que no hay manera de explicarle a un “manito" criado en un país mucho más religioso que el nuestro, por qué el 83% de los festivos que celebramos en Colombia, un supuesto país laico, está relacionado con la Iglesia Católica. Si sacamos los tres días festivos que tienen que ver con la independencia del país (20 de julio, 7 de agosto y 11 de noviembre), el Día del Trabajo (1 de mayo) y el Día de la Raza (12 de octubre); todos los demás días de asueto, incluyendo el 1 de enero en que, además de ser un día cívico, también se celebra la circuncisión del Señor, están vinculados con creencias propias de la fe católica, apostólica y romana. ¿Es eso acaso constitucional?

La Corte Suprema de Justicia ya se pronunció al respecto cuando en 1993 el ciudadano Alexandre Sochandamandou le solicitó a esa corporación la inexequibilidad parcial de los preceptos legales que ordenan como días festivos,  los de "carácter religioso de la secta católica del Cristianismo:  Reyes Magos, San José, Jueves Santo, Viernes Santo, Ascensión del Señor, Corpus Christi, Sagrado Corazón, San Pedro y San Pablo, Asunción de la Virgen, Día de todos los Santos, Inmaculada  concepción y Natividad", ... y "los domingos", por resultar, a su juicio, violatorios de los artículos 1o., 7o. y 19 de la Carta Fundamental. Y lo que dijo la Corte en ese momento, sentencia que impidió que nos tumbaran los festivos luego de entrar en vigencia el Estado laico propio de la Constitución de 1991, fue que aunque es cierto que las normas acusadas obligan al descanso en días que tienen el carácter de religiosos para los católicos, esto obedece más una larga tradición cultural que a la inclinación del Estado a favor de una religión determinada. Para la Corte, dicha tradición no resulta contraria a la libertad religiosa y de cultos de un Estado no confesional como lo es Colombia, pues en dichas fechas ningún colombiano está obligado a practicar esas profesiones de la fe, e incluso, está en completa libertad de practicar otras contrarias.

Tal vez por ello la puerta quedó abierta para que la Iglesia Católica y el Partido Conservador, como ya ocurrió, pretendieran incrementar el número de festivos religiosos católicos. En días pasados, y luego de superar tres de cuatro debates en el Congreso, el Senado por último hundió el proyecto de ley que promovía la instauración en el mes de octubre de un nuevo festivo en honor de la Madre Laura, la primera santa colombiana. Al pedirle su concepto sobre este tema a Álvaro Forero Navas, abogado y catedrático de amplia y reconocida trayectoria, lo que obtuve fue la confirmación de mis sospechas. Para él los festivos religiosos tradicionales son un derecho laboral ya ganado por los trabajadores colombianos, sean católicos o no lo sean, y por lo tanto son días que se suman al período de vacaciones estipulado por las leyes laborales del país. Es decir, no se deben tocar. Pero pretender sumar festivos religiosos a los que ya están avalados es completamente inconstitucional, por eso se cayó el de la Madre Laura y se aprobó en su lugar la expedición de una moneda en su honor.

Viéndolo desde ese ángulo, el asunto es mucho más complejo porque lo cierto es que el Estado, a falta de una reforma laboral seria y justa que vaya acorde al hipotético Estado Social de Derecho que por lo menos en el papel somos, ha dejado en manos de Dios gran parte del descanso de los trabajadores; y es que si miramos bien este asunto, los festivos son las únicas vacaciones de los contratistas y de los trabajadores informales, es decir, de millones de ciudadanos que trabajan como independientes en este país y que no gozan de los 15 días hábiles de vacaciones remuneradas de las que sí gozan quienes tienen sus derechos protegidos por un contrato laboral, que son la minoría. Tan solo en el caso de los trabajadores informales estamos hablando de casi el 60% de los 21 millones de personas que tienen un empleo en este país, es decir, una cifra enorme que no podemos desconocer a la hora de hablar de flojera, especialmente cuando no tiene nada de raro ver a los trabajadores informales trabajando hasta los festivos.

Como están y son las cosas en este país, quitar los festivos religiosos porque van en contravía de los preceptos de un Estado laico, sería entonces echar para atrás en materia de derechos laborales. Muy para atrás. Colombia, en cuanto a número de días de descanso, está en el top 10 del mundo junto a países en su mayoría desarrollados, y todo ello porque compensamos el hecho de tener pocos días de vacaciones (tan solo dos semanas al año) con muchos días festivos, para lograr así una nada despreciable cifra de 33 días de descanso. En ese sentido, nuestros trabajadores con contrato laboral, que laboran entre 40 y 48 horas semanales, descansan más días que los trabajadores de Estados Unidos quienes, entre vacaciones y festivos, solo paran 20 días al año.

Así que es perfectamente comprensible que aquí en Colombia gente de todas las religiones defienda con uñas y dientes los festivos católicos, pues aunque no tengan ni idea ni les importe qué es lo que se celebra en esas fechas, son días a los que no piensan renunciar ni aunque los llamen hipócritas por dejar de trabajar gracias a creencias en las que no creen.

Lo curioso de todo este debate que se revivió con el naufragio del festivo para la primera santa colombiana, es que para la gran mayoría, incluyendo ahí hasta a los agnósticos y a los ateos, el descanso es sagrado, un derecho divino. Y tiene sentido, al fin y al cabo en Colombia descansamos gracias a Dios.

Twitter: @NanyPardo, @OpinaElDiablo Facebook: María Antonia Pardo