Por: Felix Haydar

Debo iniciar diciendo dos cosas: una, que había tratado de no generar ningún nuevo 'post' concerniente a las elecciones, pero me lanzo con este, ya que el fenómeno Petro lo amerita, puede llegar a ser un antes y un después del futuro del país, sea para bien o para mal. Segundo, creo que es el mejor candidato en esta contienda, lo que no implica que vaya a ser buen o mal gobernante, nadie sabe.


Vamos por partes, ¿Por qué es buen candidato? Creo que tiene claro los conceptos, claras sus fortalezas, conoce los lados flacos de la derecha a la que se enfrenta, no tiene miedo y tiene habilidades de la palabra que lo catapultan a un nivel mayor que sus contrincantes. Ha podido mostrar un plan de gobierno que dice arreglar todos los defectos que en la calle son la aquejan diariamente a los colombianos. Además, enfrenta a una derecha que en 100 años, de la constitución del 86, y los casi 30 de la del 91, no ha hecho más que generar divisiones e injusticias sociales. Nuestros gobiernos son fáciles de criticar, y nos parezca o no, son el mismo gobierno desde la época de Núñez, o si no se quiere ir tan lejos, al menos sí, desde el nefasto Frente Nacional.

Además, se ha enfrentado a pésimos candidatos: Duque es un tipo que luce inexperto, postizo, sin ideas propias, que contradice lo que antes pensó y que ha terminado repitiendo las propuestas de Petro. Vargas Lleras apostó a repetir la historia, Duque sería Arías, él sería Santos, y a Uribe le tocaría entregarle sus votantes, no pasó y quedó en el lugar equivocado; quiso desmarcarse de todos, pero quedó en evidencia: bajo la mesa tenía alianzas hasta con el diablo. Quedó con la maquinaria pura y nunca despego del 6% del voto de opinión. Hay que ver cómo le funciona. Fajardo se quedó calladito, por no pelear, no abrió la boca y pasó al olvido. Tuvo en bandeja las tonterías de Duque, el prontuario de Uribe, el miedo a Petro, los escándalos del actual gobierno, las malas amistades de Vargas Lleras, pero él no dijo nada. Se quedó en puro ‘Peace and Love’.

Por el contrario, Petro luce exultante, caudillista, con conocimiento, mete el dedo en la llaga, dice lo que todos queremos oir, y no me refiero a gratuidades y menos a expropiaciones, que sería un retroceso inmenso en terminos de propiedad privada y libertades, que son parte de lo que asusta y que ya hasta Duque lo incorpora a su mal soportado discurso; me refiero a hablar de cosas que a diario nos afectan y que él las trae a la mesa y las hace parte de su menú.

Incluso cuando habla de 6 años de presidencia, en lugar de una reelección, me parece coherente, pero me aterra que vuelvan a mover la Constitución en nombre propio. Uribe la revolcó  pa' quedarse 8, Santos la regresó, aunque se quedó los 8, ahora a Petro le parecen 6 y quién sabe que querrá el que venga. Las reformas constitucionales deberían aplicar para futuros mandatarios y no para el que cambia el articulito, con eso nos quitaríamos la mala maña de reformar en nombre propio.

Petro no dice nada que no sea cierto o que sea tirado de los cabellos, pero ‘por sus hechos los conoceréis’, dijo Mateo; mi temor con él no es lo que dice, sino lo que no dice, lo que hace, o mejor, lo que no hace.

En Bogotá hay una larga lista de cosas que propuso, pero no dispuso. Es decir, de la bonita prosa, a la dura realidad, quedó un trecho largo.

No me gusta la filosofía de la izquierda latinoamericana. Creo en la propiedad y la iniciativa privada, con reglas claras e igualdad de oportunidades; que cada uno sea responsable de sí mismo, no me den, pero no me quiten; creo en la inversión, en los gobiernos que generan condiciones, pero no son actores económicos. Creo que deberíamos tomar lo que tenemos y arreglar las fallas y no querer hacer borrón y cuenta nueva, porque no sabemos qué adefesio puede salir. Me aterran los cambios de cimientos, un revolcón de tal tamaño a nuestras instituciones, a nuestras costumbres, a nuestras leyes, que el país de un vuelco tal, que pueda dispararnos a ser Noruega, o puede dispararnos a vivir algo similar a lo que hoy vive Venezuela, me aterra. Y no nos digamos mentiras, es mas factible que nos parezcamos al vecino y no al europeo.

Petro es un tiro al aire que puede salir cara o puede salir sello.

Miro la historia y Petro fue diseñador del modelo económico de Chávez. Fue el primer mandatario extranjero que mostró a Chávez luego del fallido golpe. Petro fue cercano al tipo y su ideario. Eso aunado a una segura pelea con la derecha, y ayudado con su espíritu autoritario, egocéntrico y con un discurso populista de Izquierda, me aterra que venga a revolcar un país que aunque no luce como Suecia y así tenga muchos problemas e injusticias, tampoco es un país inviable o invivible. En Venezuela no solo come M el rico, comen M todos, y mucho más los pobres.

Por último, pero no menos importante, Petro se pasó los 4 años de su alcaldía y los 4 siguientes, quejándose que no lo dejaron gobernar, y realmente se la pusieron difícil, pero ¿quién le dijo que esto va a mejorar? La derecha no lo va a dejar hacer nada, y en su afán de no dejarlo, va a crucificar cualquier iniciativa que lo haga lucir bien; y él, en su contra, hará ingentes esfuerzos pa’ machacar a su enemigo y concentrar el poder en su persona, como ya antes lo hizo Uribe, pero sin todos en contra. Al final estaremos aún más polarizados, y con un país tan violento, va a arder Troya.

Me parece terrible que la derecha siga muerta de la risa tras sus infinitos y escandalosos descalabros, pero no quisiera que la medicina sea tan dolorosa como la enfermedad. Quisiera que pudieramos vivir en paz, en sociedad, sin Mesías o caudillos, sin vivezas ni injusticias.

Quisiera que este país cambie, pero creo que el cambio debe darse al interior la sociedad y conllevar a cambios en la dirigencia, y no que llegue un tipo y a manazo limpio quiera cambiarlo todo por arte de birlibirloque.