El señor Marx (Karl, no Groucho) nació un 5 de mayo de 1818 en Treveris, la que se considera la ciudad mas antigua de Alemania, a 9  kms de Luxemburgo, a 35 kms de Francia, y a 50 km de Bélgica. Claro que cuando nació, esta última aun no existía; formaba parte de lo que se conocía como el Reino Unido de los Países Bajos. Como se vio en 1830, el Reino Unido era cualquier cosa menos unido. Su familia era judía, de ancestros alemanes y holandeses (su abuelo materno era rabino), pero conversos. Recibió una educación laica, era aficionado a la cerveza, y aunque su padre quería que fuera abogado, sus estudios de derecho fueron mediocres y se concentró en la historia y la filosofía. Se comprometió a los 18 años, se casó a los 25, escribió una novela, pero su interés pronto derivó hacia la filosofía política e histórica. Se hizo socialista gracias a las ideas de Moritz Hess, quien le presentó a Federico Engels, se dedicó al periodismo, y en 1848, huyendo de la represión, se afincó en Londres, donde permaneció el resto de su vida. Fue un apátrida, un asiduo visitante de la biblioteca del museo británico, y creador de una doctrina política y un modelo de sociedad bajo la cual están nominalmente 1 de cada 5 personas en el mundo: el marxismo, con sus diferentes versiones.


Se podrán decir muchas cosas sobre el marxismo, pero es innegable que proporcionó una filosofía escatológica en un mundo posreligioso. Caídos los mitos, los reyes, en crisis la burguesía, el marxismo se convirtió en una nueva religión aceptada por muchos. Quienes se adhirieron a él tenían la sensación de que comprendían el funcionamiento oculto del mundo, y eso les daba un entendimiento superior a quienes se apartaron de sus ideas.  No importaba que el mundo y los hechos desmintieran los postulados marxistas; como en las religiones, siempre hay una explicación que excusa lo sucedido.
Así como muchos marxistas afirmaron que la caída de la URSS no afectó su fe en la verdad de su religión secular – porque alegaron que al final la Unión Soviética no era un estado propiamente marxista- no hay duda de que el marxismo se desacreditó por el fracaso soviético en cumplir las utopías propuestas. Por el contrario, el marxismo proporcionó el pretexto para el asesinato, las deportaciones, las ejecuciones políticas, y las miserables condiciones de vida miserables de millones de personas. Esta conexión existe, pero es tan impopular (o políticamente incorrecta en los buenazos tiempos de hoy) como afirmar que existe una conexión entre el terrorismo y el islam. No podemos saber qué hubiera pensado Marx del uso de sus ideas para cometer crímenes en nombre de la justicia o el “mundo nuevo”. Pero creo que al menos se hubiera sorprendido por el uso del método de análisis marxista para explicar cualquier cosa.
Aún recuerdo cómo un profesor universitario, recién caída la URSS y desengañado del comunismo, alabó el análisis marxista como disciplina para el pensamiento. Igual que del análisis geométrico podemos afirmar que viene la biología o la ingeniería, el marxismo, y su análisis muto en una serie de subideologías que abarcan los más diversos campos que tienen poca relación con el marxismo; en el feminismo, la sexualidad humana, la transexualidad o la ideología de género, por ejemplo.
Siempre ha habido transexuales, pero en los últimos años ha crecido un movimiento ideológico a gran escala que no quedará satisfecho hasta que el resto de la sociedad acceda a sus demandas, que incluyen la reforma del lenguaje. Las demandas, de hecho, son caleidoscópicas, en permanente cambio, ya que la ideológica gira y gira para superar las contradicciones inherentes. Nunca he podido entender la ideología de género.  No tengo claro si es inherente y fijo, o flexible, si está construido socialmente, si es binario o pertenece a  un espectro.  Pero es innegable que el marxismo ha sido uno de los instrumentos para construir la teoría. Al fin y al cabo, no hay que perder de vista que el marxismo, como las religiones, es un sistema de pensamiento que busca explicarlo TODO en la sociedad. Al final, el querer entenderlo todo, explicarlo todo, es una forma de totalitarismo. Y el análisis marxista, a pesar del señor Marx, es el totalitarismo de moda.
Pero esta parece ser la ola del futuro, por así decirlo. Explicarlo todo, usando los análisis marxistas. La amenaza a nuestra libertad no proviene del gobierno, excepto cuando capta cínicamente las demandas de los monomaníacos e intenta limitar nuestro discurso por decreto, pero desde los grupos de presión, desde dentro de lo que se solía llamar invariablemente como un término de aprobación, la sociedad civil. Quizás una sociedad incivil ahora sería un término mejor para al menos una parte de ella, que quiere reformar no solo las leyes, sino también nuestras mentes y almas. Hace esto no por el bien de la mejora, sino como un ejercicio, o como una expresión del poder. La voluntad de poder parece haber infectado a las personas que alguna vez se hubieran contentado con vivir tranquilamente, y que ahora se convierten en el único objetivo que vale la pena aspirar en ausencia de algo más elevado. Todo ello, con la ayuda del señor Marx.
El impulso totalitario no murió con la Unión Soviética, sino que se fracturó en monomanías diferentes. Creo que la libertad que mucha gente desea es la libertad de limitar la libertad de otras personas, algo que encuentran mucho más gratificante que la mera expresión de su propia opinión, que tiene como máximo el efecto de arrojar un guijarro a un estanque, causando una onda que pronto desaparece y es olvidado. Seguramente soy más importante que eso, pero. ¿mi opinión merece dictar a los demás? Si es con la ayuda del Dr. Marx, quizás.

(Imagen tomada de www.miseshispano.org)